Si hay ahora mismo una banda acostumbrada a colgar el cartel de “entradas agotadas”, esa es, muy probablemente, La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Un hecho que, paradójicamente, les ha convertido también en una de las principales víctimas de Wegow, dejándolos en una situación que roza lo crítico. Aun así, la formación burgalesa está haciendo un esfuerzo titánico por cumplir los compromisos adquiridos con su público. Un público que no solo es consciente de ello, sino que además muestra un enorme nivel de gratitud. El pasado cinco de diciembre, La MODA hizo parada en el Teatro de Las Esquinas de Zaragoza para reencontrarse con sus seguidores aragoneses… y con muchos otros llegados desde distintos puntos del país. En los minutos previos al inicio del concierto podían escucharse acentos —e incluso idiomas— muy diversos en los corrillos de fans que aguardaban nerviosos el comienzo de la actuación. El concierto arrancó con un ligerísimo retraso y un redoble de campanas que dio paso a “San Felices”, tema que abre su último álbum, publicado este mismo año. Le siguieron “Letra Helvética” y “Alsa pa Madrid”, también pertenecientes a este nuevo trabajo. Un disco que buena parte del público ya parecía tener más que asimilado, pues muchos comenzaron a cantar desde el primer verso y no dejarían de hacerlo hasta el final. |
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Para quienes necesitaban reencontrarse con el repertorio anterior, el grupo dio a continuación un pequeño salto atrás hasta Salvavida (de las balas perdidas) (2017) con “La inmensidad”, “Una canción para no decir te quiero”, “Mil demonios” y “La vieja banda”. Como apunte anecdótico, cabe destacar que, si ya durante este bloque resultaba complicado seguir los constantes cambios de instrumentos de algunos de los músicos, cuesta imaginar la complejidad del trabajo del equipo técnico que acompaña a la banda. El siguiente tramo volvió a centrarse en San Felices, con “La vida en rosa”, “Los tiempos que vivimos” y “No te necesito para ser feliz”, un título que no solo habla por sí solo, sino que además aparece estampado en la que probablemente sea ahora mismo la camiseta más vendida de su catálogo de merchandising. A partir de aquí, la estrategia fue clara: terminar de presentar las canciones nuevas y enlazarlas con otras que, con el paso del tiempo, se han convertido en imprescindibles de sus directos, como “La molinera”, “Catedrales” o “PRMVR”, grabada en su día junto a Gorka Urbizu para el álbum La primavera del invierno. |
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Y la fórmula no pudo funcionar mejor. El público se mantuvo entregado en todo momento y se creó un ambiente tan festivo y cercano que muchos nos olvidamos, aunque solo fuera por un rato, de cualquier cosa ajena al espectáculo, disfrutando de un pequeño paréntesis en nuestras vidas. “Desde Marte”, “Subiendo como el Chava Jiménez”, “Píntalo todo de negro” y “Si bailas, bailo” fueron las últimas canciones de San Felices en sonar. Durante este tramo, Álvar y Nacho bajaron en un par de ocasiones del escenario, antes de encarar una recta final formada por “Hay un fuego”, “Nómadas”, “Los lobos” y “Miraflores”. Tras desaparecer entre el humo del escenario, los músicos regresaron unos instantes después para agradecer el apoyo y el cariño del público, hacer una breve pero directa mención a su antigua ticketera y cerrar por todo lo alto con “1932”, “Héroes del sábado” y “Mañana voy a Burgos”. Una traca final que desató una enorme ovación y puso el broche a un concierto que responde, con hechos, a la pregunta de cómo es posible que una banda de folk castellano agote entradas allá donde va. Nosotros, desde luego, ya estamos contando los días para volver a verlos. |
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