Tercer día en Viveiro. Si os digo la verdad, reconozco que uno ya está un poco, solo un poco, mayor para estos berenjenales. Ni por asomo bajé al desayuno del hotel con esos horarios guiris, que para las diez, como muy tarde a las diez y media, ya no queda ni las sobras del bacon. En fin, el caso es que mi cuerpo ya mandaba señales de “tómatelo con calma y descansa, que quedan dos jornadas más”. Así que, ni corto ni perezoso, me di media vuelta y seguí sobando bien a gustito. [ crónica ]










































