COLABORACIONES
 Crónica
 
Sinkope + Mala Hierba
  01/11/2025     
  Mario Luis     
  Mario Luis
  Sala La Riviera, Madrid, Madrid
www.insonoro.com

A principios de octubre del año pasado, Sínkope anunció las primeras fechas confirmadas de su extensa gira de 2025, y anunció que la misma terminaría el uno de noviembre en La Riviera, lugar en el que ya se reencontró con su público en abril de 2022 después del parón pandémico.

A medida que avanzaba el año, se iban incluyendo nuevas fechas al cartel, que terminó cubriendo prácticamente la totalidad de nuestra geografía y que incluso incluía paradas al otro lado del atlántico; cosechando importantes cifras de asistentes tanto en salas como en festivales.

Tras una larga espera que se hacía interminable, finalmente llegó noviembre, y con él, el día señalado trece meses antes para despedir la gira por todo lo alto. Las entradas estaban agotadas y desde varias horas antes de la apertura de puertas, ya se formaban grupos de sinkoperos en las inmediaciones de la sala.

Pero una fiesta así necesita un invitado, y para esta ocasión pudimos contar con la presencia de Mala Hierba, formación mallorquina que empezó a fraguarse en 2016 y lanzó en 2019 el primero de los tres trabajos de larga duración que conforman su discografía. Formación que, a fuerza de girar y de ofrecer un directo contundente y honesto, ha ido creando una legión de fieles seguidores que les acompañan allá donde van.

  
Mala Hierba
 

El concierto empezó con “Mi pecho rasgaré”, segundo corte de su álbum debut Quiero Decir y que permite hacerse una idea muy aproximada del sonido que ofrece la banda: un rock basado en unas letras que narran historias y describen situaciones en las que muchos y muchas podríamos vernos reflejados, envueltas en unas guitarras muy en la línea del rock de los 90 y sostenido sobre una base rítmica cuya batería y cuyo bajo terminan gobernando los latidos de quien los escucha.

Continuamos con “Buscando ventanales” y “Os cedo los estribos” mientras la sala, que en un primer momento había registrado un poco menos de media entrada, se iba llenando lenta y progresivamente. Si me lo permitís, me gustaría compartir y/o discutir la idea con quien me esté leyendo de que quizá si los precios de las consumiciones en barra de los recintos no fueran tan exageradamente altos, muchas de las personas que se quedan fuera en los bares o los parques esperando a que empiece el concierto principal, entrarían desde el principio y los teloneros estarían mucho más arropados.

  
Mala Hierba
 

Independientemente de esto, habían bastado un par de canciones para que se creara un ambiente festivo cargado de buena vibra que invitaba a los presentes a cantar y a moverse al ritmo que proponía Mala Hierba, quienes siguieron mostrándonos una selección de sus mejores temas, y demostrándonos que han alcanzado un gran nivel de madurez como banda -entre cuyos miembros se aprecia además un alto nivel de compenetración y complicidad-.

El tramo final del concierto estuvo compuesto por “Hojas nuevas”, “Sentado en el camino” y “Media Ración”, para terminar finalmente con “Quiero que vengas”, posiblemente la canción más popular de los mallorquines, que cuenta con algo más de tres millones de reproducciones en Spotify.

En resumen, podemos afirmar que la actuación no sólo estuvo a la altura de las circunstancias, sino que superó de largo las expectativas, proporcionando una experiencia de puro rocanrol a los asistentes y dejándolos con ganas de volver a disfrutar de su directo tan pronto como sea posible.

  
Mala Hierba
 

Tras el oportuno cambio, fueron nuestros anfitriones pacenses quienes, mientras se lanzaba “Extremadura” de Pablo Guerrero a modo de intro, tomaban posiciones en el escenario y se disponían a dar, una vez más, lo mejor de sí mismos a un público llegado de todas partes que, a estas alturas, es casi una familia, y que se ha convertido con los años en uno de los mayores activos de la banda capitaneada por Vito Iñiguez.

“Esquinas”, primer corte de Creer y Luchar (2024) fue el tema elegido para abrir un concierto que Madrid llevaba esperando más de un año. Y no tardamos en comprobar lo que se dice de que, efectivamente, la espera alimenta el deseo, pues a la segunda estrofa la sala entera había arrancado ya a cantar con la banda, mostrando un alto nivel de entrega.

Después de saludar en todas las lenguas oficiales del estado, continuamos con “No se dijeron ni mu” y con un pequeño saltito atrás en la discografía a través de “La alegre tristeza”, convertida ya en un himno a la libertad sexual; y “Por pensar le dio al hombre”, canto de amor a la Tierra, perfectamente enlazada con “Mi barca y mi mar” -canciones que sirvieron para que se animaran a cantar quienes aún no se han aprendido el nuevo disco-.

  
Sínkope
 

Acabábamos de empezar y ya se había desatado la euforia; nadie pensaba en nada que no fuera vivir el momento, y lo que ocurriera fuera del recinto poco importaba. Sólo existía el aquí y el ahora, y esa es parte de la magia de Sínkope: hacer que nos olvidemos del resto.

Ahora había que mantener el nivel, y eso es algo que estos cinco músicos saben hacer mejor que nadie, levantando a su público en cada canción, como hicieron en “Matar se me olvida”, “Llamando a mi bruja” o “Hacer puentes”, canción durante la cual Diego dio la vuelta a su guitarra mostrando un folio adherido a la misma en el que podía leerse “7291”, mensaje inequívoco de homenaje a los usuarios de residencias fallecidos en Madrid durante la pandemia y al mismo tiempo crítica feroz a la gestión que hizo de la misma el gobierno de la Comunidad.

La segunda mitad del concierto comenzó  con “El carro de la vida”, “De vuelta de na” y “Elegantemente desnuda”, canción que incluye varios cambios de ritmos y que supone la preparación perfecta para afrontar “Si querer me va a doler” y “Sin ti no hay color” en perfecto estado de forma.

  
Sínkope
 

Momento especialmente emotivo fue la interpretación de “El mar en los ojos”, canción dedicada al recuerdo de Álvaro González Delicado, anterior road manager y amigo personal de la banda, fallecido repentinamente en julio de 2020.

A partir de aquí, encaramos la recta final como quien llega al kilómetro 41 de un maratón o al decimosegundo asalto de un campeonato del mundo del peso medio, exhaustos y magullados, pero con el ansia de dar lo poco que aún nos queda para hacer que el final sea apoteósico. Y la banda debió de pensar exactamente lo mismo, pues el nivel de entrega durante “Cuando no te pones falda” o “En tarros de miel” constituía una invitación a vivir aquellos últimos compases con frenesí.

  
Sínkope
 

Frenesí que fue primero apaciguado y después llevado al extremo con “Le voy a cobrar a tus labios tus miradas”, canción que cerró el concierto, que fue cantada con entusiasmo y visceralidad por todos los presentes y que hasta incluyó una petición de matrimonio por parte de un espectador de la primera fila a su pareja.

Tras una fuerte e interminable ovación, Sínkope se despidió de Madrid como quien sabe -porque se lo ha ganado a pulso- que ésta siempre será su casa y que aquí será siempre recibido con una mezcla de impaciencia y entusiasmo.

  
Sínkope
 
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Mala Hierba - Sinkope
 
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