En un panorama musical donde cada vez más proyectos parecen diseñados para sonar reconocibles antes que personales, resulta especialmente valioso encontrarse con artistas que deciden asumir el riesgo de mostrarse sin demasiados filtros. Artistas tan convencidos de lo que hacen que no dudan en incendiar los barcos para que su única opción sea salir victoriosos. Algo de eso ocurrió hace unas semanas en la sala El Perro de la Parte de Atrás del Coche, donde Clara Olóndriz presentó su nuevo trabajo ante varias decenas de personas dispuestas a comprobar hasta qué punto ese discurso se sostenía en directo. Desde el primer momento quedó claro que sí. La artista apareció visiblemente emocionada por la respuesta del público en una ciudad como Madrid, capaz de ser tan acogedora como cruel con los músicos que la visitan. Esa mezcla entre nervios y convicción marcó buena parte del concierto y terminó convirtiéndose en uno de sus principales aciertos. |
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Su propuesta resulta difícil de encasillar con precisión, aunque se mueve con naturalidad entre el indie, ciertos ecos de rock clásico y una evidente herencia de canción de autor. No tanto por el sonido como por la forma de construir las canciones: melodías limpias, una voz contenida y letras que priorizan el relato por encima del artificio. Las canciones hablan de amor, pérdida, nostalgia y esperanza, pero lo hacen sin exceso de dramatismo. Más bien desde una cercanía que permite que quien escucha encuentre espacio para reconocerse. Ese vínculo se hizo especialmente evidente desde “Alza el Vuelo”, donde bastaron apenas un par de estrofas para que el público respondiera con una atención casi litúrgica. A partir de ahí, el concierto dejó de ser una presentación para convertirse en una conversación. El primer bloque de canciones, culminado con “La Fama”, terminó de consolidar esa sensación. Clara ya no parecía una artista intentando convencer a nadie, sino alguien plenamente consciente de que las canciones estaban funcionando. |
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Tras las presentaciones correspondientes, llegó el segundo tramo del concierto, desde “Oda al Hogar” hasta “Dolor”, incluyendo un pequeño medley de clásicos del indie español que sirvió como guiño cómplice a un público que respondió con entusiasmo inmediato. La recta final quedó reservada para “Corona de Rey”, “Troya” y el cierre con “Brindis Eterno”, probablemente la mejor síntesis posible de la propuesta de Clara Olóndriz: una forma de escribir que no busca impresionar, sino acompañar. Más allá del repertorio, lo verdaderamente interesante fue comprobar que existe una identidad artística reconocible y, sobre todo, una manera propia de sostenerla sobre el escenario. Y eso, en tiempos de fórmulas repetidas, ya es mucho decir. Próximamente podréis verla en directo en Barcelona y Valencia, quedando aún fechas por anunciar. |
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