¡Profunda raigambre clásica y poso de nostalgia! Somos seres nostálgicos aunque digamos lo contrario, en ocasiones idealizamos hechos del pasado tendemos a establecer comparaciones entre el presente y lo que hemos vivido; y desarrollamos una cierta aversión al cambio, aferrándonos a lo conocido como algo eterno e inmutable por temor a vivir en nuestras propias carnes situaciones de inseguridad e incertidumbre derivadas de cambios en nuestros hábitos y conductas, a causa de tener que adaptarnos a un mundo en continua evolución. Entender todo lo que percibimos como distinto es algo instintivo e inevitable pero debemos aprender a abrirnos al cambio para vivir mejor y recibir lo bueno de la vida. Con demasiada ligereza solemos utilizar aquella frase que dice que todo tiempo pasado fue mejor que el actual, a modo de justificación para quedarnos anclados en nuestros recuerdos del pasado y no disfrutar del presente. Incluso en la música y el arte en general el uso de esta frase es muy habitual, para refugiarnos en la añoranza de recordar los buenos momentos musicales vividos y ahorrarnos el trabajo de buscar otras bandas de similar talento por temor a que pudiesen ocupar el mismo espacio y quizás hacernos olvidar algunos de esas pasadas vivencias, las cuales no deseamos que se marchen para siempre de nuestras vidas, puesto que nos dejaron una huella indeleble y fueron primordiales para marcar nuestro estilo de vida, un estilo alternativo a la vida cotidiana; y en este contexto se puede entender que demos más valor a lo clásico y a bandas como Judas Priest, sin duda, se trata de pura nostalgia ochentera como consecuencia de haber crecido en aquella dulce década. Hay veces que acudimos a los conciertos con incertidumbre y miedo a encontrarnos a nuestros idolatrados músicos prácticamente en sus últimas, tocando con el único propósito de seguir llenando sus arcas y sin importarles un comino que su baja forma física les perjudique y proporcione una imagen suya, deteriorada y lamentable, para el descojono general. No obstante, con los británicos Judas Priest íbamos mentalizados con vivir una experiencia productiva, parecida a viajar físicamente en el tiempo, el recuerdo de la tremenda noche vivida del pasado 31 de julio en el BEC (Barakaldo) seguía bien vivo en nuestra memoria, contribuyendo a reducir un posible atisbo de decepción en cuanto a un espectáculo poco vibrante y deslucido o si se diera el caso de la aparición del temible efecto déjà vu, una sensación de haber presenciado lo mismo antes. |
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Sin bien, el velódromo de Anoeta no lucía la rebosante entrada del 2009, el ambiente heavy era el más ortodoxo, heavies ochenteros ataviados con camisetas de la banda, algunos de ellos de lo más visuales curtidos en cuero, uniendo su entusiasmo y pasión por el heavy metal clásico; y conformando una inimaginable mediocre entrada que ofrecía lecturas dispares (Otro sector afectado por la crisis, día impropio, los grandes festivales a la vuelta de la esquina, poco tiempo transcurrido de su anterior visita...) Una de las cualidades del buen heavy metal es la capacidad de inspirar los sentimientos más nobles y elevados a aquellas personas que comparten dicho particular estilo de vida; producto de la emoción y sinceridad pura con la que ha sido creado. Uno de los notables exponentes del heavy metal tradicional, es sin duda alguna, el ex-frontman de Accept, Udo Dirkschneider, una verdadera leyenda viviente, dueño de unas cualidades excepcionales; afectividad, garra y potencia vocal. Con un austero escenario sin más atractivo que un aceptable juego de luces, el quinteto alemán U.D.O mostró un excepcional empaque musical, dotando de gran solidez a sus inspiradas canciones y pese a que el sonido no contribuyese a dejar relucir todo su talento creativo. El juego en escena sigue recayendo en su frontman de talante clásico, capaz de exhortar y animar con soltura y desparpajo, no necesitaba más que su presencia para embaucar a una audiencia que glorificaba su persona, no obstante, su voz no defraudó y su inconfundible timbre sonó en Donosti con brillo tanto en sus nuevas composiciones “Rev-Raptor, “Leatherhead” como en algunas de su gloriosa etapa en Accept, "Princes Of The Dawn”, “Metal Heart”, “Balls To The Wall” y “Fast as a Shark” que empacaron de emociones los corazones de los fans. La pulcritud con la que interpretó la mayoría de los temas alcanzó el paroxismo en un derroche de técnica que suplía su escasa movilidad. - Rev-Raptor |
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El paso de los años no ha mermado para nada el concepto artístico de Blind Guardian, una propuesta musical evolutiva con marcado carácter épico ni tampoco la forma y técnica de sus avispados músicos que han sabido atravesar la barrera de los 40 con una pletórica jovialidad y custodiando una fuente de inspiración inagotable. La introducción nos anunciaba que “Sacred Worlds” era la elegida para adentrarnos en su particular universo de historias épicas y mitológicas, llena de criaturas mágicas y guerreros legendarios, un sonido bastante progresivo y muy deleitante, para arremeter de inmediato con “At The Edge Of Time” y seguir defendiendo con uñas y dientes su actual y coherente metamorfosis musical, exponiendo que no hay que repetirse ni engancharse a las tendencias imperantes para defender tus propios ideales musicales. En el aspecto puramente técnico, cabría destacar el gran trabajo vocal de Hansi Kürsch, la fuerza de su lírica, su impresionante modulación vocal y exquisito dramatismo; siempre arropado de una instrumentación con una fascinante gama de matices y ritmo constante y aguerrido, como se pudo contemplar en los temas más clásicos como “Nightfall”, “Born in a Mourning Hall” o “Valhalla” que lograron despertar en el público ese sentimiento inexplicable que va completamente anexionado a su característico estilo primitivo, emoción y pasión por el metal. |
