Cuando a mediados de 2025 se anunciaron las fechas de la gira “From Zero World Tour” de Linkin Park, no dudamos en marcar en rojo el 23 de junio, pues no concebíamos mejor forma de empezar el verano que presenciando el directo de la mítica banda californiana. Tras varios (y largos) meses de espera, el día llegó. Y tras enfrentarnos al caos circulatorio de una pequeña localidad que colapsa cada vez que tiene un evento importante, nos plantamos con cámara y cuaderno en el auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid, dispuestos a narrar esta experiencia de la mejor manera posible. A pesar de ser martes, y a pesar de las altas temperaturas, ya desde el principio de la tarde la afluencia de público fue considerable, haciendo además que los sanitarios allí desplegados se empleasen a fondo casi desde el principio debido a varios desmayos. |
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Resulta importante destacar que la organización dispuso de varios cubos dentro idel foso llenos de hielo y botellas de agua, que fueron suministradas por la seguridad del evento a todo aquél que la pidiera, con el fin de evitar episodios de deshidratación. Los encargados de abrir la velada fueron los neoyorkinos Phantogram, dúo formado en 2007 por Sarah Barthel y Josh Carter, cuya propuesta consiste en un show de rock electrónico con ciertos tintes de psicodelia y que ellos mismos definen como “Street beat, psych pop”. Durante los primeros compases de la actuación, hubo cierta división entre quienes se entregaron a sus melodías y quienes no terminaban de ver claro que encajaran en el cartel, pero a los pocos minutos las dudas se habían disipado y todos los presentes parecían dejarse llevar y disfrutar del momento. |
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El semifondo corrió a cargo de Clipse, formación de hip hop procedente de Virginia Beach que, apoyados en unas muy cuidadas visuales y en las bases que lanzaba su DJ (ataviado con la camiseta de la selección española) ofrecieron un show contundente cargado de crítica social y mensajes reivindicativos. |
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Durante poco menos de una hora, el auditorio, que ya estaba prácticamente lleno, bailó al ritmo que marcaban desde el escenario, creando una imagen que rayaba en lo hipnótico, así como una especie de sensación de comunidad que duraría el resto de la noche y que nos recordó que la música en directo es, sobre todo, una experiencia colectiva. |
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Finalmente, y tras una cuenta atrás proyectada en las pantallas que se sintió interminable, los componentes de Linkin Park fueron tomando posesión del escenario mientras el público estallaba en aplausos para recibirlos. Los primeros acordes de “The Emptiness Machine” marcaron el final de una espera que se había prolongado durante prácticamente un año, y eso se percibió en el entusiasmo con que la recibieron los miles de espectadores que abarrotaban el recinto. Durante “Points of Authority” y “New Divide”, la banda podía transmitir cierta sensación de timidez o de contención, pero esta sensación desapareció en cuanto llegamos al final del primer acto con “Up From the Bottom” y “Somewhere I Belong”, tema que acabó en alto, dejando el terreno listo para continuar con “The Catalyst”, alcanzando un nivel de intensidad que ya no bajaría. |
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El esquema parecía el habitual de los conciertos de este tipo: ir desgranando las canciones nuevas, intercalándolas entre clásicos de la banda que han demostrado reiteradamente funcionar de maravilla en directo, sólo que esta vez los escucharíamos en la voz de Emily quien, a mi parecer (y no pretendo entrar en ningún tipo de polémica), defendió un repertorio tan exigente con una seguridad que terminó disipando muchas de las dudas que todavía despertaba esta nueva etapa. No debe ser nada fácil asumir el relevo de un cantante de talla mundial como Chester, ni estar permanentemente bajo el escrutinio de los fans que añoran a su ídolo. Pero la vocalista demostró que está de sobra capacitada para asumir esa responsabilidad, conquistando el corazón de todos lo que la estábamos viendo y escuchando. Y dejándonos atónitos cuando cogió las baquetas durante “Casuality”, justo antes de terminar el segundo acto con “One Step Closer”. |
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La segunda mitad del show comenzó con una versión algo acortada de “Lost”, continuando con “Breaking the Habit” y “Stained”, terminando el tercer acto a ritmo de “What I´ve Done”, que puso a prueba -una vez más- el nivel de entrega y de resistencia física de un público que parecía dispuesto y capaz de, no sólo aceptar el desafío, sino de subir la apuesta, como demostró durante “Numb” o durante la versión del mítico tema de Tears for Fears “Everybody Wants to Rule The World”. “Heavy is the Crown” y “Bleed it Out” marcaron el final del concierto… a falta de los bises, que serían “Papercut”, una interpretación de “In the End” que, de seguro, provocó más de un infarto y que desde el foso se vivió como una perfecta comunión entre artistas y público; y “Faint”, que incluyó confetti y supuso el mejor de los finales posibles para un concierto en el que todo salió bien. Y todo salió bien gracias tanto a los músicos como al impecable trabajo del equipo que los acompaña y que, durante una noche, hicieron latir miles de corazones a ritmo. Miles de corazones que fueron lentamente abandonando el recinto conteniendo la euforia, la emoción y alguna que otra lágrima; sintiendo que Linkin Park ha vuelto para quedarse. |
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