La segunda jornada del Zurbarán Rock 2026 arrancó con Ars Amandi, encargados de abrir el festival en un horario tan complicado como las 16:30, bajo un calor sofocante que puso a prueba tanto a la banda como al público. Aun así, los madrileños tiraron de experiencia y oficio para ofrecer un concierto muy sólido, demostrando desde el primer minuto que las adversidades no son un problema cuando se tienen tantas horas de carretera a las espaldas. "Vagabundo en el mar" dio el pistoletazo de salida a un repertorio basado en algunos de los temas más representativos de su carrera. "El poder de Caelia", "Desierto" y "El último aliento" fueron cayendo con un sonido impecable, mientras Rodri Arias seguía demostrando su perfecta integración en la formación. Por su parte, Dani Aller volvió a brillar alternando su potente voz con el sonido de la flauta castellana, el instrumento que ha convertido a Ars Amandi en una banda única dentro del heavy metal nacional. Con "No queda sino batirnos" el concierto terminó de despegar. El público comenzó a corear cada estrofa y el ambiente se transformó en una auténtica fiesta, olvidando por unos minutos el intenso calor. El tramo final, con "Escuchando al corazón", "Abre la puerta" y "La suerte está echada", puso el broche a una actuación que quizá mereció un horario más agradecido, pero que confirmó una vez más que Ars Amandi sigue siendo una apuesta segura sobre cualquier escenario. |
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Tras la buena actuación de Ars Amandi, el escenario del Zurbarán Rock dio un giro de ciento ochenta grados para recibir a los suecos Bloodstain, una de las apuestas más jóvenes del cartel y también una de las que más expectación despertaba al tratarse de su debut en España. Los de Estocolmo, formados en 2023, demostraron desde el primer minuto que el thrash metal sigue teniendo un relevo generacional dispuesto a mantener viva la esencia del género. La intro de “If You Want Blood (You’ve Got It)” de AC/DC fue la antesala perfecta para que Oskar Lindroos y los suyos saltaran al escenario con “Annihilation Line” y “Something Sinister”. Junto al guitarrista Tobias Lindström, el bajista Jonathan Thyberg y el batería Benjamin Norgren construyeron un auténtico muro de sonido, combinando velocidad, precisión y una actitud arrolladora. A pesar de su juventud, la compenetración entre los cuatro músicos fue absoluta durante toda la actuación. Con “Still Alive”, “Banner of Supremacy” y “Betray and Behold” mantuvieron el acelerador pisado a fondo, desatando los primeros pogos de la tarde entre un público que ya había olvidado el intenso calor gracias a la energía que desprendía la banda. Los músicos no dejaron de moverse por el escenario, buscando continuamente la complicidad de los asistentes, que respondieron con entusiasmo a cada descarga de riffs y cambios de ritmo. La recta final fue sencillamente demoledora. “Faceless Dealer”, “Bloodstains”, “Lies Bleeding Through” y “Taint Me” prepararon el terreno para un cierre de altura con “Conspiracy” e “I Am Death”, poniendo el punto final a una descarga de thrash metal intenso y sin concesiones. Un concierto que dejó muy buenas sensaciones entre los asistentes y que confirmó el acierto del Zurbarán Rock al apostar por bandas jóvenes con tanta calidad y tantas ganas de demostrar su valía sobre el escenario. |
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Con tiempo para hidratarnos volvimos a la carga para el siguiente grupo, la reunión de The Poodles era una de esas actuaciones que desprendían un aroma especial incluso antes de que sonara la primera nota. Ocho años después de poner punto y final a su trayectoria, los suecos regresaban a burgos para celebrar el vigésimo aniversario de Metal Will Stand Tall y lo hacían recuperando para la ocasión al guitarrista original Pontus Norgren, que volvía a compartir escenario con Jakob Samuel a la voz, Pontus Egberg al bajo y Christian “Kicken” Lundqvist a la batería, además de contar con Henrik Bergqvist como segundo guitarrista. La del Zurbarán Rock