Que gran verdad es aquello de que la música es, en esencia, reconstituyente y animosa, capaz de despertar emociones, recuerdos y sensaciones profundas, esas que en ocasiones son difÃciles de experimentar en nuestra vida cotidiana, al estar siempre encadenado a una tómbola, de trepidante aventura, en la que todos jugamos y en la que nunca sabemos lo que nos va a tocar, cosas buenas o cosas malas. Un estado de sumisión como consecuencia de los problemas, retos, apuros y preocupaciones que la vida nos acarrea diariamente.
Menos mal, que el rock nos permite afrontarla de otro modo, ayudándonos a superar esos difÃciles desafÃos que ella nos depara. La música de los zaragozanos Insolenzia es quizás una de las mejores terapias para que el alma vibre y la mente se abra, logrando que tu visión del mundo se expanda y sigas luchando por hacer tus sueños realidad, por más imposibles que parezcan.
El pasado sábado en la tienda Elkar de Donosti consiguieron generar un espacio en donde el tiempo se fue dividiendo en pequeños espacios de cinco minutos de absoluta felicidad, regentado por personas que aman su estilo de vida, esa filosofÃa de hacer lo que crees oportuno en cada momento, tratando de ser feliz y sin perjudicar a nadie, orfebres de la melodÃa, artesanos de los juegos vocales y alquimistas del rock poético en letras mayúsculas. Juventud, ilusión y rebeldÃa, un frente común para defender lo que es justo, el rock como cultura y que canciones como "Barro Consentido", "Va A Estallar", "La Boca Del Volcán", "Esperaré", "Caer De Pie", "El Baile De La Libertad"..., se conviertan en auténticos revitalizantes que te hagan creer que esta vida no es tan mala como la pintan, sabiendo dibujar ese mundo de ensueño sin errores ni ningún tipo de hipocresÃa.


























