Normalmente esto lo dejaría para el final, pero quiero decirlo ya, el concierto que viví de Gogol Bordello en La Riviera ha sido, sin ninguna duda, uno de los más divertidos que he visto en toda mi vida. La velada empezó a las 19:20 con Split Dogs, con una Riviera muy por debajo de su capacidad, no seríamos ni 100 personas. Esto, cuando tu aforo supera las 2000, tiene que ser desolador desde el escenario. Sin embargo, la banda se lo tomó con un humor, animando a la gente a acercarse, ya que había espacio de sobra. Split Dogs no se vinieron abajo y con ese panorama lo dieron prácticamente todo, desplegando su música, mezcla de punk y hard rock, destacando en especial su vocalista, Harry Martinez, que no dejó un centímetro de su espacio sin recorrer. Poco a poco se iba llenando algo más el recinto y eso se notó especialmente en la respuesta del público, cada vez más efusiva. Si algo consiguieron fue calentar el ambiente. Sin embargo, aún quedaba mucha gente por entrar. Desde mi posición no pude confirmarlo, pero diría que la sala debió estar a un 75 % de su capacidad. Además, la hora anunciada para la salida de Gogol Bordello se retrasó casi 30 minutos, así que todo lo que habían conseguido Split Dogs, se perdió. O no. |
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A Gogol Bordello les bastó plantarse en el escenario e iniciar con “Sacred Darling” para tener a todos los asistentes a sus pies. A sus pies, o saltando, o haciendo pogos… Y así durante la más de hora y media hora de su actuación. Prácticamente todo su show fue un derroche de energía sobre las tablas. Salvo su batería, todo el grupo no paraba de animar, moverse, bailar. Podría estar usando la palabra “fiesta” durante el resto de la crónica y ni aún así me quedaría cerca de lo que se vivió. Por si eran pocos en el escenario, siete, sumaron a dos más para varias canciones, Victoria Espinoza y Kay Bontempo de Puzzled Panther, que siguieron de sobra el ritmo de los demás. De hecho hasta incluyeron la colaboración entre ambas formaciones, “From Boyarka to Boyaca”. Cada pieza era celebrada, cantada, saltada, gritada, lo que queráis. Tanto es así que hasta alguien empezó a tirar confeti que trajo por su cuenta. A mi alrededor sólo veía gente sudando y con ganas de más. |
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El único momento más propio para la calma fue, y muy relativamente, la interpretación de la más tranquila “Alcohol”. Previo a ello hubo problemas con el micro de Eugene, y él podría haber estado parado, esperando a que se lo arreglaran, pero mientras empezó a tocar varias piezas como “Misirlou” de Dick Dale (sí, la de Pulp Fiction). No quisiera alargarme más porque va a ser dar vueltas sobre lo mismo. Mencionar la fiesta abajo y arriba del escenario. La locura que se desató por toda La Riviera, una y otra vez. Nunca me pongo a dar consejos ni recomendaciones en las crónicas porque es harto absurdo, pero por favor, os guste o no lo que hacen, hay que ver a Gogol Bordello en directo al menos una vez en la vida. Yo me arrepiento mucho de que esta haya sido la primera. |
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