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Frank Carter and The Rattlesnakes + Kid Kapichi
14/11/2019 Colaborador: Route Resurrection
Mon Live Texto: Diego Desegé
Madrid (Madrid) Fotos: David Izquierdo
 
 
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Según el diccionario, las ganas son ese deseo o voluntad de hacer algo o de que ocurra algo. Y lo que yo experimentaba era precisamente eso, desde el momento en el que supe de la gira de Frank Carter con sus otros tres compañeros de escenario, los Rattlesnakes. Anunció sus conciertos en estas tierras después de lo bien que le fueron sus dos actuaciones en los Resurrection Fest, en las ediciones del 2015 y del 2018, llenando los alrededores del escenario, sobre todo en esa última fecha. Para esta ocasión, el motivo era doble, dando mayor importancia a la presentación de su último trabajo largo, llamado “The end of suffering”, lanzado a principios de este mismo año, y que tantos temazos nos ha dejado grabados, y también como banda abanderada en la iniciativa de Route Resurrection, que organizan las propias cabezas pensantes del festival homónimo, para traernos a España las bandas más demandadas por el gran público.

En las tres fechas que ha ofrecido en nuestro país, se ha rodeado de un grupo de confianza para él, los también británicos Kid Kapichi, con un estilo musical muy afín al suyo, primando el rock y el punk en todos sus tracks, siendo un grupo muy bien escogido para ir calentando las llamas del público, previos a la espera de a quien realmente queríamos ver y escuchar.

La jornada que nos ocupa, la del 14 de noviembre en Madrid, fue la de un jueves frío, pero que respiraba fuerza, ánimo y energía, y eso se dejó notar según llegamos a los alrededores de la Sala Mon Live, en donde se podía ver con facilidad una cola que daba la vuelta a la esquina de la calle, por lo que la celebración del concierto no tenía lugar a dudas, ni era posible perderse. Puntualmente, abrieron puertas a las 19:30, hora señalada en el programa, y mientras se iba concentrando el movimiento y la actividad en lo alto del escenario, el público comenzaba a aglutinarse a sus pies. La ausencia de foso complicó bastante nuestra tarea, pero entre saltos y empujones, conseguimos unos cuantos disparos e impresiones que llevarnos en nuestros bolsillos.

Como un mecanismo de funcionamiento exacto, a las 20:00 estaban los chicos de Kid Kapichi dando guerra acústica para combatir la calma de nuestros tímpanos, y durante la media hora que se les concedió el privilegio del protagonismo, nos bombardearon con sus temas más gamberros y enérgicos, rozando en muchos momentos las ásperas pieles del punk, y entrelazando sus estilos y sus ritmos con el gran monstruo del rock. Su cabeza de grupo, Ben Beetham, no nos dejaba de entretener con sus saltos, sus bailes, sus carreras de un extremo a otro del escenario, o todo su registro vocal, muy apto para su estilo musical. Y antes de que nos diéramos cuenta, el reloj les dijo que había acabado su turno.

  
Kid Kapichi
 

Una media hora que pareció más larga de lo habitual fue lo que nos separó de saludar personalmente al bueno de Frank, y mientras se realizaban los cambios de instrumentos y las pruebas de iluminación, llegaron las 21 en punto, y uno a uno, fueron apareciendo en escena los tres miembros de los Rattlesnakes, hasta que el último en perder su anonimato fue nuestro pelirrojo británico favorito. Y ya no hubo tregua alguna, empezando su espectáculo con Why a butterfly can’t love a spider, que además también hace de inicio en su último disco. Las voces, los saltos, los coros y las emociones afloraron muy fuerte desde este momento, sin intención de apagarse o apaciguarse hasta el final del concierto.

