COLABORACIONES
 Crónica
 
Festival Gigante 2021: Amaral + Arde Bogotá + La Bien Querida + Veintiuno
  28/08/2021     
  Luis Miguel del Campo     
  Luis Miguel del Campo
  Huerta del Obispo, Alcalá de Henares, Madrid
  
www.insonoro.com

Alcalá de Henares es una población muy atractiva; es hasta Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Pero tiene algún que otro defecto que no la hace ser absolutamente perfecta. Por ejemplo: no hay casa regional de la Región de Murcia (esto puede parecer una redundancia pero los murcianos saben bien que no lo es, aunque no lo haya escrito en panocho), por lo que nadie se dedica a divulgar la cultura y costumbres de esa comunidad autónoma en este municipio.

Sin embargo, como en Alcalá también son muy apañados, lo han solucionado de forma bastante ingeniosa; matando dos pájaros de un tiro, como se dice vulgarmente. Han conseguido que se celebre aquí el Festival Gigante para seguir disolviendo cualquier poso rancio que pudiera quedar y acabar de convertirla en una ciudad completamente moderna, y, como la organización de este evento ha programado un grupo murciano cada día del fin de semana, ha quedado resuelta la carencia. Al menos por este año. 

  
Ambiente
 

Veintiuno, grupo de Toledo (también Ciudad Patrimonio de la Humanidad), serían los que saltarían al escenario en primer lugar el sábado 28 de agosto. Poperos, muy poperos; tan poperos como un caramelo (que no por casualidad es el título de una de las canciones que más gusta a sus seguidores).

“Dopamina” es otro tema de pop con influencias de música negra, muy fresco y muy bien construido. Otros estimulantes con los que también obsequiarían al público fueron: “Anhelo”, “Salvavidas”, “Parasiempre”, “Cabezabajo”, “Desvelo”, “Haters”, “Nudes” y “Mi monstruo y yo”. Muy pegadizas todas; y la mayoría, hasta bailables.

Diego Arroyo asume todo el peso escénico en los conciertos. Desde el primer momento que pisan el escenario se convierte en el centro de atención. Canta, toca el piano, la guitarra y se comunica e interacciona constantemente con el público. Presentaban su tercer álbum, “Corazonada” (2021). Popero, sí. Muy popero: no cabía esperar otra cosa de ellos. Pero muy buen trabajo.

  
Veintiuno
 

A pesar de que sus canciones sean prácticamente monotemáticas y recurrentes, La Bien Querida consigue salir airosa cada vez que se la escucha. En cada tema desmenuza pormenorizadamente cada posible paso en una relación amorosa; cada situación que puede darse entre dos personas; cada giro, cada sensación, cada pensamiento, cada estado de ánimo… Y consigue que no nos sintamos sobrecogidos por una sobredosis de amor cuando acaban sus conciertos.

Su música es sosegada; sentida pero sin aspavientos interpretativos, incluso cuando canta “Muero de amor” en los conciertos. Sus propuestas conviene paladearlas sin prisa en su primera escucha, pues, dependiendo de cada oyente, éste puede necesitar buena predisposición, cierto grado de receptividad y sensibilidad para apreciarlas en su justa medida. Y de ausencia de prejuicios musicales.            

Ayuda mucho que siempre se hace acompañar de grandes músicos para crear las atmósferas que requieren piezas como “De momento abril”, “Poderes extraños”, “Los jardines de marzo” o “Dinamita”; o de otros artistas que cantan con ella como J y Muchachito (“Recompensarte”) y Diego Ibáñez (¿Qué?). Estas dos canciones las cantaría al final y sin colaboraciones, dejando a la parroquia bastante animada.

  
La Bien Querida
 

Llevo varias semanas preguntándome si hemos aprendido algo en este planeta desde la última vez que vimos a Amaral en Alcalá. Creo que desgraciadamente ya hemos vuelto a caer en los mismos errores que generaron la pandemia y otros desastres que padecemos. Y eso que tan solo hace un año que estuvieron por aquí. Un año que se ha hecho muy largo y que ha seguido siendo terriblemente doloroso.

En esta ocasión pudimos disfrutar del dúo acompañado por la banda al completo, lo que aumenta los matices de su espectáculo “Salto al color” y la riqueza de sus melodías.                                             

Eva Amaral saldría al escenario después de que Juan Aguirre y el resto de la banda ya llevaran allí unos cuantos segundos escuchando “Close encounters of the Third King”. Y aparecería soportando una bola de espejos que le cubría la cabeza. Se la quitaría para empezar a cantar “Señales”.

