ZAZ hace del Botánico su casa y de Madrid su coro Madrid se rindió a la artista de Tour en una noche repleta de sentimiento, swing, canción francesa y cercanía casi fraternal. El Real Jadin Botánico no estaba hasta arriba de público, estaba lleno de amigos de ZAZ, de los que comparten sus vivencias a modo de canción. Desde el anuncio del SOLD OUT quedo claro que Madrid es muy de ZAZ, y si le unes que la capital es muy de Las Noches del Botánico tienes el cocktail perfecto para pasar una tarde noche fresquito de la mejor de las maneras. El Real Jardín Botánico Alfonso XIII, convertido una vez más en refugio musical de la ciudad, acogió una de las fechas más esperadas de esta edición, y eso que no era la primera vez que la francesa pisaba ese escenario, y es que la calidez de sus sonidos hace que la magia flote en el ambiente durante todo su concierto, el recinto se ilumino con sus canciones a ritmo de swing, “chanson”, pop acústico y ese pulso callejero que siempre ha acompañado su manera de vivir y sentir la música. ZAZ canta como quien cuenta pequeñas historias alrededor de una hoguera en un bosque una noche de camping con amigos, con esa mezcla de ternura, cercanía y desorden luminoso que la ha llevado a conectar con públicos muy distintos desde que “Je veux” la puso en el mapa mundial en 2010 con esa “trompeta vocal” que utiliza como recuerdo en varias ocasiones. |
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La artista llegó al Botánico con “Sains et saufs” calentito y con la necesidad imperante de presentárselo a sus miles de amigos que estábamos allí congregados. Este tour no va de vivir del pasado y por eso sus temas nuevos tuvieron gran protagonismo durante toda la noche, pero sin dejar de lado esas melodías que la han hecho estar donde está ahora. Esa mezcla funcionó porque sus canciones, incluso cuando se acercan a territorios más íntimos, conservan una ligereza emocional que no enfría el ambiente, sino que lo vuelve más humano. El arranque con “Je pardonne” dio la pauta de lo que sería la velada intima que nos tenía preparada, emoción, solemnidad, melodía luminosa y una intérprete moviéndose como si el escenario no pudiera contener toda la electricidad que traía dentro. Poco a poco fueron cayendo temas como “Mon sourire”, “Mon vrai moi” y “On peut comme ça”, con una banda que se mantenía discretamente en segundo plano visualmente, que no musicalmente ni mucho menos. “Qué vendrá” fue uno de los momentos álgidos, y es que escuchar pasajes en castellano siempre gusta, y más cuando el idioma de la noche no era el manido y popular Ingles que quien más y quien menos entiende o se maneja con él, esa mezcla medio francés y medio latina, encontró respuesta inmediata entre los asistentes, que recibieron cualquier guiño en castellano con una gratitud visible. ZAZ intentó comunicarse en español, leyendo una chuleta puesta en el suelo, hizo un amago en inglés, pero al final la naturalidad reinante la llevo a su idioma original, que por cierto, o prácticamente todo el mundo conocía o lo disimularon muy bien. El concierto nos deparo una sorpresa, cada vez más usual, una pareja subió al escenario y el concierto se detuvo durante unos minutos para una petición de matrimonio, fue uno de esos episodios que podrían romper el ritmo de un directo, pero que aquí terminó convertido en una postal afectiva de la velada y que incluso parecía que formaba parte del guion. |
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La cercanía invito a ZAZ a darse un paseo entre el público, lo que os digo, como si estuviera con amigos de camping. El bis guardó una sorpresa especialmente emocionante: “Esta tarde vi llover”, de Armando Manzanero, interpretada con respeto, fragilidad y una contención que contrastó con la energía dominante de la noche. El cierre, como no podía ser de otra forma evidentemente, perteneció a “Je veux”. Pocas canciones resumen tan bien la personalidad de un intérprete como esta canción, es diversión, fiesta, libertad, y una alegría que no necesita disfrazarse para resultar contagiosa, es complicado describir el buen rollo que trasmite este tema. A su paso por Las Noches del Botánico, ZAZ, dejo en el ambiente la magia necesaria para que nos fuéramos todos cargados de energía positiva para afrontar el resto de la semana, ni el calor impidió que bailáramos y nos dejáramos llevar por sus historias cotidianas y su inconformidad. ZAZ domina el escenario porque lo concierte en HOGAR, toda ella se funde en un ente mágico con cada movimiento, cada muestra de vulnerabilidad, cada aterrizaje en el suelo desvanecida por la emoción consiguió algo aparentemente sencillo y cada vez menos frecuente, que el público fuera también protagonista del espectáculo, no un mero asistente al mismo. |
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