Algo que queda claro en cuanto observas la actitud de Carter, es que te lo vas a pasar bien. No, rectifico. Te lo vas a pasar de puta madre, dicho así, porque no quiero que se pierda sentido a lo que quiero transmitir. Ha sido uno de los mejores conciertos de mi vida, y ha sido posible gracias a que cada pequeña parte del todo funciona y tiene sentido y coherencia. Frank se lo pasa bien actuando, disfruta representando su música, y nos convierte al público en sus particulares amigos de parranda. Sus letras hablan de sí mismo, de sus traumas, de sus problemas, de sus monstruos, pero también de cómo los superó, cómo los venció, y de cómo conecta con nosotros, sus seguidores, para convertirnos en sus salvadores, los motivos por los que sigue adelante.

Y cómo no hablar del resto de la fiesta que se monta en sus citas con el micrófono. Hubo momentos de conversación y reflexión sólo con su voz, explicando las motivaciones de las canciones, y ahí está Anxiety, tema que desde el principio se convirtió en uno de mis preferidos, porque retrata la realidad de una persona, y no es únicamente un tema de rock interpretado por un artista mediático. Hubo momentos para los pogos, por supuesto, y no podré olvidar el baile exclusivamente femenino que Carter promovió mientras tocaba Wild Flowers, tema más cercano a una balada lenta que a esa energía punk que tanto le caracteriza, o el ya clásico de sus directos pogo en parejas, con Love Games sonando de fondo. Y personalmente, también me quedaré con ese momento en el que fomentó los pogos inclusivos, sin violencia, por disfrute, en el que si un compañero de saltos cae, todos le levantamos. Así sí, esa es la verdadera esencia de la música sana y respetable.

  
Frank Carter & The Rattlesnakes
 

Qué sería de Carter si no entra en contacto directo con su público, y cuanto más cerca estemos de él, mejor gesto muestra, como si le traspasáramos nuestra energía y vitalidad. Se bajó del escenario, bien fuera caminando o saltando, y mientras interpretaba Angel Wings, se movió como un pez siguiendo la corriente del público, hasta llegar al segundo piso de la sala, y literalmente, saltar sobre nosotros. Por un momento, pareció volar por encima de nuestras cabezas, haciendo alarde de unas alas que se había ganado con todo su mérito. Cuando le llegó el turno a Vampires, uno de sus temas más conocidos y queridos de su segundo disco, el frontman pasó por encima de toda una marea de manos que inundaba las alturas de la sala, sobre la cual mantuvo el equilibrio lo mejor que pudo mientras en ningún momento dejaba de entonar una palabra tras otra. Y para finalizar ese mismo tema, la masa que le sirvió de sustento le devolvió a su hábitat en el escenario, para estallar con una explosión de gritos y aplausos.

No podían escaparse de esa perfecta selección musical en la que quedaba clara la armonía entre el punk y el rock temazos del nivel de Kitty Sucker, Lullaby, o Heartbreaker, a los que yo considero indispensables de su trayectoria, y que me acompañan en formato estéreo o envolvente casi a diario. Habiendo seguido otras de sus actuaciones, cuando les llegó el momento a Crowbar yo ya sabía que se estaba acercando la despedida, y efectivamente, I hate you sirvió como un gran “hasta la próxima” para Frank y sus tres compañeros de instrumentos, tema que se ha convertido en el cierre de todos sus directos, y como ya es tradición cada vez que nos visita, traduciendo el estribillo por un “te odio” perfectamente pronunciado en acento británico. Con esto, quedó consolidada una hora y casi tres cuartos de pura declaración de amor por la música y por el placer y el disfrute de representarla hacia quienes la veneramos tanto como los que la crean.

Con una acústica muy buena, la sala Mon quedó a las puertas del sold out, y estoy seguro de que, si eso hubiera llegado a ocurrir, los fieles a Frank habríamos ocupado incluso los cuartos de baño o los techos con tal de haber podido asistir a su espectáculo. Todo un placer, todo un privilegio, y todo un grande al que pudimos entregarle nuestros sentidos, nuestros pensamientos y nuestros mejores recuerdos para una noche que nadie quería que terminase. Necesitamos más música así, pero sobre todo, que no dejen de aparecer figuras como Carter, con su actitud, con sus vivencias y sus experiencias, que convierten lo personal en lo artístico.

  
Frank Carter & The Rattlesnakes
 
 
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