Tras el rotundo éxito de su primera edición, la localidad navarra de Ribaforada se preparaba de nuevo para albergar un festival que reuniese a las puntas de lanza de El Dromedario Records, complementadas con grandes bandas de referencia del rock nacional de las últimas décadas. En esta ocasión, el cartel sufrió varios cambios, siendo quizá el más significativo la salida de Ilegales debido al entonces delicado estado de salud de Jorge Martínez, recientemente fallecido y llorado por toda la industria. Asimismo, se produjo un cambio de fecha, ya que el festival iba a celebrarse originalmente el segundo fin de semana de septiembre y terminó reprogramándose para el puente de la Constitución. Finalmente llegó el día y, a las 17:00 del 6 de diciembre, nos plantamos en la puerta del Ribaforada Arena dispuestos a disfrutar de dos jornadas de música y, sobre todo, de muy buen ambiente. Porque, al final, quienes acudimos habitualmente a este tipo de eventos terminamos conociéndonos casi todos y formando una pequeña gran comunidad. |
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El encargado de abrir la tarde fue Raúl Vital, que salió al escenario acompañado de su banda con la intención de ofrecer un arranque inmejorable. Repasó los dos álbumes que, hasta la fecha, figuran en su discografía y en los que, aun siendo musicalmente versátiles, se percibe una marcada esencia de rock ochentero, con letras muy elaboradas y estructuras sencillas pero efectivas. El músico navarro interpretó un total de ocho temas para un público todavía discreto, aunque en constante crecimiento. El concierto comenzó con “Noche Febril”, primer corte del álbum Retales (2025), e incluyó piezas como “Carnaval” o “Como las ratas”, para terminar con una explosión de nostalgia a través de “Chándal de táctel”. |
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La siguiente actuación corrió a cargo de Cuatro Madres, formación a la que llevábamos tiempo sin ver sobre los escenarios y con la que siempre es un placer reencontrarse. “Amelia” fue la elegida para abrir un concierto que repasó algunos de los temas de su discografía que mejor funcionan en directo: desde “En el borde” hasta “El primer paso”, pasando por “Yo confieso” o “La rebelión de los Utópicos”. Uno de los inconvenientes de los conciertos de Cuatro Madres es que no incluyen canciones prescindibles: no hay temas para ir al baño, a la barra o a llamar por teléfono. Verlos en directo exige dedicación exclusiva, y así estuvimos, como si nada más existiera, hasta que “El regreso” e “Inercia” pusieron fin a un show que llevábamos años esperando y que hubiéramos querido volver a empezar de inmediato. |
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Los terceros en discordia fueron Malaputa, banda que al carácter rockero de Kolibrí y El Piñas añade un corazón metalero de la mano de Euken, dando como resultado una combinación explosiva, aunque en este caso comprimida por las limitaciones horarias propias de los festivales. “De raíz”, “Golpes de viento” y “Gasolina y fuego” conformaron el bloque inicial de este salvaje power trío, que contagió su actitud a un público que se vino arriba desde la primera estrofa, generando un ambiente que constituye uno de los principales activos de sus conciertos. La actuación, de algo menos de una hora, incluyó temas como “Subió el telón” o “Mar de trigo” y siguió la línea de los conciertos de la gira conjunta con Ciclonautas, una fórmula que ha demostrado funcionar a la perfección. Hubo también un emotivo recuerdo al fallecido Edu Pardo (bajista de Ardi Beltza y técnico de monitores de El Drogas), a quien dedicaron la versión de “A toda velocidad” grabada para el álbum homenaje a Boni. |
