La segunda jornada del festival se inició el domingo alrededor de las 18:00 con la actuación de Kutxi Romero, acompañado de Juanito Lorente y El Pete, tal y como hicieran durante la gira acústica Un teatrillo sin venir a cuento (2021), centrada principalmente en el álbum No soy de nadie (2016). El nieto del guardaagujas arrancó el concierto con “Vengo del mercado” y “Mierda en las tripas”, contando además con la colaboración de Jabiertxo Pintor al bajo y Alén Ayerdi a la percusión. A partir de “Del martillo al agua” se unió Mai Medina a la guitarra, completando así la formación de Ciclonautas y vistiendo de un modo muy especial unas canciones de las que tantos disfrutamos hace ya algunos años. El show, como no podía ser de otra manera, estuvo salpicado de constantes dosis de humor por parte de Kutxi entre tema y tema. Desde la historia de amor interespecies que dio origen a “Corazón equino” hasta alguna que otra peripecia nocturna que conviene no reproducir por escrito, incluyendo —no necesariamente relacionada— una divertida felicitación de cumpleaños a Pete. Llegó entonces el momento de ponerse solemnes con “Pétalos”, de Barricada, que recuerda las últimas horas de las Trece Rosas; la sobrecogedora versión de “Silencio”, de Aurora Beltrán; y el sentido homenaje a Enrique Urquijo y Antonio Vega a través de “Aunque tú no lo sepas” y “El sitio de mi recreo”. Tras repasar dos clásicos de Marea como “Los mismos clavos”, que contó con la colaboración de Aarón Romero, y “Pan duro”, el concierto concluyó con “No me beses en la boca”, tras la cual el público despidió a los músicos con un aplauso largo y contundente. |
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Los siguientes en salir a escena fueron los sevillanos Rienda Suelta, una formación que, con su rock poético y elegante y un directo muy potente, no deja de ampliar su base de seguidores, hasta el punto de empezar a verse tatuajes de la banda en algunos de los cuerpos que se agolpan frente al escenario. El concierto siguió el esquema ya conocido de esta gira: defender con uñas y dientes el contenido de su álbum ¿Dónde está el hombre malo?, publicado en 2025. Y tan intensamente lo defendieron que una de las cuerdas del bajo no sobrevivió a la contienda, obligando a continuar con el bajo de Txo… y con Txo también. Tras un breve baño de multitudes, el show se despidió a ritmo de “Turulo”, dejando a un público cada vez más numeroso que, con toda seguridad, empezó en ese mismo instante a contar las horas para el siguiente reencuentro. |
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Y aprovechando que la cosa iba de tríos, llegó el turno de Ciclonautas, que venían de girar conjuntamente con Malaputa durante 2025, registrando unos resultados de taquilla más que notables. Tras la correspondiente intro, Mai, Txo y Alén arrancaron con “Mi espacio sideral”, “El sol” y “Demencio Lacruz”, calentando motores antes de una primera gran explosión con “Bombo sicario”. Un estallido que se mantuvo hasta el final del concierto, alimentado por piezas como “Banderas negras” o “Eterno aprendiz”, disfrutadas por el público como si acabaran de ser descubiertas. “El animal”, “Mi estupidez”, “Dale al play” y un espectacular solo de batería dieron paso a las colaboraciones. Aarón Romero —quien durante este festival pareció víctima de una explotación laboral tan intensa como bienintencionada— participó en “¿Qué tal?”, mientras que su señor padre se sumó en “Bienvenidos los muertos”. Todo ello mientras uno de los aéreos de la batería parecía empeñado en atacar a Alén, que terminó saliendo victorioso. Así se cerró una actuación que hizo las delicias tanto de seguidores veteranos como de incorporaciones recientes. |
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El combate de fondo corrió a cargo de los madrileños Sôber, que continúan celebrando sus treinta años sobre los escenarios. Cuando una banda alcanza tres décadas de trayectoria sabe perfectamente qué teclas tocar para satisfacer a su público, y Sôber lo tiene bien aprendido. Desde los primeros acordes de “La araña” se generó a ambos lados del foso un ambiente tan cargado que parecía anunciar una tormenta inminente. El repertorio incluyó algunos de sus grandes clásicos, como “El día de la liberación” o “Blancanieve”, pasando por “Paradÿsso” y “El hombre de hielo”, justo antes de que Carlos bajara a la pista para cantar “Estrella polar” completamente rodeado de sus fans. Para redondear la noche, fuimos testigos de una petición de mano durante “Náufrago”, celebrada de forma atronadora, antes de cerrar con “Loco” una actuación que rozó la perfección. |
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Llegados a este punto, y si se me permite, conviene insistir en la importancia de vivir un festival de principio a fin. Un porcentaje nada desdeñable del público abandonó el recinto, renunciando a las dos actuaciones que aún quedaban por delante. La primera fue la de Tako, uno de los grandes exponentes del rock maño de finales del siglo XX, todavía muy presentes tanto en las estanterías de los melómanos como en los escenarios de grandes eventos. Los de Ejea de los Caballeros arrancaron con “Ciudadano militar”, del álbum A las puertas del deseo (2016), y recorrieron su dilatada trayectoria con temas como “Todos contra todos” o “Carpintero de condenas”, haciendo revivir tiempos que quizá no fueran mejores, pero sí más sencillos… y en los que, sin duda, éramos más jóvenes. Entre la alegría y la nostalgia avanzamos hacia el final del concierto coreando clásicos como “Sangre y sal” o “El viejo resina”, antes de cerrar con “Oh oh oh”. |
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La última actuación corrió a cargo de Opius Dei, banda nacida a los pies del Moncayo a principios de los noventa, con una trayectoria irregular por diversos motivos, pero que dejó claro encontrarse en un excelente estado de forma para afrontar cualquier batalla. ¿Sus armas? Letras crudas y sinceras sobre una base rítmica contundente y melodías desgarradoras, defendidas en un directo demoledor. Así de sencillo y así de complejo. Una de sus mayores virtudes es precisamente esa: hacer que parezca fácil. Durante aproximadamente una hora ofrecieron una selección de lo más destacado de su discografía, desde “Íkaro” hasta “El loko”, pasando por “Has nacido” o “Hijos de la mediocridad”, recordándonos que “el tiempo no cura una mierda” antes de cerrar con “Espiz” y “Me cagüendios”. De este modo se puso punto final al festival Ribaforada 2025, una edición que no ha alcanzado la afluencia esperada, pero en la que bandas, técnicos y organización hicieron todo lo posible para que la experiencia resultara memorable. Son varios los aspectos que han mejorado notablemente con respecto a 2024 y, si hubiera que formular una única demanda de cara al futuro, sería la necesidad urgente de una mayor presencia femenina sobre el escenario. En ninguna de las trece bandas del cartel militaba ninguna mujer, una desigualdad que resulta imprescindible corregir. A la espera de volver en la próxima edición, quien escribe desea a todos un feliz 2026 lleno de música en directo… y estar ahí para contarlo. |
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