¡Resurgir eléctrico! Si a menudo los músicos se quejan y con razón, de los cerrados de mente que pueden llegar a ser sus seguidores, al no aprobar, de buen agrado, que den rienda suelta a todas sus ansias creativas, son muchos los casos en que los propios miembros del grupo no se ponen de acuerdo en que dirección seguir y acaban separándose por las tópicas “Diferencias Musicales” o a raíz de haberse transformado esa vía de escape en rutina estresante. Parece ser que ésta fue la causa de que la banda por excelencia de high-energy rock n roll nórdico, The Hellacopters, decidieran separarse por el año 2008 y seguir sus componentes caminos bien distintos, abriendo su fundador Nick Royale las puertas de par en par a su poder creativo, sabiendo canalizar todas sus inquietudes sin necesidad de ir probando mil y una cosa a fin de hallar un modo de expresión más directo y preciso ni apuntarse a modas pasajeras, ahondando en los sonidos rock and roll de estirpe garajera y potenciando al máximo su vena más popera creando verdaderas gemas de power pop hipervitaminado, de clara evocación a los combos ingleses de los años 60, bajo el nacimiento del proyecto en solitario “Imperial State Electric”, el cual con el paso del tiempo se ha ido convirtiendo en un grupo en toda regla, repartiéndose los músicos por igual, un similar protagonismo; configurando todo ello un interesante giro a la corriente del Rock escandinavo surgida en los 90, un estilo, que en la actualidad, parece encontrarse en un callejón sin salida. Que haya grupos que recojan aquello que los mayores perdieron no es absoluto indigno siempre que se lleve a cabo con fuerza renovadora, inyectándole ritmos y sonoridades no habituales así como arreglos musicales más actuales. El trío de Rentería, Boogie Van, son un buen ejemplo de ese efecto molino, de esas astas de estilo que siguen girando en el mismo sentido, rock setentero zeppeliano pero sin tropezar en el hallazgo sino restaurando dicho engranaje con unas renovadas vibraciones y mucha autenticidad, lo cual se agradece. Apostaron fuerte de primeras con el trallazo “La De Las 9”, calorífico manto eléctrico que nos hizo flotar como el mercurio, arrastrados por el propio peso de sus distorsionadores, encargándose como nadie de que no nos despistáramos en ningún segundo, inyectando una base de riffs convertidos virtualmente en estribillos, una serie de constantes desviaciones y variaciones musicales para alejar la temida y probable repetición en la que fácilmente podrían caer temas como “Ayudame”, “Sin Opción” o “Puede Ser” y huyendo de las réplicas del museo de cera a los grandes del género, empleando todo tipo de compases garageros, ciertos ramalazos de ritman blus y sonidos de dimensión psicodelica, “One For The Road”, “Thunderbird” o “On Fire”. ¡Como probar un apetitoso chicle trident saboreado por varias generaciones, de gusto duradero! |
|
|
|
Bajo una envoltura menos domesticable, los suecos Satan Takes A Holiday nos reportaron esa deliciosa y extraña sensación de estar dando giros alrededor de la luna, desatando en nuestro interior una tormenta ácida que nos dominaba y llevaba a una reacción desmedida pero controlada al mismo tiempo; una ebullición sonora desbordante y cegadora en sus primeros compases “Candy In Mouth”, “Come Over” y “Who Do You Voodoo”, de efectos tonificantes como ese café matutino que te hace sentirte con energía, mejorando tu estado de ánimo. Se les vio avispados y dominado el formato de mediano escenario, logrando carambolas de feedback cuando las guitarras se juntaban para salir de juerga con riff atléticos y explosivos ritmos a paso acelerado, amurallados con adictivos gritos y registros melódicos post desérticos, un gusto exquisito al arte de la improvisación y experimentación sonora sin límites ni corsés estilísticos, moviéndose en terrenos extremadamente pantanosos con una desenvoltura y franqueza que tan sólo los más avispados han logrado radiar. -Candy In Mourh |
|
|
|
Una de las frases celebres del filósofo y escritor Henry David Thoreau plantea que si uno avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y deseos para llevar la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado. En el ámbito musical hay músicos que nunca dan su brazo a torcer, encontrándose en litigio continuo con la creatividad, impulsados por la necesidad de reinventarse para ir un pasito más adelante hacia un amplio bagaje y eclecticismo musical, generando sonidos únicos e innovadores y abriendo el rock a nuevas formas musicales, rompiendo barreras y límites con fe expansiva, con la única pretensión de dar forma a sus inquietudes y anhelos. Impulsado por el afán de lograr componer una obra perdurable de por vida, de excepcional calidad, como el "Never Mind The Bollocks", de los Sex Pistols, Nick Royale continua perteneciendo a esa privilegiada y selecta masa de músicos estelares, versátiles, de imaginación fecunda y caudal creativo inmenso, sin dar la impresión que lo suyo es una carrera con fecha de caducidad. La actuación de Imperial State Electric cumplió con lo esperado, un barrizal de fibrosa energía y ambivalencia sonora, constituyendo uno de esos recitales que hacen historia. Unos argumentos dignos de matrícula de honor, confeccionados mediante dos líneas de actuación entrelazadas rock garajero y melodías sixties que llegaban, en ocasiones, a recordar a The Beatles, alternando diferentes niveles de intensidad sin gravitar nunca en una cierta grandilocuencia. Era previsible el comienzo con ese certero “Deja Vu”, tras una cover inesperada Are You Ready? de los Grand Funk Railroad, perfecto para que Nick ataviado con su particular gorra negra militar, fusilase nuestros oídos con sus ásperos riffs de guitarra, de una clase y estilo inaudito, acariciando las cuerdas y elevando con chulería su guitarra después de tocar alguna nota y dejar el camino alquitranado para embestir de inmediato con otras de similar índole, de tonos setenteros y clásicos en sus formas “Uh Huh” y “Lord Knows I Know That It Ain´t Right”. |
|
|
|
Cualquier noción de que la banda se podía apoltronarse interpretando en exceso, melodías que beben exclusivamente del pop británico de los 60 quedaba borrado de una tirada, cuando llevaba la tanda de los temas con patrones más garageros y arrebatos guitarreros en crescendo. “Redemption's Gone”, “Deride And Conquer” o “Monarchy Madness”. Ciertamente no necesitaron esforzarse mucho para triunfar, solamente les basto hacer uso de sus cautivadores ornamentos musicales, riffs fusilantes, coros perfectos y dejes a lo Cheap Trick, Thin Lizzy o Kiss, para no resultar monocordios e insípidos, desbordándose todas nuestras previsiones en alguno de sus clásicos “A Holiday From My Vacation”, “Lee Anne”, “I'll Let You Down” y en portentosas versiones “Leave my Kitten Alone” (Little Willie John) o “This Is Rock and Roll (The Kids), esta última a cargo de su bajista Dolf de Borst, bajo ese sentimiento auténtico que sale del alma impregnado en el espíritu mas puro del rock and roll. ¡Una caja de bombones, en donde todos los sentidos se despiertan al probar cada sabor! |
|
|






