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Tras los cambios pertinentes, llegó el turno de Narco, formación de rap metal procedente del barrio sevillano de La Macarena, que retomó su actividad en 2022 y que está a punto de cumplir treinta años de trayectoria. Cualquiera que haya visto a Narco en directo puede hacerse una idea de lo que estaba por venir; quien no, que Dios le pille confesado. Desde el arranque con “P.A.M.!” el nivel de violencia hacía presagiar un concierto exigente, una lucha sin concesiones entre banda y público. “Son ellos”, “Hermanos Gomex” y “Siempre enmarronaos” confirmaron estas sospechas mientras la presión aumentaba en el interior del recinto. Aquí no valían medias tintas: Narco lo estaba dando todo y su público respondía subiendo la apuesta. Conviene destacar que los sevillanos fueron los primeros —y quizá los únicos— en dedicar parte de su actuación a condenar el atroz genocidio que sufre el pueblo palestino a manos de Israel. El resto del set combinó temas recientes con otros más antiguos. Pasamos de “La hermandad de los muertos” a “Suicídate”, haciendo escala en “No nos van a echar” o “Demolición”, para cerrar con “La cucaracha” y “Chispazo”. |
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A continuación fue el turno de La Fuga, una banda que, con los años, ha demostrado ser como el 4-4-2 o el cubata en vaso de sidra: sin grandes sorpresas, pero garantía de éxito. No en vano, probablemente fue el concierto que registró mayor asistencia del fin de semana. Los cántabros arrancaron con “Cada vez duele menos”, metiéndose rápidamente al público en el bolsillo y manejando su ánimo a través de canciones como “Trampas al sol” o “Flores de mentira”. Por muchas veces que se les vea en directo, La Fuga sigue despertando la misma expectación y las mismas emociones que el primer día. Así lo reflejaban los rostros de unos fans que disfrutaban como niños la mañana de Navidad con temas ya consagrados, conocidos incluso por quienes no se consideran seguidores del grupo. El concierto terminó con clásicos como “Por verte sonreír”, “Buscando en la basura” y “Pa’ aquí pa’ allá”, desatando una ovación que se prolongó durante varios minutos. |
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Llegaba entonces uno de los momentos más esperados del festival: la actuación de Cobardes, única fecha de este 2025 que se nos escapa entre los dedos mientras escribimos estas líneas. Como es habitual, abrieron con “Un beso y hasta siempre” y “Rodeada de idiotas”, última canción de Que empiece el baile y primera de Ceniza y viento, respectivamente. Cobardes ofreció un espectáculo que no solo no decepcionó, sino que superó todas las expectativas. Un año después volvíamos a escuchar en directo “En otros labios”, “Maldito abril” o “Caminos de algodón”, canciones que volvieron a arrancar sonrisas y alguna que otra lágrima. De pronto, parecía que el tiempo no hubiera pasado, como si nos hubiéramos despedido ayer. En el tramo final sonaron “Otra noche”, “En llamas” o “Cielo gris”, además de la colaboración de Aarón Romero, que unió su voz a la de Cordobés antes de que la actuación concluyera con “Princesa en paro” y una sentida despedida. Los músicos volverán pronto a la carretera para presentar su nuevo disco, que esperamos como agua de mayo. |
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Los encargados de cerrar la noche fueron los berriozartarras Linaje, que no han dejado de cosechar éxitos de taquilla desde la publicación, a comienzos de año, de su primer LP, Desataron a los perros. La banda, que va alcanzando un notable grado de madurez, abrió con “Ay, morena mía” y ofreció una selección de temas de su disco, además de una canción nueva titulada —no sabemos si de forma provisional— “Por hijo puta”. Sonaron también una versión de “Todos mirando”, de Barricada, que hoy parece encajar más en la voz de Aarón que en la de El Drogas, y dos versiones acústicas: “La luna me sabe a poco”, de Marea, y “La vereda de la puerta de atrás”, de Extremoduro. Para terminar, y tras proponer que todos los conciertos de Linaje se celebren a partir de ahora en Ribaforada y que el público se organice por provincias para desplazarse hasta allí, los cinco músicos se despidieron con “Chatarra y laurel” y “Nunca quise tu esqueleto”, cerrando así la primera jornada del festival y recibiendo una sonora ovación por parte de sus incondicionales, muchos de los cuales parecen formar ya parte del atrezo habitual de sus conciertos. |
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