Linaje conquista La Riviera y confirma su salto de liga Cuando a finales de 2025 y en mitad de su concierto en la Changó, Linaje anunció que su próxima visita a Madrid sería en abril en La Riviera, fueron muchos los que corrieron a sacar la entrada, pero también fueron unos cuantos los que pusieron en duda que la jugada fuera a salirles bien, pues estamos hablando de un salto que implica un cambio de liga. Finalmente, unas semanas antes de la cita, los cinco músicos que hacía un año habían presentado su ópera prima ante un reducido y selecto grupo de privilegiados en la Rockville, anunciaron en sus redes sociales que ya no quedaban entradas disponibles, convirtiéndose así en una de las bandas de rock más jóvenes en llenar la emblemática sala del Paseo de la Virgen del Puerto. Sus compañeros de viaje y encargados de abrir la velada no podían ser otros que los sevillanos Rienda Suelta, con quien llevan girando en perfecto tándem varios meses y cosechando notables éxitos de taquilla. |
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Los nazarenos salieron al escenario mientras se lanzaba un chotis elegido para la ocasión y empezaron tocando “Turulo” y no tardaron en meterse en el bolsillo tanto al público presente con sus ritmos pegadizos, sus melodías desenfadadas y, sobre todo, esa poesía tan característica de la banda. “Extranjero”, “La Madre que te Parió” y “Tras la Zanahoria” nos llevaron hasta el ecuador de un recital del cual estaban participando a partes iguales a ambos lados del foso, constituyéndose así un acuerdo tácito entre artistas y público por el que parecían comprometerse a dar lo mejor de cada uno. Y este pacto quedó sellado cuando afrontamos la recta final con “Potra de Rabia y Miel” y “Hortelano”, para terminar con “La Garraspera”, dejándonos con una extraña sensación entre la satisfacción y las ganas de más, pues no creo ser el único que piense que este concierto se hizo corto, ni el único al que le hubiera gustado alargar el momento un ratito más. |
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Tras los oportunos cambios y con una breve intro, los cinco componentes de Linaje se presentaron ante una sala que se vino abajo para recibirles con una fuerte ovación y un interminable aplauso; tras el cual, y sin perder un instante, comenzaron su actuación a ritmo de “Ay, Morena Mía”, necesitando apenas un par de estrofas para poner al público al máximo nivel de entrega. Continuaron “Desataron a los Perros”, canción que da título a su -hasta ahora- único álbum; y que supone una declaración de intenciones en toda regla, seguida de “Querida Libertad” y de la primera versión de la noche, aunque quizá debiéramos llamarlo homenaje, pues pocas veces habremos podido escuchar el clásico de Alarma “Colgado de Ti” interpretado con tal nivel de visceralidad. Apenas habían pasado veinte minutos y La Riviera ya funcionaba como un único cuerpo. La sensación no era la de estar viendo a una banda joven intentando hacerse un hueco, sino la de asistir al momento exacto en que deja de tener sentido seguir llamándola promesa. Prueba de ello fue el examen de euskera al que nos sometieron con “Askatu Ezazu Ilea” y que aprobamos con una sorprendente buena nota (aunque seguro que hubo quien copió del de al lado, pero no vamos a delatarlo) o el momento de recibir al primer invitado de la noche, el madrileño Luter, quien prestó su guitarra y su inconfundible voz para interpretar “El Vendaval”.
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Tras este intenso momento, bajamos un poco las revoluciones con “A Remojo”, que contó con la siempre sobrecogedora participación de Oier Villanueva al saxo para, a continuación, afrontar un pequeño set acústico iniciado por el guitarrista Unai Insausti, al que se unió Carlos Escobedo para cantar junto a Aarón “Aún Me Duele” y terminó con Alén Ayerdi al cajón en un emocionante recuerdo al desaparecido Robe interpretando “Golfa”, provocando cientos de sonrisas y alguna que otra lágrima entre quienes ocupábamos la pista. Y cuando creíamos que la cosa ya no podía dar más de sí, unos versos de “Laureles” anunciaron la llegada de Poncho K al escenario, quien impregnó su particular carácter en “A la Luna le Sobran Canciones”, fundiéndose en un sentido abrazo al terminar con el pequeño de los Romero. La recta final de la velada la conformaron “La Serenata” y “Nunca Quise tu Esqueleto”, canción en la que todas las partes implicadas echaron el resto, elevando varios grados la temperatura de la sala hasta el punto de provocar una explosión de sentimientos que, aún a día de hoy, perdura en muchxs de nosotrxs, que recordaremos la noche del veinticuatro de abril como la noche en que Linaje le robo el corazón a Madrid. |
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