Música hecha para el desenfreno. "Quercus" no deja lugar a dudas sobre el conocimiento musical de los extremeños Ilex. Metal construido para arrollar tímpanos y contagiarle a los músculos de tu organismo una furia que se transformará en movimiento. El álbum debut de este cuarteto, tras el EP publicado en 2011, busca un salto internacional, no solo por interpretar su repertorio en inglés, sino por tener aires de Machine Head o de Sepultura.
Lo que más se parece "Quercus" al portentoso árbol llamado encina, (Quercus Ilex en latín) es en la vitalidad que se muestra en sus hojas perennes, es decir, que se mantienen elegantes y contundentes durante el periodo de su vida. En el caso del disco de los cacereños, durante los cuarenta y cuatro minutos de su reproducción. Además, son oscuras por el haz, y claras y tormentosas por el envés. Del mismo modo que las melodías de Ilex presentan una atmósfera sonora tenebrosa y a la vez unas estructuras impolutas con sonidos descubiertos y además de brutos en su ser.
Un trabajo heterogéneo, rápido y con sobresaltos rítmicos. "Hermit" y "Swamp" son dos piezas clave, donde los riffs contienen interesantes secuencias. Lo malo es que en alguna ocasión las guitarras resultan pesadas debido a la perseverancia y empeño de la línea de trabajo propias de las tonalidades trash metal. Pero que tienen un papel protagonista en el resultado final, al igual que la batería, que mantiene la dirección del hilo musical durante toda la trayectoria.
No obstante, sorprende la fuerza con la que empieza Ilex, puesto que solo con dos años de vida han llegado a una escala a la que a otros muchos les cuesta bastante tiempo. Virtud que se puede comprobar en "Nineveh", último corte del disco, que al ser instrumental permite disfrutar de la riqueza delos instrumentos. He de reconocer que el metal no es mi estilo, pero eso no quita para aplaudir lo que está bien hecho.
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