M-Clan vuelven a coger el tren de rock y se alejan un poco de la comercialidad que cogieron hace años con sus discos "Usar y Tirar", "Defectos Personales" o "Sopa Fría", así lo pudimos comprobar la pasada noche del 28 de diciembre en el Kafe Antzokia de Bilbao, donde ofrecían su segunda noche consecutiva en la capital bizkaína.
A última hora tomamos la decisión de pasarnos por allí para ver los nuevos temas de "Arenas Movedizas" en directo, un trabajo que huele y respira los sonidos clásicos del rock añejo o rock sureño que la banda nunca debió abandonar en el pasado, pero cuya identidad jamás se descalabró, todo hay que decirlo. Sus últimos discos, "Memorias de un Espantapájaros" y "Para no ver el final", con periodos de dos años entre ellos, marcaron el nuevo rumbo de la formación murciana, concretamente la de los dos componentes originales que quedan en la actualidad, Carlos Tarque y Ricardo Rupérez.
Como bien dijimos al comienzo de esta pequeña crónica, esta sería su segunda noche consecutiva en Bilbao, no sé si eso afectó o marcó a Carlos Tarque, quizás el cansancio hiciera que perdiera el ritmo y se olvidara en varias ocasiones (más de seis) la letra de algunos temas nuevos y otros no tanto. Gajes del oficio, tuvo que pedir perdón como buen profesional y sólo por eso, le perdonamos.
Casi dos horas de concierto, dedicado exclusivamente a su nuevo disco "Arenas Movedizas" empezando con "Rock & Rock del siglo XXI" y "Escucha mi Voz", este último es el primer single que ya ha contado con su correspondiente videoclip.
Destacar la gran banda que acompaña a Carlos y a Ricardo, son Cristóbal "Prisco" López a la guitarra, Iván González al bajo y Coki Giménez a la batería, músicos en mayúsculas que tuvieron mucho protagonismo y elogios a lo largo del concierto.
Tarque incombustible a la voz, se ganó al público como muy pocos saben hacerlo, no se cansa, no para durante los 120 de concierto, poses, gestos... Como anécdota comentar que a punto estuvo de dar con su pandereta a una chica situada en las primeras filas tras lanzarla hacia arriba y caer a escasos milímetros de la cabeza de la pobre muchacha.


