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El concierto fue transcurriendo sin respiro y con una magia que se podía palpar en cada segundo del show, el buen hacer de su teclista y baterista aportaban el empuje necesario para alcanzar esa órbita precisa donde despegar definitivamente todo el talento y creatividad que siguen llevando dentro y dejar un regusto dulce en el paladar de sus fieles seguidores. Con “Imaginations From The Other Side” regresamos a un sonido más experimental para afrontar con mayor apetencia los coletazos finales, primero la joya acústica de The Bard's Song (In The Forest) y posteriormente “Mirror Mirror”, un tema apropiado para concluir de forma brillante, pasando con una facilidad asombrosa de los pasajes más duros a otros más épicos y orquestados, uno de los picos más altos de su meritoria descarga en la que el sonido tampoco sobresalió por su pulcritud. - Sacred Words |
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La nueva venida de los dioses del metal, Judas Priest, llegaba propiciada a raíz de la decisión adoptada meses atrás, por parte de los músicos, de embarcarse en un último tour mundial, no obstante, como bien aclaraban en ese debido momento, no debía de entenderse como una futura retirada definitiva. Quizás, lo que más de uno no se esperaba es que espectáculo que nos iban a ofrecer fuese casi idéntico a su anterior visita en Barakaldo, exceptuando minúsculos detalles, en particular, en lo concerniente a algunas proyecciones de imágenes. No obstante, a sabiendas o no de ello, la cita era ineludible, sobre todo si se concebía como una de esas oportunidades a cuenta gotas que probablemente se nos presenten a partir de ahora, de contemplar en vivo el talento de éstos máximos estandartes del heavy metal en todas las apreciaciones posibles. 3.500 fanáticos vibraron por espacio de dos horas de un directo demoledor y verdaderamente impactante, un recital que a más de alguno le hizo revivir gloriosos viejos tiempos pasados, de una grandilocuente lucidez efectista, actitud magnificente y singulares símbolos estéticos, indumentarias de cuero y tachuelas que siguen hoy en día marcando estilo a sus seguidores más fanáticos. Tras la caída de un telón que ocultaba toda la parafernalia, el recital arrancaba con un excitante y demoledor “Rapid Fire”, exhibiendo la banda una fortaleza y una dureza más allá de toda duda que hizo retorcer de felicidad a todo el pabellón. Lo que vino a continuación fue absolutamente memorable “Metal Gods” y “Heading Out To The Highway”, la impecable voz de Halford sacudía con toda su potencia y amplitud haciéndonos constantemente vibrar de emoción aunque su estado físico no fuese para tirar cohetes, en ocasiones sus movimientos daban un sensación de sobre esfuerzo, de no poder das más de sí, incluso posteriormente en ciertos tramos del concierto, como en la evocadora “Judas Rising”, tuvo que ayudarse de un bastón de lo más llamativo para caminar con absoluta naturalidad y evitando continuamente ciertas posturas, giros de tronco y brazos que resultasen perjudiciales para la integridad de sus articulaciones y su salud en general. Lo que a uno le sigue emocionando de estos conciertos es contemplar el talento de sus dos genios a las seis cuerdas, esta vez no pudimos gozar del talento del incuestionable KK Downing, quien abandono a sus compañeros antes de comenzar esta gira, reemplazado por Richie Faulkner, un músico que no tiene ningún tipo de reparo de despacharse a sus anchas como pude percatar. Por el contrario, si del espíritu musical de Glenn Tipton, magistrales punteos desgarrando cada una de sus notas. |
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Los siguientes temas en sonar fueron “Starbreaker”, “Victim Of Changes”, “Never Satisfied” que tampoco se alejaron demasiado de esa inmejorable senda, Halford imparable y Scott Travis acelerando el golpe en el bombo con mayor fuerza y velocidad. Con una pletórica interpretación escénica en “Prophecy”, el vocalista emulando en vestimenta a Nostradamus, llevando en su mano un báculo del que salieron chispas al final del tema, dejaron bien claro que lo suyo es verdaderamente conmocionante. La banda estaba incendiando el escenario como en sus viejos tiempos, trayendo a nuestra memoria pedazos de historia del tipo de la fenomenal “Turbo Lover”, la esperada “Breaking The Law”, cantada al unísono por el entusiasta público que mantenía un nivel de energía igual a que si tuvieran 20 años menos y la salvaje “Painkiller”, bajada en revoluciones para que Halford no sufriese más de la cuenta. Pese a mostrar éste ciertos síntomas de cansancio y flojedad en la recta final, supo mantener la compostura en los momentos más vivos y estremecedores, en “Hell Bent For Leather”, cabalgando en su Harley Davidson, también portando una ikurriña en “You've Got Another Thing Comin`” y con todo el personal vuelto loco, entonando el estribillo de “Living After Midnight” en una completa comunión público-grupo. Una magnifica experiencia que sólo puede ser vivida en sus enormes conciertos, Rob Halford estuvo impecable, al igual que sus músicos, derrochando credibilidad, visión de futuro y energía para seguir adelante si las viejas tensiones no afloran en el camino. ¡Una leyenda viviente! - Rapid Fire |
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