COLABORACIONES
 Crónica
 
Extremúsika 2022: Boikot + Mafalda + Desakato + Trashtucada + El Canijo de Jerez...
  06/10/2022     
  Cristina Peligros     
  Cristina Peligros
  Recinto Hípico, Cáceres, Cáceres
  
www.insonoro.com

Por fin. 2022: el verano de la vuelta a la vida.

Organización y asistentes al Extremúsika han visto cómo durante la primavera y el verano todos los festivales que llevaban en standby desde 2020, y otros tantos nuevos, retomaban la música, las multitudes y la fiesta, mientras ellos esperaban pacientemente su turno.

Y el esperado momento del Extremúsika llegó el pasado 6 de octubre. Con un cartel cargado de grandes nombres, apostando mucho por un público joven y sin olvidar a los artistas locales -el festival ha contado todos los días con bandas extremeñas-, a las cinco de la tarde del jueves el festival daba su esperado pistoletazo de salida.

A la misma hora que el primer servicio de autobuses abandonaba el centro de Cáceres dirección al recinto, abrían la veda los placentinos Pan-Z. A ritmo de punk rock, los extremeños, arropados por un grupo de fieles, hicieron frente al sol durante una hora en una tarde digna de un agosto pre-calentamiento global, dando caña contra la “Radiación nuclear”, invitándose a “Otra Tekila” -literalmente- y repasando sus temas desde los 2000 hasta la actualidad.

  
Pan-Z
 

Siguió la tarde con Rayden, la apuesta del Extremúsika para apretar las tuercas de muchos de los que dudaban si cogerse el viernes libre, si escaparse antes del trabajo o si merecía la pena pagar la noche extra. A las 6 de la tarde, el escenario Mr. Bellota congregaba ya a una multitud de personas, entre los afortunados que pudieron y los valientes que quisieron huir de sus obligaciones a media tarde de un jueves de octubre.

“¿Qué cabe en una canción?” Durante los siguientes 60 minutos, la formación liderada por el complutense David Martínez contestaría a su manera a la premisa propuesta en su introducción; los beats electrónicos complementando a batería, guitarra, bajo y las voces de Rayden y Mediyama.

Inició guerrero con “Itaboy!”, “Habla bajito” y “Pólvora mojada”, para descansar después en la conversación íntima de “A mi yo de ayer”. Siguió visitando sus últimos lanzamientos, como la propuesta eurovisiva “Calle de la llorería” o “Una fiesta en tu nombre”.

La conexión con su gente era innegable y, sin embargo, yo no terminaba de entender por qué todos estaban “tan tranquilos”, tirando a estáticos… Y entonces sucedió: “Ubuntu”. Una canción que, según Rayden, sigue en el repertorio por obstinación popular. “Con vuestro brazo izquierdo rodead a la persona de vuestra izquierda. Con vuestro brazo derecho, a la persona de vuestra derecha.” Y así, abrazados a desconocidos, “seamos un todo, Todos para uno y uno para todos”, rompió la música y los saltos y las risas y las gargantas y la química.

En pleno subidón me pareció buena idea escaparme unos minutos. Volví escuchando cómo cientos de personas coreaban a gritos “Haz de luz” y llegué justo a tiempo para ver cómo volaban globos de colores acompañando a “La mujer cactus y el hombre globo” (preludio de la que será su primera novela).

  
Rayden
 

Mientras, en el escenario Don Porky, un joven power trío cacereño, Los River Riders, defendía el encomiable reto de hacer la contra a Rayden con su propuesta de música surf y rock, viajando a los años sesenta americanos con los incondicionales que se unieron a ellos. 

  
Los River Riders
 

María Peláe no dio tregua. La cantautora malagueña, girando con su último disco La Folcrónica, salió a quemar el escenario y no quedó pie en el suelo o manos que no se arrancaran a unas palmas o unas florituras, por muy del norte que vinieran. Desde el minuto cero.

