A veces es muy difícil, por no decir imposible, el romper la rutina del Lunes, Martes, Miércoles y vuelta a empezar… Pero hay ocasiones en las que un golpe de suerte nos pone un evento en medio de la semana para alegrárnosla. Aunque no fue literalmente a mitad de semana, sino un día antes, aquel 21 de Junio mucha gente se quiso pasar por la sala cántabra Heaven DC para ponerse las pilas a base de bien. La cosa no era para menos, y es que nadie se pudo resistir a la propuesta de tener a Molotov pisando la misma tierra que ellos. La tierra que te vio nacer, crecer o en la que vives, porque el concierto estaba lleno de mexicanos, como no podía ser de otra manera, el apoyo se esperaba y sus compadres estuvieron al pie del cañón. Llegamos a la sala con esa sonrisa tonta que se te pone al recordar esa frase de: “ven, ven, ven, que no te va a doler”. ¿Quién dijo miedo?. Molotov llegaban desde México o desde Rusia, a estas alturas poco o nada importan las fronteras, para repartir mucho amor. Éramos conscientes de ello, así que nos dejamos conquistar sin poner mucha o ninguna excusa. Ahora me voy a encerrar en un bucle sin sentido tratando de encontrar la palabra oportuna para definir la actuación de Molotov. Tal vez si hay algún término que puede definir el concierto aparte de apoteósico y brutal, éste es sin duda caluroso. Por un lado el apoyo a la banda fue constante, los gritos, los saltos, los gestos cómplices, y las ganas de pasarlo bien (que al final es lo más importante) estuvieron presentes de principio a fin. Y por otro lado, creo que pocas veces me he visto tan sofocada como aquella noche, sobraba la ropa (a unos más que otros), pero de esto ya hablaremos luego, que fue cuando menos divertido y sorprendente. Pero desde aquí sí que me gustaría reflejar que faltaba el aire para respirar. Poco o nada importó, vamos que yo no veía a nadie preocupado. Pero creo que si les ponemos a los músicos un ventilador, a pie de escenario en un ejercicio de respeto para que hagan lo mejor posible su trabajo, pues digo yo que también el público tiene el derecho a no morir derretido. Dicho lo cual, tampoco quiero comentar más esto porque no empañó ni lo más mínimo la actuación de Molotov, ¡faltaría más!. Aunque siempre recordaré ese concierto como uno de los más calurosos de mi vida (en sala y no haciendo demasiado calor en la calle), y además como ese concierto para el que realmente no existe adjetivo posible. Y si tuviésemos que usar un emoticono, así para ser más descriptivos, pues creo que todavía no se ha inventado. Cuando ves a un grupo por primera vez después de tantos años escuchándolos y de tantos recuerdos acumulados (¡el lío con se montó con aquel “¿Dónde jugarán las niñas?”!) es difícil no ir con la mayor de las expectativas posibles, pero también es complicado compararlo con otra cosa. En cualquier caso aquella noche los mexicanos estuvieron sublimes. |
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Su actuación duró un poco más de hora y media, y durante esos minutos que por cierto se hicieron más que breves, consiguieron ensalzar la palabra “fiesta”. Vimos a una banda más que entregada, que se dejó la piel sobre el escenario, con algún comentario que otro que enseguida era contestado por el respetable. Hubo varias cosas que me llamaron la atención de su actuación. La primera de ellas fue la vestimenta del grupo, todos con cazadoras vaqueras con el logo del grupo estampado en la espalda, como si se tratase de una clásica banda de moteros. No sé cómo lo harán estos chicos a las dos ruedas, pero lo que es sobre un escenario excedieron el límite de velocidad permitido con creces. Algo que también me pareció divertido fue ver que uno de ellos tenía el soporte del micro perfectamente adaptado para colocar un vaso y un cigarro. ¿Pero nadie les dijo que Spain is different y que aquí no se puede fumar en las salas?, ¡jejejeje!. También me sorprendió bastante que el señor Randy Ebright dejase las baquetas en manos de múltiples personas para salir él hacia delante a aporrear otros instrumentos y para cantar. Y lo que más me llamó la atención sobremanera fue la humildad de la que hicieron gala. Allí había gente que hasta les tiraba del cable si se enredaba para que ellos no se tropezaran, pero lejos de ir de estrellitas, demostraron más bien todo lo contrario. ¡Cuánto tenemos que aprender!. Después llegó el turno para la representación de los temas de dos grandes discos, de esos trabajos que, aunque parezca imposible, a pesar de que hayan pasado tantos años logramos recordar sin haberlos vuelto a escuchar demasiado. Y es que debo reconocer que la que suscribe había oído y rallado aquellos “¿Dónde jugarán las niñas” y “Dance and Dense Denso” cuando se publicaron y poco más. Y a pesar de ello seguían a fuego en mi mente. |
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Esas canciones que me devolvieron a una época desde la que han pasado más de 14 años fueron “Changuich a la chichona”, “Chinga tu madre” y “¿Por qué no te haces para allá?... al más allá”. Y de ese momento hacia el final, como suelo decir, todo fue rodado. Que si “Here We Kum”, que si “Más vale cholo”, pasando por “Frijolero”, “Perro negro granjero” y “Mátate Teté”. Los momentos álgidos de la noche los pusieron “Voto latino” y el enlace de “Gimme tha power” y “Frijolero”. Después de “Noko” la banda hizo mutis por el foro pero no nos lo creíamos, así que ante el insistente grito del público volvieron a salir sobre las tablas para apabullarnos con la controvertida “Puto”. Después de eso ya no esperábamos nada más, pero quedó finalmente un momento único brindado de la mano de “Rastamandita”. Allí se montó una tremenda, hasta los pipas y demás personas que acompañan a Molotov sacaron fotos y todo, y estaban sorprendidos con la energía y el desparpajo de las chicas que se subieron al escenario a acompañar a la banda. Esa noche cargada de buenas expectativas y auspiciada por la ilusión de ver a este grupo por primera vez en directo, se convirtió en algo muy complicado de olvidar. Probablemente… ¡Uno de los mejores conciertos que he visto!. Con total seguridad… ¡Uno de los conciertos en los que más he disfrutado!. |
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