Carlos Escobedo convierte Madrid en un refugio emocional antes de Navidad El Teatro Eslava acogió una noche de música desnuda, memoria compartida y canciones que abrazan cuando el año se apaga. Hay conciertos que no se miden por decibelios ni por artificios, sino por la huella silenciosa que dejan al terminar. En la antesala de la Navidad, cuando el calendario invita al balance y al recogimiento, Carlos Escobedo ofreció en Madrid algo más que un directo, un espacio de pausa, verdad y conexión, el Teatro Eslava se transformó durante dos horas en un refugio cálido donde la música sirvió de hilo conductor para revisitar heridas, recuerdos y afectos compartidos. |
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Desde los primeros compases quedó claro que la noche iba a transitar por un terreno íntimo, el arranque con “Vulcano”, “Blancanieve” y “Tic Tac” marcó el tono de un viaje emocional que revisitó el universo de Sôber desde una mirada serena, casi confesional. Las canciones, despojadas de su electricidad habitual, respiraron de otra manera, apoyadas en un armazón acústico donde piano, violín, guitarra y percusión dialogaron con enorme sensibilidad. El escenario, presidido por una iluminación cálida y sin excesos, reforzó esa sensación de cercanía. Acompañado por Raúl Perona, Charly López, David Lozano y Sergio Bernal, Escobedo no buscó protagonismos innecesarios, todo fluyó como un organismo común al servicio de las canciones, así llegaron momentos de especial intensidad con La escalera, Estrella Polar y Eternidad, interpretaciones que encontraron en el silencio respetuoso del público su mejor aliado. |
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El repertorio avanzó combinando pasado y presente con naturalidad, clásicos muy reconocibles como “Papel Mojado”, “Arrepentido”, “Eclipse” o “10 años” convivieron con piezas más recientes que reflejan la etapa vital del artista, “Sábanas Vacías” e “Inmerso” confirmaron que su proyecto en solitario no es un paréntesis, sino una extensión honesta de su identidad creativa, especialmente efectiva en directo. Hubo también espacio para rendir tributo a canciones ajenas que forman parte del ADN emocional de Escobedo, “Lucha de Gigantes” y “La luna me sabe a poco” se integraron con respeto y personalidad en el discurso del concierto sumando capas de nostalgia y emoción a una noche ya cargada de significado. El protagonismo momentáneo de Raúl Perona con “Flores del infierno” y de Charly López al frente de “Gritarle al Mar” aportó variedad y reforzó el carácter colectivo del espectáculo. |
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En la recta final llegaron los instantes más celebrados, “Nostalgia” y “Agua para tu sed” conectaron con la etapa de Savia, esta última con la voz de Ruth Lorenzo sumándose para elevar aún más la carga emotiva, el cierre fue una sucesión de sentimientos encontrados, “Loco” desató la comunión definitiva con el público y “Náufrago”, junto a Rulo, puso el broche con un abrazo compartido entre escenario y platea. Cuando las luces se encendieron, quedaba la sensación de haber asistido a algo especial, de esos conciertos que funcionan como un regalo anticipado, en plena cuenta atrás hacia el final de año, Carlos Escobedo recordó en Madrid que la música, cuando nace desde la honestidad, tiene la capacidad de acompañar, sostener y reconfortar. Justo lo que muchos necesitaban antes de volver a casa y enfrentarse al invierno. |
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