Por prescripción médica y a cierta edad, a uno se le exige un cambio de estilo de vida más relajado y pausado. En fin, que debo tomarme las cosas con más tranquilidad, me dicen. Y como uno sigue fiel a sus principios, y los míos siempre serán el rock & roll. ¿Y qué mejor manera de cumplir todos estos requisitos que acudiendo a la cita que el incombustible Miguel Ríos tenía en Bilbao? Y si es en un marco incomparable como el Palacio Euskalduna, mejor aún. Y así fue como el pasado 31 de enero nos dirigimos a la capital bizkaína para presenciar el bolo de Miguel Ríos. Consciente de que no estaba en mi elemento al percatarme en las inmediaciones de que el público actual del granadino está muy lejos de aquellos melenudos enfundados en sus chupas de cuero, yo, decidido y fiel a mis ya mencionados principios, me dirigí a la entrada decidido. Al fin y al cabo, ¿quién era yo para juzgar a esa gente si de todos es sabido que el rock se lleva dentro? Tras acomodarme en mi butaca, lo primero que me llamó la atención fue el impresionante auditorio del palacio. Sin duda, esto tenía que sonar bien no, lo siguiente. El anfiteatro está meticulosamente diseñado para que en cada rincón se vea y se escuche de manera espectacular. |
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Con puntualidad se apagaron las luces, se bajó el telón y, como en un cine moderno de esos que hay ahora y que cuentan con los sistemas de sonido más avanzados, así de cristalino sonaba la banda de Miguel Ríos. “Bienvenidos” fue el tema con el que el granadino, a sus 81 años, lleva abriendo sus conciertos desde sus tiempos de aquel mítico Rock in Ríos. Nunca había visto a este hombre, por multitud de temas; no se había dado la ocasión y, por fin, llegó el momento. Mike Ríos, como los iluminados de la época quisieron llamarlo, apareció en escena. Ya no es Mike; ahora es Miguel, más bien, siempre lo fue. Transgresor, luchador, honesto, combativo, todo y más se puede decir de él, elementos que él nunca esconde y que continúa expresándolos allá por donde el viento le lleva. Pero Miguel Ríos, sobre todo, se caracteriza por su música, sus canciones, sus letras y por ese sentimiento que desprende a la hora de interpretarlos. Con mucha gracia, el de Granada nos presentaba “Mientras el cuerpo aguante”, tema con el que muchos se sintieron identificados, interpretado con una gran delicadeza y voz. Su nueva gira está dentro de la presentación de su última obra, "El último vals", de la que tuvimos la oportunidad de poder escuchar temas como el que cayó a continuación: “Oro irlandés”, una balada preciosa en la que Ríos se deja llevar por el recuerdo de un amor perdido durante el verano del 73. Tras acomodarse, y es que el hombre es un gentleman, con su mesita y sillita alta, nos presentaba “No estás sola”, otro tema de su amplia trayectoria en el que continúa mostrando su lado más sentimental. “Si pudiera parar el tiempo” nos mostraba ese lado musical más maduro que actualmente representa al intérprete andaluz. Un elegante swing en clave de jazz, ejecutado a la perfección por una sobria pero impresionante banda que acompaña a Miguel y que en el Euskalduna. |
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Sonó impresionante. De vuelta a sus raíces, “Vuelvo a Granada” nos recordaba a aquel jovenzuelo que, aún en blanco y negro, presentaba sus singles y que no puede faltar en sus directos. Y es que este hombre, afincado en Madrid, siempre mira hacia el sur. “El Río ” continuaba con el repaso a ese gran disco, como fue “Mira hacia ti”, con el que los más veteranos disfrutaron cantándola mientras eran transportados en esa máquina del tiempo que es la discografía de este hombre. En una oda a la ecología y, cómo no, con alusión a un tipejo naranja que quiere controlarlo todo, interpretaron “No es la tierra, estúpido, eres tú”. Aquí la banda La Black Betty Boys, o ya nietos, como les bautizó Miguel, se dejan llevar; tanto la guitarra como la sección rítmica acompañan con sobresaliente a Miguel, dejando momentos espectaculares como en esta ocasión. Con agarre y fuerza comenzaba “Año 2000”, gran tema que quedó inmortalizado para siempre en el mítico disco en directo Rock in Ríos. "Generación límite" nos recordaba de nuevo aquellos años convulsos en los que las ansias de libertad eran aplastadas y en los que personas como el que canta esta canción se la jugaban solo por el simple hecho de querer disfrutar de esa libertad que escuchaban, leían y veían en otros lugares, con el gran anhelo de que en su país pudieran experimentar algo parecido. Tras unas palabras de Miguel en las que nos explicaba cómo trabajaba con esa gran banda, nos deja con ellos a solas para que Luis Prado interprete al piano "Estoy gordo", en el que la ironía y la buena música se combinan de manera espectacular. |