En ese momento los cuatro sectores de butacas estaban prácticamente llenos. Y sus ocupantes disfrutaban con cada nueva canción de Amaral porque el año transcurrido desde que estuvieron en Alcalá es Vida ha servido para que sus seguidores se supieran  su último disco de memoria y disfrutaran de los temas más clásicos interpretados en una escenografía espectacular. Todo ello, acentuado por la relevancia que se le daba a los músicos mediante la iluminación en cada momento y por el juego cambiante de colores de la superficie que ocupaba el fondo del escenario.

  
AmaralArde Bogotá
 

Las formas triangulares que formaban esta superficie, aparte de emitir colores, durante la interpretación de “Revolución” se convertirían en una pantalla fragmentada en trozos en la que se pudieron ver imágenes en blanco y negro correspondientes a la década de 1970 en España. La mezcla de imágenes con la letra de esta canción desataría la euforia de los asistentes, quienes no paraban de agitarse en sus sillas y levantar sus brazos. Fue un momento mágico. De profunda conexión entre los artistas y su público.

Mientras tocaban “Hacia lo salvaje”, en la parte en que han introducido el poema musicado de Rafael Alberti, tanto en los fragmentos del fondo como en las pantallas de los laterales del escenario se pudo ver a un caballo negro galopando. Negro, no blanco como era el del anuncio publicitario de aquella época.
Evidentemente también interpretarían otras canciones de su último disco y los clásicos que nunca faltan en sus conciertos. Los antiguos y los más recientes.

Al terminar, mientras se despedían y abandonaban el escenario, se pudo escuchar a Autrey Hepburn cantando “Moon river”. Una delicia.

  
Amaral
 

La cantidad de espectadores que permanecía en sus asientos cuando salieron Arde Bogotá era bastante superior a la de días anteriores a esa hora. No solo porque fuera sábado. Se notaba que es un grupo en auge; una revelación de este 2021 aunque ya hubieran dado a conocer sus primeras grabaciones al principio de esta pandemia.

Además, “La Noche”, su primer álbum, es conceptual. Un ejercicio de estilo en el que cuentan cómo es una noche de fiesta; reto que han superado con nota, como demuestra la gran aceptación que ha tenido por parte de crítica y público.

Han llegado dispuestos a todo. Preguntan si el rock ha muerto o se lo tienen que cargar. O a apuntarse al reguetón. La Noche acaba en que el protagonista fundará Cartagena en un exoplaneta, adonde se traslada con la conquista de esa noche para intentar que fragüe la relación. Esperemos que la historia acabe mejor que el relato de Ray Bradbury; quizá en alguno de sus siguientes trabajos nos cuenten cómo sigue.

Sus letras también hablan de las precarias condiciones laborales de los jóvenes de su generación, de las canciones de mierda que muchas veces hay que bailar antes de conseguir llegar a la “petite mort” al final de la noche; en estos momentos, además,  evitando la muerte. No se andan con demasiados remilgos en sus letras. No son pretenciosas. Y sus canciones resultan enérgicas y contundentes en directo.
En el concierto no seguirían el orden del álbum porque, además de éste, también ofrecerían temas del EP, anterior, “El tiempo y la actitud”.

Además, a estos cartageneros también les queda tiempo para intentar salvar el Mar Menor. Durante su actuación harían un llamamiento reclamando la ayuda del público.

  
Arde Bogotá
 

Mientras que en el Festival Gigante se habían cumplido escrupulosamente todas las normas y recomendaciones sanitarias para evitar contagios, después del cierre del recinto ferial, esa noche se empezaron a concentrar infinidad de jóvenes que, venidos de diferentes localidades y como si hubieran sido convocados previamente, se pondrían a hacer botellón en la Plaza de Cervantes.  

¿Son estos jóvenes los que no se manifiestan para protestar por su futuro incierto, por sus pésimas condiciones de vida o para oponerse al  desmantelamiento de lo público porque hasta ahora tenían a quienes lo hacían por ellos? ¿Los que se dejan llevar por la inercia simplista son conscientes de lo mucho que estaban haciendo por ellos año tras año los mayores que sí protestaban y han ido falleciendo durante esta pandemia?

Sin embargo, los anestesiados sí reivindicaban esa noche su derecho a emborracharse masiva y estruendosamente hasta altas horas de la madrugada en el centro del municipio sin tener en cuenta ninguna de las recomendaciones sanitarias.

¿Libertad? No, otra nueva forma de convertirse en torrezno; que bien podría ser el título de una canción de Carolina Durante.   

  
Arde Bogotá
  
 
 Fotos
 
  
 
Veintiuno - La Bien Querida - Amaral - Arde Bogotá
 
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