era, además, su única parada en nuestro país, un aliciente más para que un buen número de aficionados no quisiera perderse un reencuentro que prometía emociones fuertes. La introducción dio paso a “Echoes from the Past”, una apertura cargada de simbolismo antes de enlazar con “Metal Will Stand Tall”, que levantó de inmediato los primeros puños al cielo. Bastaron un par de canciones para comprobar que la maquinaria seguía perfectamente engrasada. Jakob Samuel continúa siendo un vocalista con una presencia escénica envidiable, dominando cada rincón del escenario y conectando constantemente con el público, mientras Norgren y Bergqvist ofrecían un auténtico recital de guitarras, alternándose riffs y solos con absoluta naturalidad. “Cuts Like a Knife” y “Shadows” terminaron de encender un Plantío que disfrutaba viendo cómo una banda que parecía pertenecer al pasado volvía a sonar con la fuerza y la frescura de sus mejores tiempos. |
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Sin apenas bajar el ritmo llegaron “Flesh and Blood” y “Thunderball”, dos temas que mantuvieron la intensidad antes de que el grupo mostrara su lado más melódico con “Without You” y una emotiva “Crying”, recibida con una gran ovación. Mientras tanto, la base formada por Pontus Egberg y Christian Lundqvist trabajaba con una precisión admirable, sosteniendo cada canción con la contundencia necesaria para que las guitarras y la voz brillaran todavía más. Con “Line of Fire” y “Like No Tomorrow” volvieron a pisar el acelerador, preparando el terreno para un desenlace por todo lo alto. “Seven Seas” fue uno de los momentos más celebrados de la actuación, con un público completamente entregado cantando junto a la banda, antes de que “Night of Passion” pusiera el broche de oro a un concierto que fue mucho más que un ejercicio de nostalgia. No era sencillo estar a la altura de la expectación que había generado esta gira de reunión, pero los suecos lo consiguieron con un concierto sólido, repleto de grandes canciones y con una banda disfrutando de cada minuto sobre las tablas. El público respondió de la misma manera, despidiendo a The Poodles con una larga ovación tras una actuación que confirmó que hay regresos que realmente merecen la pena. |
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Con un disco debut bajo el brazo y muchas ganas de demostrar que lo suyo va muy en serio, Khorea llegaba al Zurbarán Rock dispuesto a dejar huella en una de las citas más importantes del verano. Los madrileños se encontraron con un público muy receptivo desde el primer momento y no desaprovecharon la oportunidad. Liderados por la poderosa voz de Rulo, acompañado por Isra a la guitarra, Vicen al bajo e Iván a la batería, ofrecieron un concierto intenso, moderno y repleto de fuerza, confirmando que su nombre empieza a sonar con peso dentro de la escena nacional. La ya clásica introducción con “Enjoy the Silence” sirvió para crear la atmósfera perfecta antes de que “No Gods Good” descargara toda la energía acumulada. Desde ese instante quedó claro que la banda venía a por todas. “This Pain” mantuvo el listón muy alto, con un Rulo dominando el escenario y transmitiendo cada frase con enorme convicción, mientras Isra desplegaba riffs contundentes y melodías muy bien construidas. Detrás, la compenetración entre Vicen e Iván aportaba una base rítmica sólida que permitía que cada tema sonara compacto y con mucha pegada. |
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Sin apenas dar un respiro llegaron “Man Is a Wolf to Man” e “Into the Maelstrom”, dos composiciones que reflejan perfectamente la personalidad de Khorea y que fueron muy bien recibidas por un público que respondió desde los primeros compases. La intensidad continuó creciendo con “Through the Thunder” e “In the Void”, dejando patente que la banda sabe combinar potencia, melodía y buenos estribillos sin perder identidad. A esas alturas del concierto ya era evidente que muchos de los presentes habían conectado con una propuesta que gana muchos enteros sobre un escenario. La recta