Que la segunda fecha en la gira de Loquillo sea en tu casa es como para darse con un canto en los dientes. A pesar de ello teníamos ciertas dudas de que se acercase un montón de gente al Escenario Santander porque, tampoco vamos a ser necios, el precio de las entradas no era demasiado asequible. Por otro lado, también está claro que el espectáculo que montan estos siete señores, liderados por El Loco, realmente no tiene precio, y yo personalmente si tuviera que elegir me “reservaría” para ir a verles, aunque probablemente me doliera el tener que perderme otras propuestas. Pero al final el corazón y la buena música mandan y hay cosas a las que es imposible resistirse, por mucho que nos pese o que nos alegre, así que la sala (que es bastante grande) contó con muy buen aforo, no abarrotado (habría sido horrible) pero sí como para darse por satisfecho con los tiempos que corren. La verdad es que la acústica del Escenario Santander es bastante buena, los precios son normales y se consigue un ambiente acogedor a pesar de ser un espacio muy amplio. Y por otro lado tuvieron el buen detalle de poner la calefacción mientras aquello se iba llenando, y de poner el aire acondicionado cuando el sudor empezaba a hacer acto de presencia. Esto junto con un sonido que ralló la perfección, con un público más que entregado y con la ilusión de volver a ver a Loquillo sobre las tablas consiguió que pasáramos una velada estupenda, unos momentos mágicos y únicos de esos que te darían ganas de repetir semanalmente. Y es que esta banda es enorme, sobran las palabras para describir lo que te hacen sentir, no hay más que escoger una sola canción de entre cientos para que se avalen por sí mismos sin “peros” y sin concesiones. Tuvimos la suerte de estar en primera fila, para no perdernos nada de lo que esa noche pasó. La actuación comenzó a eso de las 10:15 ante una gran expectación y después del aplauso unánime de un público enfervorecido, tanto que a veces hacía difícil escuchar en plenitud Al Loco (todos hemos experimentado lo horrible que es tener a una persona detrás desgañitándose con todos y cada uno de los temas con una voz un tanto molesta, ¡¡jejeje!!). La noche comenzó a iluminarse con la luz propia que despedían siete grandes artistas sobre el escenario, y empezaron a ponernos la sonrisa en los labios con el primer tema de su último disco, “La nave de los locos (sin novedad en el paraíso)”. Cierto es que yo no había escuchado este trabajo, pero me quedaba ahí atónita, como si estuviese probando por primera vez una fruta prohibida. Estos temas tienen la misma fuerza y energía que los clásicos y consiguen que te quedes pegado. Desprenden tanto encanto (o desencanto más bien) y tanta crítica e inconformismo… tienen la chispa que hace encender la mecha. A mí sin duda me parece difícil encandilar tanto a la primera escucha. |
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Luego siguieron con “El hijo de nadie”, “Línea clara” y “María”, obteniendo el aplauso unánime del público en todas y cada una de sus incursiones, incluso antes de acabar de rasgar los últimos acordes. La gente estaba eufórica y gritaba al unísono entre tema y tema “A lo loco, a lo loco, se vive mejor”, y ante eso El Loco no podía menos que esbozar una tímida sonrisa, seguramente conteniendo una enorme carcajada. Y continuaron dejándonos dos canciones nuevas “De vez en cuando y para siempre” y “Planeta rock”, aunque como está claro en cualquier fan que se precie, daba igual que las melodías contaran con una veintena de años o que acabaran de nacer, la acogida y la respuesta era igual de espectaculares. Luego empezaron las míticas y resonaron con más fuerza que nunca “El hombre de negro” y “Cruzando el paraíso”, y ya en esos momentos el cielo y la tierra se juntaron para hacernos flotar en un mar de nubes. Las consignas fueron las mismas que siempre hemos visto, buenas letras, mejor música y una ACTITUD de esas que hacen desatar la envidia de hasta el más íntegro. Y como no, la “humildad” del Señor Jose María Sanz Beltrán, dando el merecido protagonismo a todos y cada uno de sus músicos, mostrándoles el mayor de los respetos y lo necesarios e imprescindibles que son sus aportes. La verdad es que se nota a la legua que son conscientes de que todos y cada uno de ellos son imprescindibles. La noche se siguió calentando al ritmo de las imprescindibles “El rompeolas”, “Rock suave” y “Las chicas del roxy”, entre otras, temas en los que Loquillo como siempre no paraba de moverse, de “posar” y de acercarse a su público. Sinceramente, me estaba dando hasta un poquito de miedo, ¡jejeje!. Que este gran hombre (no sólo en altura) se acerque a ti y cante mientras te mira a los ojos como si te desnudara el alma, es como para derrotar hasta al más valiente de los guerreros. |
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Como bien dijo el vocalista, llevándose un aplauso unánime, no es que sea una persona de hablar mucho en el escenario, porque, ya están sus canciones para expresar todo lo que quiere decir. Pero aquella noche nos quiso explicar el porqué de la canción “Luna sobre Montjouic”, tema publicado en su reciente disco, y con el que se tomó la licencia de sentarse y leer la letra de un papel. Eso sí, antes nos pidió permiso, ¡como para no dárselo!. Y también ironizó sobre otros artistas que tienen pantallas dónde les salen las letras porque ya no se acuerdan de ellos. No estábamos preocupados pensando que tal vez aquello fueran principios de Alzheimer o ninguna desgana, son cosas que pasan y la sencillez para reconocer lo evidente hace grande a cualquier persona. Después llegó el turno de otros de esos GRANDES e IMPRESCINDIBLES, de su “Rock & Roll actitud” y también tuvimos el lujo, no recuerdo en qué momento de escuchar “Rock & Roll Star”. Tal vez estos dos temas sean de los que más me han marcado de Loquillo, ya que son auténticas declaraciones de intenciones y de formas de vivir. “Contento” iba cerrando una actuación que fue un auténtico espectáculo y que nos puso a todos una sonrisa en los labios. Pero claro, en el tintero no se pudieron quedar las tres efes de “Feo, fuerte y formal”, la aclamada y censurada “La mataré” y el recuerdo para las madres que nos miran mal con “El ritmo del garaje”. Y finalmente la guinda del pastel la puso la estremecedora “Cadillac solitario”, un tema desgarrador que consiguió esa noche más que nunca ponerme la piel de gallina y que a punto estuvo de sacarme una lágrima de los ojos. Y es que escuchar ese “nenaaaa” arrancado de las entrañas es como para que se te parta el alma. Después de saludar a su público Loquillo y toda su banda abandonaron el escenario dejando una huella imborrable. Y aunque aquella noche faltara “Cuando fuimos los mejores”, creo que a todos nos ha pasado lo mismo, escuchando a Loquillo a todos se nos ha ido suicidando la juventud. |
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