Hay sitios que no deberían cerrar nunca. Aunque bajen la persiana. Aunque el polvo se pose sobre los amplis y las luces se apaguen durante años. Porque algunos lugares siguen latiendo incluso en silencio. Y anoche, en una esquina de Aranda de Duero, volvió a latir la vieja Colmena Musical. Desde diciembre de 2022 no se abrían aquellas puertas. Había algo de reencuentro generacional, de refugio recuperado, de ceremonia pequeña y profundamente humana en el ambiente. La excusa era perfecta: el debut de Javier Román, Pirri para todos, al frente de Los Creativos, presentando las canciones de un primer disco que todavía huele a local de ensayo, cerveza derramada y noches de insistencia. |
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Abrieron Proyecto Perli. Y lo hicieron como empiezan las bandas que todavía creen en esto: sin red y con hambre. Entre versiones de clásicos del rock y el punk —de esas que funcionan como un idioma común entre desconocidos— fueron deslizando canciones propias, dejando claro que aquello ya no va solo de homenajear referentes. Después llegó el golpe seco de Pirri Román con su banda Los Creativos. Sin demasiada introducción. Como si el escenario llevara años esperándoles. Sorprendió el sonido: compacto, trabajado, serio. Se nota el tiempo invertido lejos del foco, las horas invisibles de ensayo que nunca salen en las fotos. Las canciones fueron cayendo una a una, defendidas con la seguridad de quien sabe que todavía está empezando, pero también de quien tiene algo que contar. Sold out, La Colmena Musical respondió como responden los sitios donde aún existe una escena de verdad: cantando. Porque lo más hermoso de la noche quizá fue descubrir que muchos de aquellos temas propios ya pertenecían un poco al público. Entre los coros, las palmas y alguna versión celebrada como un viejo himno de barra pegajosa, había una sensación extraña y preciosa: la de estar viviendo algo pequeño que, precisamente por eso, importa muchísimo. Y luego estuvieron las colaboraciones. Porque si algo define a Pirri es su manera de construir alrededor. Nadie como él para convertir un concierto en una reunión de amigos. Subieron José e Iván, de Proyecto Perli; Carlos; Fernando; Javi, de Buskers; también Ángela, de Vespa Roja. No parecían invitados: parecían piezas inevitables de la misma historia. Como si toda una generación de músicos arandinos hubiese decidido reunirse, aunque solo fuera por una noche, para recordarse que todavía siguen aquí. |
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Pero debajo de todo aquello —de las guitarras, de los abrazos, de las canciones— había otra cosa. Una emoción más callada. Porque el concierto estaba inevitablemente atravesado por la ausencia del padre de Pirri, fallecido hace un tiempo. Y quizá por eso hubo momentos donde la música sonó distinta. Más honesta. Más necesaria. Como si tocar fuera también una manera de seguir conversando con quien ya no está. La reapertura de la Colmena Musical no promete nada. No hay anuncios grandilocuentes ni planes imposibles. Tal vez solo haya sido una noche aislada. Pero bastó para remover algo que parecía dormido en Aranda. Bastó para recordar aquellos tiempos en los que la escena local era un lugar de encuentro, de comunidad, de canciones sudadas entre amigos. Y quizá eso sea suficiente. Porque hay noches que no cambian el mundo, pero sí consiguen que, durante un par de horas, vuelva a parecer posible. |
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