final mantuvo el mismo nivel de principio a fin. “Bleeding Out” y “Break the Crown” elevaron nuevamente la temperatura antes de afrontar el desenlace con “Carpe Diem”, que terminó de meter al público en el concierto, y una explosiva “Rise of the Phoenix”, encargada de poner el broche de oro a una actuación que fue claramente de menos a más. Khorea dejó una magnífica carta de presentación en Burgos gracias a un directo compacto, bien ejecutado y lleno de actitud. La banda demostró que tiene canciones, personalidad y un sonido propio para seguir creciendo, despidiéndose entre una cálida ovación de un público que, sin duda, terminó ganándose para la causa. |
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Con la tarde ya bien avanzada y un Espacio El Plantío que seguía respirando heavy metal por los cuatro costados, llegaba uno de esos momentos que justifican por sí solos un viaje. No era un concierto cualquiera ni una reunión más. Lo que estaba a punto de suceder tenía un enorme peso histórico, porque, aunque parezca mentira, una banda tan influyente dentro del power metal europeo como Heaven's Gate jamás había actuado en España. Han tenido que pasar décadas desde su nacimiento para que nuestro país pudiera recibirlos por primera vez, y el Zurbarán Rock volvía a demostrar que sigue empeñado en hacer realidad esos sueños que muchos aficionados ya daban por imposibles. La reunión de los alemanes llegaba con una formación de auténtico lujo. Sascha Paeth y Bonny Bilski volvían a empuñar las guitarras, Robert Hunecke-Rizzo se hacía cargo del bajo, Thorsten Müller ocupaba la batería y Herbie Langhans asumía la complicada misión de poner voz a un legado que marcó a toda una generación. No era fácil salir a defender un repertorio tan querido, pero desde el primer minuto dejó claro que no pretendía sustituir a nadie, sino aportar su personalidad respetando el espíritu de Heaven's Gate. Y bastaron "Under Fire" y "We Got the Time" para que cualquier duda desapareciera. La maquinaria sonaba perfectamente engrasada, con unas guitarras que se entendían casi con una mirada y un sonido que transportaba directamente a aquellos primeros noventa donde discos como Livin' in Hysteria se convirtieron en pequeñas obras de culto. Sascha Paeth, además de ser uno de los productores más importantes del metal europeo, volvió a demostrar que sobre un escenario sigue siendo un guitarrista enorme. |
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"Hell for Sale", "Path of Glory" y "Best Days of My Life" mantuvieron el nivel altísimo, con un público cada vez más entregado. Se notaba que muchos llevaban media vida esperando este concierto y eso se reflejaba en cada aplauso, en cada puño levantado y en cada estribillo coreado. El momento más especial de la noche llegó, cómo no, con "Livin' in Hysteria". Ahí sí que el tiempo pareció detenerse durante unos minutos. Era imposible no emocionarse viendo a Heaven's Gate interpretar en España uno de los grandes himnos del heavy metal alemán. Muchos jamás imaginaron que podrían vivir algo así, y la comunión entre banda y público fue absoluta. Todavía quedaba mucho por disfrutar. "Hot Fever" mantuvo la tensión, "Tyrants" volvió a poner a todos a saltar y "Can't Stop Rockin'" convirtió definitivamente El Plantío en una auténtica celebración. Mientras tanto, Robert Hunecke-Rizzo y Thorsten Müller sostenían la base con una solvencia admirable, dejando espacio para que las guitarras volaran sin perder un ápice de contundencia. |
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El tramo final fue otro regalo para los seguidores. "Gate of Heaven" e "In Control" prepararon el terreno antes de despedirse con una magnífica versión de "This Flight Tonight", cerrando un concierto que difícilmente olvidarán quienes tuvieron la suerte de presenciarlo. Porque, al final, más allá del extraordinario nivel musical, aquella actuación tenía un significado mucho mayor. No era solo una reunión ni un concierto exclusivo. Era la primera vez que Heaven's Gate pisaba un escenario español después de toda una vida de carrera. Una deuda histórica saldada delante de un público que respondió como merecía una ocasión así. Y viendo las caras de felicidad tanto sobre el escenario como bajo él, quedó claro que la espera, por larga que hubiera sido, había merecido completamente la pena ,muy muy grandes Heaven's Gate. |
