Igual que todo lo que sube tiene que bajar, todo lo que empieza tiene que acabar, y aquella noche asistíamos al último concierto de la Semana Grande de Santander con un sabor de boca agridulce. Estaba clarísimo que se nos había alegrado el día al despertar y saber que en pocas horas íbamos a ver a Cyan y a Amaral, pero por otro lado ese era el día en el que finalizaban siete días de fiesta que si por nosotros fuera hubiésemos prologando durante varios meses. [ crónica ]

















