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 Crónica
 
Pablo Alborán
  21/05/2026     
  Raúl Blanco     
  Raúl Blanco
  Movistar Arena, Madrid, Madrid
www.insonoro.com

El Movistar Arena estaba hasta arriba y aun así daba frío, no del de la piel, del otro, del que se te mete por dentro cuando hay demasiada gente pensando en sus cosas al mismo tiempo, luego, salieron las luces, el ruido, los móviles en alto y apareció Pablo Alborán, con esa cara de no haber roto nunca un plato y la extraña costumbre de cantar como si estuviera solo en casa, y ahí está el truco, porque mientras medio pabellón gritaba y el otro medio intentaba grabarlo todo, él iba a lo suyo, a desnudarse un poco en cada canción, sin postureo raro, sin querer parecer más triste, más profundo o artista de lo que ya es, solo un tío delante de un piano, de una banda enorme y de un montón de personas deseando pasárselo bien.

Antes de meterme en harina, imagino que quien entra aquí lo hace por dos motivos: porque le interesa Pablo Alborán o porque siente curiosidad por leer una opinión distinta sobre él, en cualquier caso, quizá convenga dejar algo claro desde el principio, más allá de gustos personales o prejuicios musicales, hay artistas cuyo talento trasciende etiquetas, y sí, seguramente muchos de quienes desprecian este tipo de música también se emocionan cuando sus bandas favoritas bajan revoluciones, apagan las distorsiones y se dejan llevar por una balada, porque al final, por encima de géneros, estéticas o clichés, lo que permanece es la capacidad de emocionar, y ahí, guste más o menos reconocerlo, Pablo Alborán juega en otra liga.

  
Pablo Alborán
 

Y dicho esto, vamos al turrón. El ambiente en el Movistar Arena estaba inevitablemente marcado por el reciente fallecimiento del trabajador de telecomunicaciones ocurrido menos de veinticuatro horas antes del concierto, la tristeza se percibía tanto en los accesos como dentro del recinto, en una noche condicionada por la conmoción y el respeto. En uno de los momentos más sinceros del concierto, Pablo Alborán quiso dedicar tanto esta actuación como la del día siguiente a familiares, amigos y compañeros del trabajador fallecido. Un gesto sobrio, elegante y profundamente humano al que, humildemente, nos sumamos desde Insonoro. Descanse en paz.

Un abarrotado Movistar Arena recibía con “Clickbait”, ya tras un fallo con el vídeo de introducción, a un Alborán con su eterna sonrisa y aire de timidez superado por la ilusión de un niño grande que se niega a hacerse mayor. Y es que Pablo Alborán disfruta cada segundo que está sobre las tablas; se le nota en el rostro, mira a las primeras filas, saluda a esos fans que ya conoce de tantos y tantos conciertos y que además trata como si fueran amigos, les lanza besos y les hace gestos de complicidad nada impostados. Rara avis: un artista tan grande y cercano.

  
Pablo Alborán
 

Iba a escribir que me resulta complicado realizar una crónica para justificar la presencia pero ¿sabéis qué? Es que no lo voy a hacer, no me importa. Y no me importa porque cualquier persona con amplitud de miras y de escucha se daría cuenta del artista que estaba ofreciendo la primera de sus dos noches en Madrid este veintiuno de mayo. Tras poner a sudar con “Vámonos De Aquí” y “No Vaya A Ser”, llegó la parte más íntima y personal del concierto. Pablo Alborán, sentado al teclado con una fría luz blanca, dio comienzo a su terapia personal, como si de una sesión de terapia colectiva se tratara, todos le escuchábamos contarnos “Mis 36”, donde hizo gala de una potencia y control vocal para recordar, nada que no sepamos quienes conocemos al malagueño, pero no por ello dejó de impactarnos una y otra vez. El reciente, y muy grave, problema de salud de un familiar cercano le llevó a escribir “Planta 7”, que fue el siguiente relato de la sesión, un corte que dedicó a nuestros sanitarios, los de todos, los de la pública, pidiendo para ellos más respeto y mejoras generales a la vez que invitaba a la donación de médula. Qué importante es que alguien con tan inmensa visibilidad ejerza de voz de la conciencia de miles y miles de personas.

¿Recordáis lo que os he comentado unas líneas atrás sobre la conexión con su gente? Pues Pablo buscó entre sus amigos a seis afortunad@s para que escucharan, sentados en las escaleras del escenario, como si de la escena de Grease se tratara, junto a él, un medley de “Perfectos Imperfectos / Que Siempre Sea Verano / Tu Refugio / Dónde Está El Amor”, provocando temblores, risas nerviosas y lágrimas, muchas lágrimas, hasta el punto de tener que decir “pero no llores más, hija mía”. Antes de seguir, qué barbaridad de banda: Lolo (guitarra), José Marín (guitarra), Antonio de Haro (bajo), Adrián (teclado), Manuel Reina (batería), Carlos Martín (percusión) y Carlos Sagaste (vientos) se adaptan como camaleones al estilo requerido en cada momento sin el más mínimo sobresalto, pasando de la bachata al pop, tocando palos flamencos o lanzándose al melódico con punteos o solos de viento que dan la seguridad necesaria a un Alborán que, nota a nota, nos ofrece una masterclass de control de las cuerdas vocales y magisterio musical.

  
Pablo Alborán
 

La noche ofreció un regalo: la grabación del videoclip de un tema inédito, el tema “Tiempos Bonitos”, canción muy reconocible dentro del universo compositivo del malagueño que aún no tiene ni fecha de publicación, pero que seguro que ya tienes en YouTube por si tienes curiosidad de saber cómo suena. Por primera vez en la gira, el centro del pabellón alberga un cuadrilátero que es utilizado para recibir a los invitados de la noche. El primero, el concursante de OT, Guille Toledano, para hacer “Ecos”, promesa cumplida por el malagueño a un fan alumno al que nervios y presión atenazaron demasiado fuerte. Carla Morrison tuvo doble ración: “Te Regalo” y “Si Te Quedas” fueron sus minutos de gloria antes de que Anthony Z hiciera “Besos Dorados” para cerrar este mini set central.

Para la parte final del concierto, Pablo Alborán dejó la verdadera fiesta: “Vívela”, “La Fiesta”, “Vivir” y “La Vida Que Nos Espera” antes de dar por finalizado el espectáculo con los ritmos caribeños de “Si Quisieras”. El talento vocal y compositivo de Pablo Alborán está fuera de cualquier duda; más allá de prejuicios, disfrutar de un concierto de este malagueño es pasar por una montaña rusa de sensaciones, incluidas algunas más planas, sí, de esas también hay alguna, por supuesto, pero siempre como antesala de un maravilloso sobresalto sonoro. En su contra diré, y todo desde mi perspectiva personal, que los palos flamencos vocalmente le quedan algo más regulares, y es que el estilo requiere, siempre como opinión personal, otra fuerza, pero más allá de este pequeño apunte, si estuviéramos en un país con menos prejuicios y más apertura de miras, y oídos, estaríamos ante un artista venerado sin reparos ni vergüenzas a decir: sí, me gusta Pablo Alborán.

  
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