Himnos generacionales, ritmos festivos y el rugido del hardcore Para muchos, las 11:00 H de un sábado de festival representan el ecuador del sueño reparador o el combate directo contra la resaca en la tienda de campaña. Sin embargo, en el Tresparock la música no descansa y el recinto de acampada pronto comenzó a registrar movimiento con una de las propuestas más singulares y queridas de la jornada: la actuación de Diegovisión. A guitarra pelada y un buen numero de acompañantes armando un show tan íntimo como disparatado, Diego ofreció un concierto mañanero cargado de ironía, sarcasmo, sentido del humor y esa peculiar gracia que equilibra a la perfección el dolor con la comedia. Sus letras, afiladas e ingeniosas, sirvieron como el mejor reconstituyente posible para despejar las mentes nubladas de los madrugadores que se agolparon a escucharle. Un formato acústico e interactivo que rompió la rigidez de los escenarios grandes, demostrando que el rock también se cocina a fuego lento, entre risas, aplausos espontáneos y los primeros tragos del día.El despertar festivo de la tarde |
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La jornada del sábado arrancó con el sol de justicia apretando con fuerza sobre las cabezas, pero con las ganas del público completamente intactas y el hambre de directo renovada. A las 18:30 H, los gaditanos Trashtucada saltaron a las tablas dispuestos a pulverizar cualquier atisbo de resaca física o mental de un plumazo. Su propuesta de "distorsión festiva", que amalgama a la perfección ska, reggae, punk y ritmos balcánicos hiperactivos, funcionó como un tiro de largo alcance. Pusieron a toda la plaza a saltar, hacer el tren de la bruja, sudar y sonreír, convirtiendo el recinto en una fiesta total y una catarsis colectiva desde el primer minuto de juego. |
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A las 20:00 H, Diskonformes tomó el testigo de las tablas con una solvencia aplastante. Jugando en cierta manera bajo la influencia de la escuela del norte, la banda de Bilbao supo canalizar magistralmente toda la energía lúdica previa para reconducirla con acierto hacia los terrenos de un punk-rock de corte más urbano, crudo e inconformista, manteniendo la denuncia social y el compromiso de barrio latiendo con fuerza en cada una de sus letras. |
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Acto seguido, a las 21:10 H, The Covids asaltaron el escenario sin pedir permiso. Con una propuesta directa, vertiginosa, afilada y con una marcada influencia del garage y el punk neoyorquino y británico de la vieja escuela, ofreciaron un setlist dinámico e intenso que sirvió como el calentamiento de motores definitivo para la tormenta perfecta que se nos venía encima. |
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La hora de los clásicos imperecederos y la trinchera política La noche del Tresparock se viste de gala y solemnidad punk a las 22:25 H con la esperada irrupción de Segis. Los de Vitoria juegan en terreno totalmente conquistado cada vez que pisan el norte de Burgos, y la comunión, la simbiosis mística con el público, fue absoluta desde el primer golpe de batería. Su concierto fue una ametralladora interminable de himnos generacionales coreados a pleno pulmón por una marea humana compacta que taponaba el recinto. Con un sonido nítido, potente y arrollador, los alaveses repasaron su trayectoria demostrando por qué siguen siendo un pilar fundamental, incombustible e indispensable para entender el mapa del punk-rock estatal. |
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Justo en el cambio de día, a las 00:00 H, el punk cantado en aragonés de Au d'astí! irrumpió en escena con una fuerza arrolladora. Con un directo cargado de identidad cultural, reivindicación lingüística, rabia social y una potencia rítmica encomiable, la banda demostró que el idioma no es una barrera cuando la música transmite una verdad tan cruda, visceral e incómoda para el sistema. |
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Mantuvieron el listón en una altura casi inalcanzable, dejando el escenario en perfectas condiciones de combustión para que a las 01:10 H hicieran acto de presencia unos infalibles Któlicos. Los veteranos rockeros desplegaron toda su experiencia acumulada en mil batallas sobre las tablas, conectando a la perfección tanto con los nostálgicos de la vieja guardia como con las nuevas generaciones de chalecos parcheados a base de oficio, buenas melodías y una actitud intachable. |
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El clímax de la brutalidad hardcore y la última traca de resistencia Cuando las fuerzas físicas del respetable empezaban a flaquear tras más de veinte horas de distorsión acumulada en los oídos, el hardcore más demoledor, explícito y políticamente comprometido hizo su brutal aparición. A las 02:30 H, KOP reventó los cimientos estructurales de Trespaderne. Lo de la banda catalana no fue un concierto, fue el paso de una auténtica apisonadora sónica sobre las cabezas del público. Letras políticas implacables cargadas de internacionalismo y antifascismo militante, muros de guitarras metálicas imposibles de esquivar y una agresividad escénica descomunal que desató los pogos más salvajes, masivos, caóticos y peligrosos de todo el fin de semana. Una auténtica lección de coherencia, resistencia y trinchera musical que dejó al público exhausto pero con la moral por las nubes. |
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Para rematar de forma definitiva a los últimos supervivientes de la batalla sónica, a las 03:50 H hizo su descarada aparición en el escenario Chulería, joder!. La banda de la margen izquierda del Nervión cumplió con creces y de forma sobresaliente con el cometido encomendado, poniendo el broche de oro más gamberro, ruidoso, desvergonzado y divertido posible a esta edición. Una última e irreverente descarga de energía cruda diseñada exclusivamente para vaciar por completo los tanques de adrenalina que aún quedaban disponibles en la reserva. |
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El Tresparock ha vuelto a certificar ante notario que no necesita subirse al carro de las modas comerciales pasajeras, ni claudicar ante las macroestructuras impersonales de los festivales de marca, para firmar una edición de sobresaliente. Con una organización volcada en cuerpo y alma, unos precios populares en barra e infraestructura que se agradecen enormemente en los tiempos que corren, y un cartel que funciona como una radiografía perfecta de la resistencia musical de nuestra escena, Trespaderne sigue siendo el faro incombustible que ilumina el norte del punk y el rock combativo. Nosotros ya estamos contando los días para volver a vernos en los pogos el año que viene. ¡Larga vida al Tresparock! |
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