Una de las cosas que más agradezco de dedicarme a esto es la oportunidad de descubrir artistas con los que, de otra manera, posiblemente nunca hubiera llegado a cruzarme y por los que he terminado desarrollando una gran admiración. Un claro ejemplo, para mí, son los suecos The Baboon Show, a quienes vi por primera vez en Madrid hace tres años porque el compañero que iba a cubrirlos falló a última hora. Aquella experiencia fue de tal magnitud que, cuando surgió la posibilidad de ir a verlos a Zaragoza, no me lo pensé dos veces. Finalmente, el pasado cuatro de diciembre llegué, tras varias horas de carretera, a La Casa del Loco -una de las salas más emblemáticas de la capital aragonesa- dispuesto a narrar lo que sucediera de la mejor manera posible. Los encargados de abrir la noche fueron los valencianos Deaf Devils, de quienes tenía muy buenas referencias a través de fuentes muy fiables, y quienes salieron al escenario ataviados cual drugos, vaso de leche incluido, mientras sonaba la melodía principal de la icónica película de Kubrick. |
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“Point and shoot” fue la canción elegida para abrir un show que empezó de manera explosiva, moviendo al público prácticamente desde el primer acorde y metiéndoselo en el bolsillo gracias a sus ritmos frenéticos y la desgarradora voz de su vocalista Lucyfer. Una vez hechas las presentaciones, vinieron “Tonite”, segundo corte de su hasta ahora único álbum, publicado este mismo año, y “Dancing with the Devil”, canción durante la cual Pipe aprovechó para brindar y compartir cerveza con algunos espectadores próximos a un escenario que parecía haberse quedado pequeño para el derroche de actitud de la banda. Y así debieron sentirlo los músicos, pues mientras una bajaba a cantar perdiéndose entre el público, otro se encaramaba al truss y otros dos (Kuba al bajo y Erik Von a la batería) tocaban con tal violencia que gobernaban los latidos de todos los que estábamos allí. |
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Tras un rápido cambio de vestuario, Lucyfer volvió al escenario a interpretar la canción que lleva su nombre, aunque tampoco duró mucho encima del mismo; pues no tardó en volver a bajar, esta vez acompañada del resto de la banda, quienes tocaron las últimas canciones del repertorio a pie de pista rodeados de un público preso de la euforia que parecía disfrutar de aquello como si fuese su último día de vida. “Offer”, “Too much” y “Deaf” advertían que se acercaba el final de un concierto que terminó con “Boom”, seguido de un estallido de aplausos que se prolongó todo lo que tardaron los músicos en despedirse y recoger el equipo. |
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La actuación de Deaf Devils sobrepasó de largo las ya de por sí altas expectativas que teníamos depositadas. Y aunque quizá sea un poco pronto para afirmar, como aseguran algunos medios, que constituyen el relevo del punk, estamos seguros de que están llamados a hacer grandes cosas… y nosotros esperamos estar ahí para verlo, y contarlo. Tras el oportuno cambio, pero sin tiempo para que el público se enfriase, Niclas ocupó su lugar a la batería y pronto fue acompañado por Cecilia, Frida y Simon para empezar su concierto a ritmo de “Be a Baboon”. Ya desde un primer momento, el nivel de intensidad tanto encima del escenario como entre el público parecía presagiar una salvaje tormenta… y el presagio terminó quedándose corto. |
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La formación sueca -que nos tiene acostumbradxs a cantar, saltar y sudar- nos mantuvo con las pulsaciones al límite sirviéndose de temas como “God bless you all” o “Forward in reverse” mientras Cecilia iba de lado a lado de la sala, subiéndose a las barras y desatando el caos, en el buen sentido del término. En un momento dado, los espectadores cambiaron los aplausos por las risas cuando Simon cantó un fragmento de “Fire” y agradeció, en un perfecto castellano, la buena acogida que había tenido el concierto y confesó que es capaz de hablarlo bien, pero que no entiende ni una palabra. Tras “No afterglow” y una interpretación de “It´s a sin” en la que la guitarra sonaba más y más deprisa, Cecilia se lanzó al público y fue llevada en volandas durante varios minutos; justo antes de pronunciar un contundente discurso y, ya de paso, mandar un recadito para Donald Trump que podía entenderse en cualquier idioma a modo de introducción de “Class wars”. |
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Con “Same old story” y “Tonight” fuimos encarando la recta final, de la que también formaron parte “Radio Rebelde” (tema que asciende a la categoría de himno, aunque sólo sea de 2018) y “Lost you in a second”, que fue exprimida como si el mundo fuera a acabarse a continuación. Y menos mal que no se acabó, porque aún nos faltaban “Oddball” (con la que tantxs de los que estábamos allí podríamos sentirnos identificados…), un frenético popurrí de clásicos de la banda que contó con la colaboración de Deaf Devils, en perfecta sinergia, y que fue como abrir la caja de los truenos; “Shame” y, cómo no, “Me, myself and I”, que puso fin a una noche que sobrepasó los límites de lo salvaje, que puso a prueba el nivel de entrega de unos y de otros, y que supuso un completo éxito en todos los sentidos posibles. Desconocemos de quién fue la idea de juntar a estas dos bandas en el mismo cartel, pero necesitaremos varias vidas para agradecérselo lo suficiente. |
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