Del desconcierto a la revelación, BEAT firma una noche virtuosa en Las Noches del Botánico BEAT ofreció en Madrid no solo una revisión basada en un repertorio ilustre, dieron una buena muestra de que la música de King Crimson esta viva a día de hoy. Con un inicio irregular e inquietante, el cuarteto acabo dando una actuación repleta de autoridad, riesgo y una alta carga de expresividad en todos los aspectos. No podéis ni imaginaros lo que odio que suceda esto, pero, el sol pegaba de pleno sobre el escenario cuando aparecieron en escena Adrian Belew, Tony Levin, Steve Vai y Danny Carey, cuatro nombres que actualmente apodados BEAT cargan sobre sus espaldas con la mística misión de devolver a la actualidad la leyenda de una banda tan grande como King Crimson, todo ello sin que huela a naftalina de armario de residencia. Lo que se vio fue precisamente eso, una montaña rusa de emociones que iban saltando en el tiempo mientras aparecían fragmentos de vida en la mente colectiva, algo así como lo que debe ser cuando ves que vas a morir, recuerdos en diapositivas de tiempos pasados, no siempre mejores, pero, al fin y al cabo, recuerdos. |
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Beat tira sobre todo de “trilogía”, la formada por “Discipline”, “Beat” y “Three of a Perfect Pair”, albunes que en su día se consideraron obras maestras y a día de hoy son clásicos incunables del rock sirviendo a muchos de libro de primaria para aprender a como se hacen las cosas en este mundillo de la música. De un sonido místico, progresivo hasta rozar lo incompresible para la mente humana, el sonido de estos Beat desarmaba cualquier atisbo de cordura mental presente en el Botánico llevándolo a la esquizofrenia y la la locuras más bella e imperceptible sentida por el cuerpo humano. La belleza de lo incomprensible, la madurez de lo que no se entiende, pero se siente profundamente a pesar de que en muchos momentos no sabias muy bien que estaba sucediendo contigo. La primera mitad del concierto, sin embargo, estuvo lejos de la pulcritud y el buen hacer, desgraciadamente. El calor castigaba en exceso y la hora de comienzo del show no ayudo, algo de lo que dio buena cuenta el bueno de Below que a poco de comenzar ya nos informó de que había sufrido un golpe de calor y no se encontraba muy bien pero que intentaría dar el cien por cien esa tarde noche. Y vaya si se encontraba mal, Below mantenía una lucha fratricida entre sus ganas de agradar y un cuerpo y una mente que no le respondían a los estímulos necesarios para hacer su labor adecuadamente. Hubo vacilaciones, gestos de autentico desconcierto por no saber donde demonios estaba o que le estaba sucediendo y una sensación de fragilidad que vista de cerca daba incluso agobio. Un servidor estaba incluso sufriendo mas que el propio Andrew de ver como sus dedos no reaccionaban a las órdenes del dueño para poder jugar diabólicamente con los trastes de su guitarra, la voz era una conversación incongruente y su desesperación por lo que estaba ocurriendo algo más que evidente para todos. |
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En ese contexto, sus compañeros, nada ajenos a lo que estaba sucediendo vieron la imperiosa necesidad de tomar las riendas del show y hay es donde aparece un soberbio Tony Levin que fue, sin lugar a duda, el gran estabilizador de la noche. Su presencia durante toda la noche ya fuera con el bajo o con el Chapman Stick, tuvo absolutamente toda la atención y serenidad del respetable, bajo una sensación de los que no necesitan gritar para hacerse dueños de una situación. Danny Carey, por su parte, sabe y acepta su papel, no intentar en ningún momento ponerse en los zapatos de Bill Bruford, dejarse de imitaciones absurdas que le llevarían a parecer realmente cómico y tirar de talento y profesionalidad con sello propio. Y Steve Vai, pues eso, Ste Vai era…el mismo en toda su magnitud y disfrutando de poder estar en un lugar donde sus rarezas, musicales y visuales, cobran mayor sentido y protagonismo. Tras la pausa, bastante más larga de lo anunciado en la que no descarto para nada que los servicios sanitarios del festival tuvieran que hacer una visita a camerino a ayudar un poco a Andrew, todo mejoro, gracias a Dios. Brew consiguió tomar el mando de su propio cuerpo y, por consiguiente, del show, con lo que subieron mucho las reacciones de entusiasmos y admiración por parte del respetable. La percusión inicial de “Waiting Man” sirvió de reorganización neuronal para todos, una manera de amueblar el cerebro y, prácticamente, comenzar un concierto nuevo. A partir de ahí el concierto comenzó a dar lo que se esperaba de el, “The Sheltering Sky” abrió un agujero inter espacial e hipnótico, “Sleepless” dio muestras de la recuperación de Andrew, “Frame by Frame” arruino la carrera musical de los que fueron allí a aprender que hacer sobre un escenario sin tan siquiera tener los instrumentos en sus manos, “Matte Kudasai” nos inundó de sensibilidad y ternura, al estilo “Beat”, todo esto por nombrar algunas de la joyas que sonaron antes de que “Indiscipline” cerrara la segunda parte del show llevando al limite a todos convirtiendo la música en descontrol perfectamente controlado y una teatralidad añeja memorable, parecía que no habían pasado tantos años. |
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Los bises fueron pequeñas gemas que Beat incorpora al repertorio, “Red” y un cierre sublime con “Thela Hun Ginjeet”. BEAT ofreció en Madrid un concierto claramente dividido en dos mitades, una agónica e inesperada marcada por el sofocante calor y el problema de salud de Andrew y una segunda en la que la velada recobro la normalidad y el concierto adquirió la magnitud esperada. Levin, Vai y Carey aguantaron el envite con enorme sobriedad y nivel un repertorio tan exigente como visionario. La banda evitó el tono de como si hubiesen visto la luz por primera vez hace un par añitos, aunque quizás, si hubiese sido así, quien sabe si hubieran sido entendidas y aceptadas. Más que un ejercicio de nostalgia, la noche termino siendo una afirmación de que aún se puede disfrutar mucho de una de las etapas más audaces de King Crimson…a pesar de haberlo tenido todo en contra. |
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