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Tras la histórica descarga de Heaven's Gate el ambiente del escenario principal del Zurbarán Rock Burgos seguía en plena ebullición. El listón había quedado muy alto, pero los franceses ODC no se amilanaron lo más mínimo. Con una propuesta completamente distinta, basada en un metal moderno cargado de melodía y contundencia, fueron metiéndose al público en el bolsillo desde los primeros compases. Con Célia Do dominando el escenario gracias a una voz potente y una gran presencia escénica, la banda abrió fuego con "My Only Fan" y "Wanted", enlazando rápidamente con "Once Upon a Time" e "I Need to Breathe". A su lado, las guitarras de Nicolas Chevrollier y Guillaume Chopard iban tejiendo una base tan contundente como melódica, alternando riffs pesados con pasajes más accesibles que daban mucha personalidad a cada uno de los temas. |
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La versión de "You Should See Me in a Crown" fue uno de los momentos más llamativos del concierto antes de regresar a su repertorio con "Twisted Love" e "I Don't Know You". Aunque "Follower" figuraba en el setlist, finalmente no fue interpretada. Mientras tanto, desde la retaguardia, Jérôme Varnier sostuvo con firmeza el peso de las líneas de bajo, perfectamente respaldado por una batería muy contundente de Joffrey Gallet, que imprimió intensidad a todo el concierto. La recta final mantuvo el nivel con "Love I Tore It Apart", "My Name Is Gold" y "The Beauty of the Beast", antes de sorprender a los presentes con una divertida versión de "Despech"á, recibida entre sonrisas y aplausos por un Plantío que disfrutó de la ocurrencia. El cierre con "Welcome to My World" puso el broche a una actuación muy seria de una banda que dejó una magnífica impresión y confirmó que su propuesta encaja perfectamente en festivales como el Zurbarán Rock. |
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Cuando las luces del escenario principal del Zurbarán Rock se apagaron por última vez, todo el recinto sabía que llegaba el gran momento del festival. La reina del metal no necesitaba presentación. Bastó que Doro Pesch apareciera sobre las tablas para que miles de gargantas estallaran al unísono, conscientes de que estaban ante una de esas artistas que trascienden generaciones. La gran cabeza de cartel respondió con una actuación descomunal, de las que se recuerdan durante años. Abrió fuego con "Earthshaker Rock" e "I Rule the Ruins", dos clásicos de Warlock que hicieron saltar por los aires cualquier atisbo de cansancio acumulado durante la jornada. Su voz sonó poderosa, inquebrantable, con esa mezcla de fuerza y emoción que solo poseen las leyendas. "Time for Justice", "Burning the Witches" y "Fight for Rock" terminaron de convertir El Plantío en un auténtico templo del heavy metal, mientras Doro recorría el escenario sin dejar de buscar la complicidad de un público completamente rendido a sus pies. |
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Pero si algo hace única a la alemana, además de su talento, es el cariño inmenso que siempre ha demostrado por España. Una vez más lo dejó claro. Se dirigió al público en varias ocasiones con palabras de agradecimiento, recordando cuánto disfruta tocando en nuestro país y asegurando que aquí siempre se siente como en casa. Esa cercanía, lejos de parecer forzada, nace de una artista que vive cada concierto con una honestidad desarmante y que sigue entregándose con la misma pasión que hace cuatro décadas. A su lado brilló una banda perfectamente engrasada. Bas Maas y Bill Hudson descargaron un vendaval de riffs y solos con una autoridad aplastante, Nick Douglas sostuvo el concierto con un bajo contundente y preciso, mientras Johnny Dee volvió a demostrar por qué es uno de los baterías más sólidos del género, protagonizando además un espectacular solo que desató una enorme ovación antes de enlazar con una demoledora "Hellbound". |
