Después de pasar unos días
como los que hemos podido compartir con más de
60.000 personas, después de tragarnos polvo,
colas, después de pasar calor, sed y de sufrir
a todos nuestros amigos borrachos, sólo me queda
hacer una cosa, dar las gracias,
dar las gracias a toda esa gente que ha hecho posible
que esta edición del Viña
Rock se haya convertido en otra de esas fechas
que no se olvidan, no sólo por las horas de música,
por los conciertos y el ambiente de festival, sino por
la gente que vamos encontrando de año en año,
por las nuevas incorporaciones, por los que hemos conocido,
por las risas, por los reencuentros y las despedidas.
Quiero empezar dando las gracias
al conductor del autobús por las 9 horas de viaje
escuchando heavy y hiphop
(el Viña es más que Rock). Gracias a la
organización que puso las acreditaciones al otro
lado del recinto (gracias por acreditarnos), gracias
por hacernos andar y aprovecho en dar las gracias en
nombre de todos aquellos que esperaron esa interminable
cola para recoger las pulseras.
Gracias por los cacheos, por
los exhaustivos registros para que nadie metiera ni
un botellín de agua, y por los papelitos cuya
finalidad todavía no hemos llegado a comprender.
Gracias a mis vecinos de tienda que con su chiringuito
hicieron que a partir de las 7 de la mañana no
cesara la música, no vaya q ser que pasáramos
más de 5 minutos sin oír nada.
Gracias a los que se dedicaron
a robar tiendas a su antojo, porque de entre las 20.000
que había no tocaron la mía. ¿Tanto
hubiera costado tener controlada un poco más
la zona de acampada?. Gracias al servicio de limpieza,
al de los urinarios móviles, a los de las duchas
(si, creo que había una especie de duchas en
algún lado) y como no, gracias a la organización
por poner “tantos” servicios y tan lejos.
De camino y en las colas siempre se hacen muchos amigos.
Gracias a los bomberos de Villarrobledo,
la fuente que improvisaron con un camión nos
salvó la vida. Gracias a los de los bares del
pueblo, al del super, a los de los chiringuitos de fuera,
a los katxis (litros,macetas...) de 5 euros, a mis amigos
que no permitían que se me quedase la garganta
seca. Al servicio de ambulancias, a los camilleros,
al médico de guardia (todo esto va relacionado).
Gracias a los que acamparon encima
de mi tienda, al que deshincho mi colchoneta, al que
no paró de gritar, a los que se lo montaron en
la tienda de al lado, a mi compañera de tienda
que no se despierta ni con una bomba (que envidia),
al sol de la mañana, al viento, y a todos aquellos
que dejaron que yo “descansara”
tan bien. Dormir en un festival es uno de mis retos.
Gracias a los que me permitieron
hacer mi trabajo, a los que me marearon en cada escenario,
a los que entendieron que la Línea
de Atake era más que un grupo, a los que
hicieron que no llegara a tiempo a hacer algunas fotos,
a las largas esperas por los retrasos en el escenario
Sol, a los que no entendían o no querían
entender, a los que se creían con poder por tener
un color de pulsera especial.
A las pilas de mi cámara
y a la tarjeta de 128 megas que se acaban en el momento
más oportuno y sin avisar. Gracias a los que
me recordaban que debía hacer fotos cuando yo
más perdida iba. Gracias a vosotros si las habéis
visto, tantas carreras y empujones valieron la pena
si ahora alguien las está mirando.
Y por último, gracias a
todos, a los cántabros, vascos, catalanes, valencianosssss,
asturianos, andaluces, maños, riojanos... gracias
por estar ahí, por hacer que el ViñaRock
sea una cosa de todos. Es mucho más que un negocio
como dicen algunos. Todos sabemos, que a pesar de todo,
vamos a repetir, y como dicen unos amigos nuestros,
“aun así valió la pena nos hemos
llegado a conocer”.