Dice que "Tengo a Spotify loco porque no sabe donde meterme". Y es que tan pronto versiona a La más grande con su imposible -bueno, improbable- “Cómo me las maravillaría yo”, como fusiona un “La niña” con ritmos internacionales. Mención aparte merece la frenética “Si se achucha, entra”, presentada con una narración que aglutina zulos acogedores, humedad, mucho curry, vinito dulce y a Lola Flores y que ha cobrado vida propia, habiéndose convertido en una parte tan imprescindible del directo como la propia canción.

Y si entre broma y broma la verdad asoma, entre canción y cante, y risotada y baile, y aplauso y grito, deja las cosas muy claras. Y es que a la vez que impregna con humor y una energía optimista todo lo que dice y todo lo que canta, dispara a matar con sus letras cargadísimas de mensaje y de crítica social.
Y así, de repente, eran las ocho.

Y es que, con conciertos de 60 minutos -sin tregua, apurados al máximo-, el que parpadea pierde.

  
María Peláe
 

Le tocó el turno a Mafalda. Durante toda la tarde había ido llegando cada vez más gente y los valencianos pudieron inaugurar oficialmente los pogos a ritmo de hardcore fusionado con ska, reggae, funk… de la mano de un público entregado que coreaba sus letras combativas de marcado carácter feminista.

Las voces de Vera, Bárbara y Marcos, al frente de la banda formada además por seis instrumentistas (batería, bajo, dos guitarras, trombón y saxo), arrancaron gargantas y suelas -y quizá alguna conciencia- al ritmo de los temas de su último disco “Les infelices” (“Haw haw”, “Los chicos no lloran”, “Cura Sana”, “Les infelices”) sin olvidarse de los éxitos de sus anteriores álbumes: “Necesarias pero absurdas”, “En guerra”, “Las que faltaron”...

Revisaron los privilegios, las masculinidades hegemónicas y el amor romántico; recordaron a las olvidadas de la historia; reivindicaron las nuevas identidades, reclamando su lugar en la sociedad… con sus letras cargadas de crítica social, mientras las miles de personas que ya ocupaban el recinto, muchas de ellas caracterizadas acorde a la estética de la banda, gritaban, saltaban y bailaban al compás de su fuerza y energía.

Sonaba “Barby Girl” mientras se despedían y los músicos de Antílopez se unían a la fiesta desde el escenario adyacente, un par de minutos después de las nueve y a punto de comenzar. “A la derecha, con millones de presupuesto, la industria musical. Y a la izquierda, dos cancionistas a los que les sobra mes a final de sueldo.”

Así de claro es el dúo de Isla Cristina respecto a su posicionamiento frente a la industria musical, a la que los onubenses dedican varias de sus canciones a lo largo de su discografía: “Mientras” abre su último disco, “Mutar fama”, y también su gira del mismo nombre.

  
Mafalda
 

La primera vez que vi a Antílopez en directo, mi sensación fue que más que giras de presentación del disco, ellos lanzaban discos de presentación de la gira. Más que un concierto, su show es una “performance” que integra sus canciones en un todo más abstracto, con mucho humor canalla y mucha compenetración con su público.

Acompañados de su banda, las restricciones de tiempo les hicieron acortar todas esas puntadas que tejen sus canciones entre sí para incluir el mayor número de temas posible. Y si hace pocos años bromeaban con que más de la mitad de las salas que visitaban habría venido engañada por la otra mitad -las manos en alto solían respaldar esta teoría- el jueves estuvieron bien rodeados de fieles que coreaban sus canciones y les pedían incluir una u otra en el repertorio a última hora.

“Nuestro estilo es no tener estilo. Hacer lo que se nos sale de la polla”. Así se definen ellos mismos, y lo demuestran defendiendo con la misma facilidad desde sus canciones más íntimas, como “Canción privada”, hasta su bachata “Sabor a malta”. Bailando de género en género y de tema en tema, entre sus canciones más críticas, las más introspectivas y los juegos de palabras. “Activíctima”, “La fiebre del lodo”, “Prefiero”, “Musa en paro”, “La cobradora del track”, “La gatita presumida”... Para acabar en modo rave con “Vuélcalo to ya” y dejar el ánimo en todo lo alto y al público preparado para la estampida que son los directos de Desakato.