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La recta final fue simplemente antológica. "Raise Your Fist in the Air", "Warriors of the Sea", la emocionante "Für immer", "Fire in the Sky", "Metal Racer" y "Revenge" prepararon el terreno para la explosión definitiva con "All We Are", uno de los grandes himnos inmortales de la historia del heavy metal. No hubo una sola garganta que no coreara su inolvidable estribillo, mientras las columnas de fuego estallaban sobre el escenario, elevando todavía más una atmósfera absolutamente electrizante. Aún quedaba tiempo para "True as Steel" y una explosiva versión de "Breaking the Law" de Judas Priest, poniendo el broche de oro a una actuación sencillamente inolvidable. El cierre fue la confirmación de que Doro sigue siendo una de las figuras más queridas y respetadas del heavy metal mundial. El Zurbarán Rock tuvo el privilegio de contar con una cabeza de cartel que no solo cumplió con las enormes expectativas, sino que las superó con una exhibición de entrega, carisma y pasión. Fuego, himnos, emoción y una comunión total con el público burgalés pusieron el punto final a una noche histórica. Lo vivido en El Plantío fue mucho más que un concierto: fue una auténtica celebración del heavy metal en su estado más puro, liderada por una reina que sigue gobernando con el mismo corazón que el primer día. |
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Tras la apoteósica actuación de Doro, que había dejado al Zurbarán Rock completamente rendido a sus pies con un desfile de himnos y un cariño desbordante hacia el público español, no era nada sencillo mantener el nivel de intensidad. Sin embargo, los suecos Bullet aceptaron el reto con la tranquilidad que da llevar dos décadas defendiendo el heavy metal más clásico. Era el momento de seguir acelerando, de no dejar que la adrenalina descendiera ni un solo instante. Desde el primer acorde de "Kickstarter" quedó claro que aquello iba a ser una descarga sin concesiones. "Spitfire" y "Stay Wild" hicieron que las primeras filas recuperaran inmediatamente el movimiento de las melenas, mientras Hell Hofer se adueñaba del escenario con esa actitud chulesca tan propia de los grandes vocalistas del género. A su lado, Hampus Klang y Erik Almström levantaban un auténtico muro de riffs, perfectamente respaldados por la contundencia del bajista Gustav Hector y la poderosa pegada de Gustav Hjortsjö. |
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"Turn It Up Loud" fue toda una declaración de intenciones, elevando aún más el volumen y la comunión con un público que, pese a la intensidad vivida con Doro, todavía tenía combustible de sobra. "Chained by Metal" sonó como un auténtico manifiesto de amor por el heavy metal, con decenas de puños levantados acompañando cada estribillo. La maquinaria siguió funcionando a pleno rendimiento con "Riding High", "Dusk Till Dawn", "Storm of Blades", "Keep Rolling" y "Hit the Road". Todo sonaba compacto, afilado y con ese inconfundible aroma al heavy metal europeo de los años dorados. No hubo tiempos muertos ni concesiones: solo una sucesión de temas directos al mentón que mantuvieron al público completamente enchufado. |
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La banda abandonó brevemente el escenario, pero nadie dudaba de que aún quedaba pólvora. Los bises arrancaron con "Pay the Price", continuaron con la vertiginosa "Speed and Attack" y culminaron con una explosión definitiva gracias a "Bang Your Head". El título lo decía todo: miles de cuellos obedecieron al instante mientras Burgos se convertía en una auténtica celebración del heavy metal. Bullet firmaron una actuación sobria, contundente y tremendamente efectiva. Después de una cabeza de cartel tan emocional como Doro, los suecos optaron por la vía de la velocidad, los riffs y la actitud, demostrando que el heavy metal clásico sigue gozando de una salud envidiable y poniendo el broche perfecto a otra noche inolvidable del Zurbarán Rock. |