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De nuevo, con Miguel en el escenario, micrófono en mano, le dice a Luis: "Este es nuestro momento de lucirnos”. En el que Luis y él se arrancan para interpretar "Todo a pulmón". Piano y voz se fusionan a la perfección, dejándonos uno de los momentazos de la velada. Pero esto no se acababa. Si habíamos tenido rock, swing y canción ligera, no podía faltar un poquito de blues. Y el tema que da título a su último disco es buena muestra de ello. “El último vals” sonó con esa delicadeza de quien está en un gran salón escuchando a BB King mientras degusta una copita de un buen bourbon. La delicadeza al piano de Luis Prado, la elegancia a la guitarra de José Nortes y la sección rítmica de auténtico lujo, como son Luis García al bajo y el impresionante Samu a la batería, consiguen multiplicar al máximo exponente este gran tema. Esto se estaba animando, pero sin duda, si hablamos de blues y de Miguel Ríos, está claro que hay un tema que sobresale y no podía ser otro que “El blues del autobús”, esa oda a la carretera, al trabajo constante de las giras, de dejar atrás a los seres queridos, esa melancolía de dejar tu tierra en busca de los sueños. En definitiva, la vida del músico, todo esto se describe a la perfección en este tema que Miguel compuso en 1982 junto a Víctor Manuel, autor de la letra, y que siempre está indiscutiblemente en su repertorio. En este punto, el pescado ya estaba todo vendido y el granadino, con su humor característico, seguía con su charla amigable: a veces crítica, otras más gamberra, otras más seria y en otras ocasiones más profunda, pero siempre honesto. Y con esa honestidad, nos comentó que había pedido prestado un tema a un colega suyo y que, bueno, sin problemas, le había dicho. Y que cómo él, es gran admirador suyo, la iban a tocar. No era otra que "Insurrección" de El Último de la Fila. Claro está, todo el público allí presente, que hasta el momento había estado sentadito en su butaca, como decía la canción infantil, se levantó a bailar y cantar como si de un culto de esos con coros de góspel se tratara; dejando una estampa digna de una secuela de la película de Cocoon. Ya con las articulaciones engrasadas, continúo la fiesta con un medley de “Los viejos rockeros nunca mueren” y “Rock & Roll Boomerang”. Destellos de aquel rock en el que Miguel saltaba y brincaba como un poseso, y cuyo público le dio algún que otro problema a Luis del Olmo en aquella mítica inauguración del Mundial de 1982. Jajaja, sí, sí, aquel insurgente era el mismo que aún sigue al pie del cañón, acordándose del tipejo naranja, como define a los dictadores actuales. |
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Aquello estaba llegando al final y, como buen veterano, este hombre sabe cómo acabar a lo grande. “El rock de la cárcel” y “Sábado en la noche” terminaron de romper las caderas de los presentes. “En la rampa de salida” nos devolvía a la actualidad de el Ultimo vals, dejándonos un rockabilly animado en el que dan buena cuenta de la versatilidad que esta gran banda atesora. Para relajar un poco el ambiente, no vaya a ser que ocurriera una desgracia, nos relajaron las pulsaciones con la balada de las baladas. Si los yankees tienen "Knockin' on Heaven's Door" los españoles tienen "Santa Lucía", que, como no podía ser de otra manera, fue cantada y ovacionada por todo el respetable. "Oración" fue la anteúltima en caer, dejándonos para el gran final "Himno de la Alegría", interpretada en varias partes, como viene haciendo desde hace décadas y dejando momentos grandísimos en los que la banda, por momentos, parecían los Rainbow con el gran Ritchie Blackmore a la guitarra, interpretando las partes de este grandísimo tema en “Dificult to cure” . Y que en esta en particular Miguel Ríos le puso voz a esa magnífica letra que Amador Regueiro compuso para él. Sin duda, la veteranía es un grado y Miguel Ríos no cabe duda de que lo es. Pero es que no solo es ese “bourbon” añejo que mejora con los años; es que, aparte de eso, es honestidad pura y, sobre todo, un bravo como la copa de un pino. Mientras otros artistas de su quinta y mucho más jóvenes se rodean de grandes producciones, cuarenta músicos en el escenario, etc., él no. Él se lleva a tres o cuatro músicos, se enfunda en una gira de teatros y, aun así, logra dar auténticas lecciones de cómo realizar grandes conciertos. Sin duda, uno de los más grandes que ha dado este país. Siempre grande, Miguel Ríos. Con un gran sabor de boca, abandonábamos el Palacio Euskalduna, reflexionando y llegando a la conclusión de que, si hacerse mayor significa poder acudir a eventos así, con ese confort y en estas magníficas condiciones, oye, pues como que no es tan jodido eso de la edad. Bromas aparte, sin duda el palacio es un grandísimo recinto y se agradece a la organización, de corazón, el trato y el poder haber sido testigos de este gran espectáculo. Solo podemos más que darles las gracias. |
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