¡Arañan y dejan marcas!
Integridad y honestidad son términos comúnmente asociados a la escena rockera, que implican una fidelidad a un modo de vida, a unos valores y principios; partiendo siempre de la floración de un sentimiento hacia dicho estilo musical que pocos tienen el lujo de sentir. Aún así, de vez en cuando, tenemos que seguir oyendo a algún tontaina decir de que el rock está muerto y sepultado, dando ganas de cogerle del pescuezo, atarle en una silla y hacerle escuchar un disco como éste, "Fuego in Ciudad Juárez", la reedición masterizada del primer trabajo de los bastardos del rock duro El Paso Killers, grabado y masterizado en los Beard Studios de Bilbao, el cual argumenta brillantemente la afirmación de que el rock es una expresión cultural del tiempo al que pertenece, necesaria para entender actitudes y manifestaciones de una época.
Si bien la predilección de este power trío es la de recuperar la crudeza del rock & roll sucio de los setenta, han escogido el atajo valiente, sin miedo a arañarse con las zarzas de la incomprensión ni de tropezar a cada paso con aquellos que ante el añadido de cierta experimentación a base de fornidas estructuras hard rockeras o punkarras, sólo saben decir "Eso no puede ser". Quizás sea la convicción del ahora o nunca pero lo queda más que evidente que la palabra rock se les queda pequeña desde la primera nota y es que estamos ante un disco de rock con todos los ingredientes puestos en su justa medida: Pura Energía ("Feel My Love", "Gimme Love"), técnica ("One To Die For", "For You"), intensidad ("Woman", "Trassmission", "Spirits In The night"), melodías sobrevitaminadas ("Love Is All Around", "To Ride"), riffs milenarios ("One To Die For","I´m Rolling")...; cualquier cosa que se le pida al género está aquí y además bien puesta.
Quizás el momento cumbre del disco se encuentra justamente en su intermedio, En "Abduction In Mexical", seis minutos de atónita absorción, precisos y excitantes, el único momento en donde dejan aparcado su saturación sónica y esos estribillos percutivos, afilados y muy ácidos, de subidón in crescendo.
Es evidente que la saturación y mala leche son sus compañeras inseparables pero siempre al servicio de una canción, riffs de guitarra que buscan siempre pelea y un sabor añejo que nunca resulta rancio. Una energía que se desata en latigazos electrizantes para que los temas acaben en el subconsciente y no en un ejercicio de completa futilidad, haciendo que cada mutación de tono se adhiera a nuestra mente con la saña de una sabandija. Una obra que derrocha agresividad y dureza rockera por todos los lados, elaborado por unos músicos con un notable interés por no repetir los patrones marcados por multitud de bandas similares; que se escuchan de un tirón y con la cual no tendrás ninguna dificultad para volver a pulsar el Play una y otra vez.
Como uno de esos cofres de tesoro que contienen joyas que nunca te van a defraudar. Y si no te convence ese argumento, míralo desde el punto de vista económico, un disco del que podrás seguir sacando provecho dentro de diez años. ¿Cuántos discos más de tu colección vas a poder decir lo mismo?. Si hay algo que no transmiten es indiferencia.
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