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Con el eco de los últimos acordes todavía flotando sobre El Plantío, el Zurbarán Rock volvió a demostrar que siempre guarda espacio para las propuestas capaces de romper cualquier molde. Era el turno de VindictA, formación nacida tras la escisión de Dogma, que llegaba con la intención de dejar claro que su camino no vive del pasado, sino de una personalidad propia tan oscura como irresistible. Lo que sucedió durante la siguiente hora fue un auténtico ejercicio de magnetismo escénico. La tenue iluminación de la intro fue suficiente para crear una atmósfera casi litúrgica antes de que “Forbidden Zone” abriera una descarga cargada de tensión. “Made Her Mine” y “My First Peak” terminaron de atrapar a un público que observaba cada movimiento con la sensación de estar asistiendo a algo diferente. No hacía falta recurrir a grandes artificios; la combinación de música, interpretación y una puesta en escena perfectamente medida hablaba por sí sola. |
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Grace Jane Pasturini, encarnando a Lilith, llevó el peso del espectáculo con una autoridad aplastante. Cada gesto parecía calculado para mantener la atención del público, mientras Amber Maldonado (Lamia) y Patri Grief (Rusalka) iban enlazando riffs afilados y solos perfectamente sincronizados que daban carácter a cada tema. Detrás de ellas, Gemma Sofia Salvatori (Kali) imprimía un ritmo implacable desde la batería, sostenido en todo momento por el bajo firme y elegante de Wena Velasco (Medea), completando una interpretación de enorme solidez. El repertorio continuó creciendo en intensidad con “Carnal Liberation”, “Make Us Proud” y “Free Yourself”, pero si hubo un instante que levantó una ovación incluso antes de comenzar fue la esperadísima versión de “Like a Prayer” de Madonna. Desde los primeros compases se desató una lluvia de aplausos y cánticos, con buena parte del público acompañando a la banda mientras transformaba el clásico de la reina del pop en una pieza mucho más oscura, poderosa y cargada de personalidad. Fue, sin duda, uno de los grandes momentos de toda la actuación. |
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Cuando parecía que la banda ya había mostrado todas sus cartas, llegó un último arreón sencillamente devastador. “Bare to the Bones”, “Father I Have Sinned”, “The Dark Messiah” y “Pleasure From Pain” fueron elevando la temperatura hasta desembocar en “The Face of the Clown”, un cierre que dejó una sensación inequívoca: aquello no había sido únicamente un concierto, sino una experiencia que mantuvo al público completamente cautivado de principio a fin. VindictA convirtió su paso por el Zurbarán Rock 2026 en una de las grandes sorpresas del festival. Sin esconder sus raíces, pero sin depender de ellas, las cinco músicas ofrecieron una actuación cargada de personalidad, intensidad y una elegancia oscura que conquistó incluso a quienes se acercaban por simple curiosidad. Cuando abandonaron el escenario, las ovaciones confirmaban que Burgos había sido testigo de una actuación que, sin duda, quedará entre las más recordadas de esta edición del festival. |
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Y con el bolo de las Monjas Lascivas de las chicas de Invicta dimos por finalizada una nueva edición del Zurbarán Rock, que en esta ocasión ha subido aún más el nivel y que, como bien dije al principio, no se sabe dónde está el techo para esta gente, que año tras año sigue dejándonos con la boca abierta. De nuevo, no hay más que palabras de agradecimiento y reconocimiento a la gran labor que tanto la organización como todos los que colaboran en este festival hacen posible para que, un año más, este Zurbarán Rock sea uno de los más grandes de este país. Sin duda, el año que viene repetiremos. Hasta el próximo año, Zurbarán Rock. |
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