¡Alta temperatura! Tenemos que seguir sacándonos el sobrero ante ellos. Lo de los irlandeses The Answer poco tiene que ver con pretensiones voraces de éxito o similares, más bien, fruto de la fuerza básica de la autoafirmación como impulso de vida y un dejar fluir lo musical de forma apasionada, sin inhibición alguna. Obviamente, se debe tener mucha clase y talento para tratar de recrear el estilo de iconos intocables (Led Zeppelin, Free, AC/DC o The Black Crowes) sin caer en la pretenciosidad o en el más puro de los ridículos, generando buenas vibraciones y buscando constantemente una complicidad con el espectador, más allá donde llegan las grabaciones enlatadas y sin tener necesidad de descubrir nuevos itinerarios, hasta allí donde el rock setentero se corona encima de los altavoces y la pura pasión blusera va inundando gozosamente la noche. Son grupos como éste los que permiten volver a confiar en la grandeza del rock. En la mayoría de las veces cuando una banda te llama más la atención por los grupos que te recuerdan que por ella misma, suele ser síntoma de indefinición e inmadurez, no es el supuesto de los australianos Tracer que pese a contener su música unas notables reminiscencias del stoner rock y el grunge de los 90, en su fondo no se esconde un vacío vacuo e intrascendente o una realidad supeditada en exceso a sus referentes más directos. En ellos, el trinomio actitud, imagen y gravitación funciona a la perfección, plasmándose en un despliegue de poderío en vivo absolutamente demoledor, tal como volvieron a dejar constancia esa noche, por un lado liberando una frescura virginal similar al que tiene cosas por contar y por otra dando la impresión de conocer estupendamente los cimientos de las últimas décadas, fluyendo todo su feeling sin ningún tipo de ataduras. |
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El público escaso, en ese momento, menos de la mitad del aforo, pero siguiendo y entrando en la atmósfera potente e intensa que iban creando, melodías cargadas de stoner rock que iban impulsando a embarcarse en un viaje astral hacia arenas pedregosas y desérticas, “Hangman”, “Devil Ride”, “Too Much”, inyectándolas una energía sonora más propia del rock actual, mediante estribillos fugaces y unos juegos de voces perfectamente construidos. El sonido, increíble, nítido en cualquier rincón de la sala, era todo cierta tensión por seguir ese hilo argumental en el que viajábamos sin darnos cuenta, “El Pistolero”, “There´s a Man”, “Wolf” y “Dead Garden” con el mismo talante no negociador y una similar capacidad para poner las pelotas sobre un salpicadero con el cuentakilómetros anclado en el 90, eternos jams instrumentales y melodías cubiertas con una aureola ampulosa de psicomotricidad espasmódica y mortíferos giros rítmicos que estuvieron casi a punto de provocar unos de esos delirios colectivos efímeros pero intensos. -Hangman |
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El que decidió quedarse en casa aquel sábado se equivocó y es que la cuarta visita del cuarteto irlandés de hard rock The Answer se saldó con su mejor y más ardiente actuación por estos lares, de largo. Sonaron clavadísimos, como un reloj suizo, desplegando una luminiscencia de sonido que casi rozaba lo celestial en una demostración de grandeza y fortaleza al alcance, en estos momentos, de contadas formaciones. Empujados por sus propias ganas y dominando el formato de mediano escenario, no dejaron lugar a las medias tintas, dedicándose en cuerpo y alma a rockear como ellos saben hacer ante una casi abarrotada sala. Entrando a matar con el arrojo de un guerrero mongol, plenamente concienciados de que las canciones no suenan solas que tras ellas han de tener unos músicos que las interpreten con entrega y las doten de sentimiento, compaginando a la perfección sus grandes cualidades: presencia, alta destreza y mucha fuerza y estructurando a las mil maravillas un repertorio muy coherente a la vez que deslumbrante. Si ya en sus discos los músicos irradian una extraordinaria capacidad musical e inteligencia para superar fronteras musicales, no os podéis ni imaginar la emoción que desprenden cuando se suben a un escenario, anexionando buen gusto musical con el alma y espíritu de unos Black Crowes y la conmovedora energía de los míticos Led Zeppelin. Enseguida quedó patente lo compacto de la banda, con momentos de gran vitalidad y poderoso brío rítmico, “New Horizon”, “Come Follow Me”, “Speak Now”, pasajes enérgicos y estribillos ganadores, transmitiendo su vocalista Cormac Neeson una energía capaz de iluminar el mundo y un sentimiento personal que hizo que el público acabase vibrando con él, flotando sus almas en una paz infinita. Un refrescante ejercicio de revival setentero, balanceándose entre el hard rock y el blues rock, sin caer en homenajes inmediatos ni en referencialidades excesivas, exclusivamente extendiendo su música con todo el sentimiento, logrando carambolas de feedback cuando los riffs atléticos de su guitarrista Paul Mahon, quien esa noche cumplía años, se abrían paso entre ritmos a paso ligero y voces asociadas con gancho melódico en “Nowhere Freeway”, “Spectacular” o “Comfort Zone”, intentando canjear su rutina diaria por sueños que durante un hora y media parecen cumplirse. |
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Un concierto soberbio del que me gustaría destacar tres aspectos: el genial sonido, la técnica y el descaro estilístico, sin olvidar tampoco la magia y complicidad que desprendían entre ellos, algo no muy usual en grupos que ya llevan bastantes años de carrera a sus espaldas y cuya combinación dio como resultado, uno de los directos mejor cocinados, vitaminados y mineralizados que hemos probado últimamente y quien lo prueba repite, seguro; decantándose por una presentación de lo más exhaustiva posible de su última obra “New Horizon” pero sin dejar de lado las canciones más representativas de trabajos anteriores como “Under The Sky”, en la cual Cormac se desdobló dando muestras también de sus grandes dotes a la harmónica, dejándonos boquiabiertos y sin palabras, la blusera “Memphis Water” en homenaje a todos los amantes del Whisky, las bajadas y subidones a base de riffs cortantes de “On And On” o el cierre final con la esperadísima “Preachin´” , en la que un servidor aún sigue regocijándose recordando la bajada del escenario de su vocalista hasta mezclarse con el público a un metro mío, pidiendo a gritos si estábamos preparando para el vendaval que nos venía encima. Viendo su actitud sobre el escenario es cuando cobra mas sentido que nunca el tópico de que el rock es un estilo de vida que deberíamos aspirar a alcanzar - New Horizon |
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