  
Antílopez
 

Siempre, siempre, siempre que veo a Desakato en directo me provoca mucha curiosidad cómo podemos montar tal jauría, cómo podemos bailar y beber tanto, cómo provocan tanta energía y tanta fuerza, a la vez que cantan letras tan apocalípticas como que “llegará el día en que [...] la mejor herencia que dejar a nuestros hijos sea un disparo en la cabeza”.

Se dice que una ardilla podría cruzar la península sin llegar a pisar el suelo solo saltando de escenario a escenario que ha pisado Desakato en los últimos años. Y entre directo y directo, han llegado a crear una simbiosis muy potente con su manada, que ya les esperaba más de media hora antes del inicio: tema a tema, bloque a bloque, los animales hambrientos rugen sobre y bajo el escenario, instigados por la fiera en la que se convierte Pepo cada noche encima de las tablas.

Antes de que nos diéramos cuenta, había llegado el tiempo de descuento y tuvimos que agarrarnos a los últimos pogos al ritmo de “Cuando salga el sol”, seguros de que esa ardilla seguirá acumulando tablas por las que saltar y que en alguna de ellas nos volveremos a ver.

  
Desakato
 

En el escenario Mr. Bellota, una multitud se apelotonaba para disfrutar de los directos de Nach y de Recycled J. Apenas dos canciones bastaron para que al fin cayera como una losa la idea que llevaba planeando delante de mis ojos durante toda la tarde: los escenarios de rock -“los míos”- ya no eran los del público joven, que se aglutinaba mayormente en este tercero. Ouch.

¿La parte buena? Que al menos en los escenarios de rock una podía moverse con relativa libertad por todo el espacio, mientras en este tercero tendían a apegotonarse más con tal de ganar unos centímetros de cercanía a sus estrellas.  Bueno, quien no se consuela es porque no quiere…
  
Nach
 

Una vez aceptado que, de seguir existiendo tuenti, ya me habrían echado, volví a mi hábitat natural. Allí, El Canijo de Jerez daba algo de tregua al punk rock y cambiaba de tercio a ritmo de flamenco y rumba, repasando sus temas en solitario y los grandes éxitos de su etapa “delinqüente”. Aproveché un rato para escaparme a cenar a los puestos de comida, con una vista privilegiada del escenario y acompañada de otros tantos hambrientos que coreaban con la boca llena de kebap las míticas canciones de la banda andaluza y que también desde sus mesas encendieron sus linternas en “El aire de la calle” para conmemorar al Migue y a todas esas personas queridas que echamos de menos.

  
El Canijo de Jerez
 

Acabó El Canijo en volandas con “Volar sin alas” a la una menos cuarto y sin apenas tregua comenzó Boikot a dar caña en el escenario contiguo. Aunque había quien se había escapado del recinto ya, bien para trabajar al día siguiente, bien para recuperar fuerzas de la paliza del viaje, todavía a la una se congregaba una multitud para disfrutar del directo de una banda activa ya 35 años, que se dice pronto. Imprescindibles en cualquier festival rock nacional que se precie, también en Cáceres pudimos levantar polvo al ritmo de sus himnos antifascistas.

  
Boikot
 

Estos fueron mis últimos pogos del jueves antes de unirme a la partida de “traidores” que ponía rumbo a una cama. Mientras esperaba al autobús (solo había un autobús así que tuve que esperar media hora a mi turno) pude escuchar a Trashtucada haciendo saltar a los valientes -o afortunados- que aún aguantaban, y pude llorar un poquito por no haber llegado a gozarlo con Sínkope, que empezaría a las 3:15.

Pero mañana tocaba más, así que recién aceptada mi condición de “señora” agarré la almohada y acabé un largo día con un elegante y necesario fundido a negro.

  
Trashtucada
  
 
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