Quique González convierte Fuenlabrada en refugio para sus canciones Dentro de la extensa gira de presentación de su último álbum 1973 (Cultura Rock Records, 2025) el cantante y compositor Quique González hizo escala en La Casa de la Música de Fuenlabrada (Madrid) como parte de la programación del Envibe Fest 2026 el pasado 8 de mayo. En estos meses han sido muchas las voces sobradamente autorizadas las que han opinado acerca del disco, que el mismo autor definió en su momento como “una mirada atrás sin nostalgia” y que supone su ¿décimo tercer? trabajo de estudio desde que publicase Personal allá por 1998. Las buenas críticas recibidas sobre el nuevo material de un artista consagrado generan una gran expectación, pero hasta que se vive en directo es imposible apreciar el alma de los nuevos temas y el carácter que los músicos imprimen en ellos, pues aquí no cabe ni trampa ni engaño. |
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Los encargados de abrir la noche fueron los madrileños Clavel, quienes presentaron un proyecto que trata de recuperar y actualizar las raíces de la música ibérica, en especial la madrileña y castiza; recuperando géneros como la copla, el pasodoble o el chotis, en un intento por conectar con la generación de nuestros abuelos. En su breve pero intensa actuación, repasaron clásicos como “Un Clavel” (Rocío Jurado), “Cocidito Madrileño” o “La Morena de mi Copla” (ambas de Manolo Escobar) creándose un ambiente casi ceremonioso -no olvidemos que todos los presentes teníamos ya cierta edad- y haciendo disfrutar a aquéllos más jóvenes de piezas que quizá nunca antes hubieran escuchado. El concierto terminó con “Nada en Especial”, tema original de la formación publicado en 2025 -que combina copla con sintes y chotis con vocecoders- y que constituye un sentido homenaje a todos quienes vinieron a Madrid buscando un futuro. |
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Tras un sonoro aplauso, giramos todos noventa grados a la izquierda sobre nuestro eje, pues la noche continuaba en otro escenario y, en breves minutos recibimos con una fuerte ovación a Quique González junto a la excepcional banda que lo acompaña: el guitarrista y productor Toni Brunet, el pianista Raúl Bernal, el contrabajista Jacob Reguilón y la gran esperanza blanca del ciclismo vasco, el baterista Karlos Arancegui. Con “Santos”, canción que cierra el nuevo álbum, empezamos un vibrante recorrido por éste último trabajo a través de canciones como “Flashes” o “La Caja de Herramientas”, que pusieron de manifiesto la evolución de un artista que había dado una vuelta más de tuerca en sus composiciones, pero manteniéndose fiel a su esencia. |
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Después de disfrutar de “Terciopelo Azul”, dimos un saltito en el tiempo con “Daiquiri Blues”, del álbum homónimo de 2009; y “Caminando en Círculos” del mítico Ajuste de Cuentas… y así transcurrió el show, intercalando las canciones nuevas con una muy cuidada selección de los temas más representativos de la dilatada trayectoria del madrileño. Los conciertos de Quique González tienen algo particular: rara vez estallan desde el principio. Las emociones se van acumulando en silencio, contenidas entre canciones que parecen avanzar con calma hasta que, casi sin darse cuenta, el público termina cantando como si necesitara liberar todo lo que llevaba guardando desde el inicio en temas que parecen diseñados expresamente para ello, como es el caso de “La Luna Debajo del Brazo”, que fue el primero en ser cantada multitudinariamente, abriendo una puerta que ya no se cerraría. |
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En esta ocasión, no pudimos contar con la participación de Gorka Urbizu en “De Verdad lo Siento”, haciendo Toni Brunet su parte; pero sí tuvimos ocasión de ver y escuchar a Patricia Lázaro colaborando en “Alguien Debería Pararlo” y “Charo”; de la misma manera que César Pop lo hizo en “Dallas – Memphis”. Llegados a este punto, sólo faltaba abandonar momentáneamente el escenario para hacer un breve parón antes de los bises, aprovechando además a agradecer la labor de todas y cada una de las personas que forman parte del equipo. Finalmente, el concierto terminó con “Salitre” y una emocionante interpretación de “Vidas Cruzadas” a la que César Pop prestó su guitarra y Patricia Lázaro, su voz, que se fundió con la del público, terminando así por todo lo alto un concierto del que nadie salió ileso. |
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