El viernes 9 de enero, Vizcaya se preparaba para recibir la primera de las visitas que Fito, o lo que es lo mismo, el hijo predilecto de la gran villa de Bilbao, y sus Fitipaldis tenían programadas en esta gira. Un servidor, que, como la mayoría de los de mi generación, creció con las canciones de Platero, y parte de nuestras vivencias de juventud están estrechamente ligadas a sus conciertos. Y aunque somos muchos los que aún mantenemos la esperanza, también somos conscientes de que este muchacho de un metro sesenta y poco también ha crecido como nosotros y, en lo musical, no solo ha crecido, sino que se ha hecho gigante. El de Zabala y los suyos venían a presentar "El monte de los aullidos", su octavo disco de estudio con los Fitipaldis, con los que dentro de un par de años cumplirán su trigésimo cumpleaños. ¡Ojito al dato! Con un pabellón lleno hasta la bandera y puntual, comenzaba el show. En un telón que cubría todo el escenario se podían ver unas sombras de Fito y el saxofonista, las cuales introducían el tema "A contraluz" de su nuevo disco, del cual interpretarían varios temas, y que, todo hay que decirlo, encajan muy bien en el setlist del bilbaíno. Enseguida pudimos comprobar el excelente sonido con el que disfrutamos durante todo el concierto. Muy bien empezaba la cosa cuando "Un buen castigo" continuaba sin apenas coger aire. La banda, como siempre, compacta y con la gran profesionalidad que les caracteriza, arropaba al músico bilbaíno que, enfundado con su mítica Fender Stratocaster (polaka), iba entonando uno a uno los versos de la canción que, desde el minuto uno, el público coreó, llevándole en volandas durante toda la noche. podríamos tirarnos todo el día hablando de los excelentes músicos que componen los Fitipaldis: la maestría y virtuosismo de Carlos Raya y Diego Galaz a las guitarras, la presencia imponente de Javier Alzola al saxo, el swing maravilloso de Alejandro Climent al bajo, que junto a Coqui Jiménez completan la sección rítmica. Pero es que la labor de Jorge Reinas al acordeón y las teclas es de otro mundo. |
|
|
|
Engrasada, la banda continuaba el recital con "Por la boca vive el pez", no dejando duda alguna: una vez más, sin duda el de la gorra tenía a todos en el bolsillo. No habían pasado ni tres canciones y aquello parecía un karaoke. "Me equivocaría otra vez" nos demostraba la versatilidad que tiene esta banda a la hora de componer temas, pasando del sonido sureño a una balada, pero sin perder esa esencia del rock añejo que tanto les gusta. La nueva "Los cuervos se lo pasan bien" nos dejaba una gran interpretación a la guitarra por parte de Fito y Carlos Raya, alternando los solos de guitarra con gran maestría por parte de los dos, y es que, si Carlos ya nos tenía acostumbrados a sus solos desde la época de “Sangre Azul”, el bilbaíno tampoco se queda corto. En este último disco, para regocijo de los amantes de las seis cuerdas, hay buenas pinceladas de ese virtuosismo característico de los dos músicos que tanto gustan a los fans más veteranos. “Entre la espada y la pared” relajaba un poco el ambiente, mostrando esa calidez que desprende la banda cuando se ponen sentimentales. Pero si hay un momento sentimental, sin duda llegó con “A quemarropa”, con el que la banda se fundió completamente, dejando uno de los momentos más emotivos de la noche. La intro blusera de “El monte de los aullidos” subía el pulsómetro de los presentes, y es que este tema, que da título al nuevo disco, sin duda es un tema marca de la casa, pero con una pincelada más de diversos ingredientes. Y es que en cada disco es como si fueran dándole un poquito más y así consecutivamente. Y este, el monte de los aullidos, sin duda es buena muestra. |
|
|
|
Más temas del último disco se mezclaban con clásicos de la banda: "Volverá el espanto", "Cielo hermético" y la personal "Cada vez cadáver" continuaban con el gran bolo del bilbaíno. "Whisky barato" estallaba para la locura del respetable y es que estos Fitipaldis saben muy bien cómo encender al público, que ya de por sí entregado, vibraba con cada una de las aportaciones de estos veteranos músicos. La nueva "Como un ataúd" entró como un guante y es que este tema puro rock'n'roll es una delicia, y más aún en directo: solos de guitarra que se mezclan con los del saxo, un Fito enfundado en su nueva guitarra, ese híbrido inclasificable, muy macarra, en la que nos sube dos tonos, recordándonos cuando se dejaba la garganta en sus inicios y una gran base rítmica, consiguiendo todo ello que este tema sea sin duda uno de los mejores del nuevo disco y que en el BEC sonó como una apisonadora. “Acabo de llegar” irrumpía de nuevo con Fito y su Stratocaster blanca, con un Raya que ya perdimos la cuenta de cuántas guitarras llevaba durante el espectáculo. La banda, desatada a más no poder, nos dejó momentos memorables, como cuando Raya se pateaba de lado a lado el inmenso escenario. El saxo hacía lo mismo, Fito se entretenía con el batería, y todo ello con un público que no paraba de corear y cantar al unísono. |
|
|
|
Aquello estaba en ebullición total cuando “La casa por el tejado” hizo acto de presencia, convirtiendo el recinto en un gigantesco karaoke en el que más de 15,000 gargantas cantaron al unísono este gran tema. Y como no podía ser de otra manera, ¿qué canción no podía faltar en un karaoke?: “Soldadito marinero” continuaba la fiesta bilbaína. Ni que decir que apenas se podía oír a Fito, que acabó rindiéndose al final ante el público, dejándoles finalizar el tema cantando aquello de “tras un invierno malo y una larga primavera dime por qué estás buscando una lágrima en la arena”. Y con estas abandonaron el escenario que como buenos veteranos salieron a continuación para ofrecernos tres bises. |
|
|
|
De vuelta en el escenario, interpretaron “La noche más perfecta”, un tema muy íntimo y personal de su nuevo disco que a algunos descolocó un poco, pero que sonó espléndido. Poco nos quedaba ya, y es que más de dieciséis canciones habían sonado cuando los primeros acordes de “Entre dos mares” resonaron. La nostalgia se apoderó de nosotros, y es que uno no puede olvidar esos momentazos que los bilbaínos nos brindaban en aquellos conciertos de Platero. Miles de anécdotas y un sinfín de sentimientos concentrados en una sola canción. Seguiremos insistiendo y seguiremos con la esperanza. Se siente, pero algunos somos y seremos siempre legionarios de Platero y Tú. Para finalizar, la banda eligió “Antes de que cuente diez”, el tema entre los temas con el que finalizaron por todo lo alto la primera de las visitas que la banda tiene programadas en la capital vizcaína. Una vez más, Fito y sus Fitipaldis demostraron no solo que uno puede ser profeta en su tierra, sino que, si hay que seguir a alguno, Bilbao lo tiene claro. Sin duda alguna, FITO es su Mesías. |
|
|





























