El pasado 24 de octubre tuvo lugar una importante fiesta powermetalera que trajo a la sala But de Madrid a los épicos Stratovarius, con motivo de la gira presentación de su nuevo disco “Eternal”, que en esta ya más que consolidada época sin Timo Tolkki (recordemos que la marcha de Timo se produjo en 2008 por las grandes, llamémoslo “desavenencias” de la banda) estuvieron a la altura de lo esperado. He de decir, que no hubo demasiada previsión a la hora de la apertura de puertas, ya que la actuación de los primeros teloneros, Divine Ascension, comenzó antes de que todos los que estábamos esperando en la cola (incluidas Paloma y yo) pudiéramos entrar a tiempo, y esto hizo que nos perdiéramos los primeros temas de los australianos. También tengo que comentar (que si no exploto) los precios abusivos de las bebidas (10 euros un mini de cerveza o 5 euros un refresco). Esto nunca lo he entendido, porque mirando a mi alrededor apenas veía a nadie con bebida. Creo que las salas no se dan cuenta que si pusieran los “caldos” a un precio más razonable sería bastante más beneficioso para todos ya que, por si no lo recuerdan, seguimos en crisis. Y 30 euros de una entrada de un concierto más 10 euros si te tomas un mini (o 2 refrescos), hacen un total de 40 euros, que para gastar en una noche, sinceramente, es una pasada tal y como estamos. En fin…. Divine Ascension hicieron una más que respetable actuación, sobre todo me gustó su frontwoman, la pequeña Jennifer Borg, que cuenta con una gran voz y muy buena disposición hacia el público. También me llamó la atención el baterista, Luke Wenczel, que aún con una batería muy sencillita los dio todo dando caña de la buena. Una lástima que el mal y altísimo sonido (apenas se escuchaba la guitarra) y el ambiente de la sala no acompañaran. |
|
|
|
Acto seguido salieron a las tablas unos Gloryhammer inmensos, épicos, magníficos con su, como ellos mismos denominan, Intergalactic Space Metal (que ya me río por no llorar con eso de las etiquetas de las bandas). Con una fuerza brutal los cinco músicos se plantaron en el escenario disfrazados de guerreros, magos y demás (cosa que me encantó) e hicieron las delicias del personal sobre todo con la potentísima voz del curioso, carismático y, porqué no, teatrero, vocalista Thomas Winkler. Se marcaron nueve temazos impresionantes (algunos tipo canción de Mazinger Z, que recordaréis los que ya tenéis una edad…) que nos dejaron muy calentitos antes de la llegada de Stratovarius. Habrá que seguirlos más de cerca, aunque no me agradara especialmente ese ambiente algo discotequero y cercano al tecno que “gracias” al teclado a veces se respiraba en la sala. |
|
|
|
En medio de un ambiente glacial (no del público, que estaba ya bastante a tono), creado por las luces azules y por la preciosa batería blanca y dorada de Rolf Pilve, primero en aparecer, abrieron su actuación unos inmensos Stratovarius con el primer tema del nuevo disco “Eternal”. Una soberbia “My Eternal Dream” con un Timo Kotipelto de voz nítida y en plena forma y una base rítmica bestial, con Pilve pisando el doble bombo como si no hubiera mañana. Comenzaron así una actuación con muchas luces, pero también algunas sombras, y es que después de los primeros temas donde incluyeron “Eagleheart” y “Against the Wind”, me dio la impresión de que la chispa se empezó a apagar ligeramente. No digo que los temas no estuvieran perfectamente ejecutados, sino que la garra y la pasión se habían desvanecido algo. Esto me pareció más pronunciado en otros dos de los temas del último compacto, en “Lost Without a Trace” donde se enfrió bastante no sólo el escenario, sino también buena parte de la sala y además con “The Lost Saga”, que pese a ser un temazo y a los alucinantes solos y riffs de Matias Kupiainen, patentes de todo el tema, se me hizo bastante larga, (y no sólo por los más de 11 minutos que dura la susodicha). Sí que después del magnífico solo de bajo a cargo de Lauri Porra, parece que recuperaron algo de esa fuerza con “Paradise”, “Unbreakable” y “Black Diamond”, este último precedido por los imponentes solos de Jens Johansson y Pilve con el teclado y la batería respectivamente. Y le llegó el turno a los bises, y con ellos llegó el baladón por excelencia, el único tema que tocarían del “Episode”, “Forever” (si el tema elegido hubiera sido cualquier otro, me habrían hecho feliz), donde Tokipelko hizo gala de su maravillosa voz. Finalizando la actuación con un “Shine in The Dark” y “Hunting High and Low” impresionantes. Lo dicho, buen concierto, cuasi perfecto incluso, técnicamente hablando, pero algo empañado por la insuficiencia de chispa, de alma… (de la que por cierto habló Timo Tolkki en su día). Aunque por lo que pude hablar con algunos amigos después del evento, parece ser que los demás asistentes lo vivieron de otra manera… |
|
|





























