Obviamente, la música tiene el poder de generar un sinfÃn de reacciones inimaginables, no obstante, por la gran cantidad de productos totalmente estériles que entran y salen de nuestras orejas sin dejar ningún tipo de mella, en ocasiones, aquellas otras que albergan sonoridades audaces, ritmos sorprendentes y armonÃas avanzadas no usuales en el género, no llegan a buen puerto, sin alimentar el alma del oyente ni desatar una euforia colectiva.
Sin embargo, eso es algo que naturalmente no ocurre cuando tienes enfrente de ti a una banda como Cobra, a unos músicos atrevidos capaces de turbar al espectador por la vÃa directa, uniendo la dicotomÃa de unas guitarras salvajes y nÃtidas con unas voces desafiantes que pendulan entre el amateurismo tosco y la genialidad abrumadora, similares a esos latigazos de intenso dolor en el rostro que te paralizan temporalmente los músculos; intentando trasmitir toda la energÃa y vitalidad que suscita la interpretación de cañonazos sonoros confeccionados mediante la acumulación de formas extraÃdas del rock y el metal sin perderse en dislates instrumentales demasiados extensos o en aquellos que transmiten una sensación de no llevar a ninguna parte, los cuales adhieren con facilidad a nuestro tocadiscos mental "Escape From New York", "Ground Zero", "Touch Of Evil" y otras canciones que buscan entrar más por la epidermis que por el cerebro, las señoriales versiones a bandas sonoras clásicas de la historia del cine, "Twin Peaks", "Godfather"; "Touch of Evil", buscando siempre una intensa y cristalina comunión con el público.


























