Tras la dura primera jornada del Resurrection Fest, un servidor decidió descansar un poco en el hotel antes de bajar al festival, pero no sin antes mandar a parte del equipo de avanzadilla. Entre ellos se encontraba un viejo conocido de la escena del rock vizcaíno, como es nuestro amigo y colaborador José Prieto “Kaska”, quien bajó con tiempo al festival para disfrutar y transmitirnos todo lo acontecido durante la interpretación de los albaceteños Ángelus Apátrida, y que a continuación comparto. A las 18 h del 2 de julio, el escenario principal del Resurrection Fest ya empezaba a llenarse para escuchar la descarga de la que, para mí, es una de las mejores bandas que hay en este país en su género: Ángelus Apátrida. Thrash metal sin concesiones, agresivo y real. Cualquier calificativo se queda corto. Guillermo Izquierdo (guitarras y voz principal), David G. Álvarez (guitarras y coros), José J. Izquierdo (bajo y coros) y Víctor Varela (batería) tienen una maquinaria perfectamente engrasada que funciona a la perfección, técnica y musicalmente. |
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A las 18:30, la intro fue como una llamada a filas; la gente que se agolpaba en el Main Stage respondía a los primeros acordes de “One of Us” con entusiasmo. Siguieron “Snob”, “Indoctrinate” y “Cold”; con semejante descarga dejaban claras sus intenciones de salir victoriosos del reto. Un escenario tan grande puede intimidar, pero los de Albacete lo manejaban a su antojo y lo llenaban por completo. Resultaba especialmente refrescante la actitud de la banda, cercanos con el público, divirtiéndose con la gente y entre ellos. A esas alturas del set, el público ya estaba totalmente entregado a la banda, disfrutando cada “Wall of Death” y cada circle pit como si fuese el último. Casi sin pausa, “Of Man and Tyrants” y “We Stand Alone” sonaron como auténticos cañonazos. Caras de felicidad en el público, pero también en la banda; allí se disfrutaba y se notaba. El sonido acompañaba: limpio, grande y apabullante, sin artificios (cosa que no ocurrió con alguna otra banda en demasiadas ocasiones). |
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Con Angelus, lo que ves y oyes es lo que hay: gente tocando, sonando enormes, sin concesión alguna. Los últimos temas, “Violent Dawn” y “Give’em War”, los elevaron a los altares de un estilo que parece renovado y que está aquí para quedarse. “Sharpen the Guillotine” y “You Are the Next” pusieron el broche de oro a una tarde memorable de la que, sin duda, tomamos nota. Angelus Apátrida juega, domina y gana. |
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Ya repuestos y en forma, nos decidimos a bajar al festival. Tras más de hora y media esperando a un autobús que nunca llegó, decidimos poner rumbo a pie, lo que nos costó perdernos una buena tanda de bandas, llegando justos al inicio de Iron Maiden, justo con “Doctor Doctor” de UFO sonando de fondo, ese himno que, como todo el mundo sabe, da inicio a los conciertos de la Doncella. Mientras me iba acercando al escenario, iba observando esas caras de expectación que siempre se pueden ver en un show de los británicos: veteranos esperando oír los primeros acordes de la guitarra de Adrián, esos críos que, en su primera vez, ojipláticos, no se pierden ni un detalle, mientras los padres, con el babero puesto, orgullosos, les van indicando los detalles del espectáculo. Los de siempre, con sus móviles, tocando los… y, como no, todos cantando “Doctor Doctor” a pleno pulmón. Es increíble esa sensación, aunque les hayas visto; en mi caso, no hay dedos de las manos ni de los pies para contar las veces que les he visto. Aun así, esos nervios previos, esa sensación de saber que algo grande está a punto de pasar, ver esas caras de alegría entre los más jóvenes, todo ese algarabío es indescriptible, y una vez más lo estaba volviendo a vivir. Acabado “Doctor Doctor”, “The Ides of March” daba el pistoletazo de salida; esa intro de “Killers” daba paso a la salida de la banda, que saltó al escenario del Resurrection como un torbellino. Como todo el mundo sabe, o debería saber, este concierto venía dentro de la presentación de la segunda parte de la gira “Run for Your Lives”, con la que vienen repasando la etapa desde su disco homónimo “Iron Maiden” hasta “Fear of the Dark”. “Murders in the Rue Morgue” fue la encargada de abrir el melón de la actuación de la Doncella. |
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Con la banda en el escenario, la inmensa pantalla trasera, que en esta gira sustituye a los clásicos telones de la Doncella, y en ella aparecían proyectándose imágenes representativas de cada disco y, en concreto, de este tema que nos ocupa: la calle de la morgue. Un Bruce ataviado con la típica indumentaria a la que nos tiene acostumbrados en esta última gira se paseaba por el escenario, jugando con su pie de micro, entreteniendo y azuzando a un público que, con la simple presencia de la banda sobre el escenario, ya se volvía loco. Una vez más, Iron Maiden lo había conseguido: desde el primer minuto, la comunión entre público y banda fue total. Bien de voz, Bruce conducía a la perfección la ceremonia, claro está, con la aprobación del gran jefe Harris, que, como si no pasaran los años, continúa a lo suyo, machacando ese bajo con la insignia del West Ham a 400 notas por segundo. Adrián Smith, por su parte, es el más serio, pero, sin duda, para mí, el que más sigue rindiendo al 200 %. Es alucinante lo de este hombre. Cierras los ojos y es como si estuvieras escuchando el disco, con esa ejecución perfecta en los solos, interpretados de manera impecable, pero siempre aportando algo nuevo sin desvirtuar en absoluto la esencia de esos temas que tanto nos hacen disfrutar. Y de lo lindo disfrutamos con el siguiente tema, “Wrathchild”, con ese ritmo frenético en el que el público lo cantó como si de una sola garganta se tratara. Los primeros acordes de “Killers” seguían el repaso a la época del tristemente desaparecido Paul Di’Anno, para quien Bruce tuvo unas palabras y a quien siempre recordaremos por poner voz a esos primeros temas de la banda, con los que muchos nos iniciamos allá en nuestra adolescencia y que siempre nos acompañarán junto a esos momentos vividos con ellos. “Phantom of the Opera” nos dejaba ojipláticos, con esa interpretación de un Bruce pletórico que azuzaba al personal mientras ese ritmo trepidante nos animaba a saltar y dejarnos llevar aún más, y que en directo suena todavía más poderosa. |
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La introducción del siguiente tema no dejaba ninguna duda, y es que las imágenes en blanco y negro de ese cementerio no hicieron más que enloquecer aún más a un público totalmente entregado, que repetía como poseso, como si de una misa negra se tratara, aquello de: Woe to you, oh earth and sea Ni que decir tiene cuál fue la respuesta del personal, y ya cuando Mr. Dickinson alzó el tono en ese chillido después de las primeras estrofas, Viveiro se convirtió en una auténtica fiesta. Sin duda, Iron Maiden lo había vuelto a conseguir: la vieja guardia, los ñumetaleros, los niños, absolutamente todos, como una auténtica hermandad metalera, cantamos y botamos una vez más este himno atemporal, estandarte absoluto del heavy metal que, aún en 2026, sigue poniendo en pie a más de 30.000 almas. Como locos estábamos ya. En las pantallas, un lago azul y el Eddie del Seventh Son nos presentaba la siguiente parte del show: “Infinite Dreams”. Sonó en Viveiro de una manera especial, ya que, sin duda, este era el tema en el que Nico se lucía con esos toques en los platillos y esa atmósfera mágica que solo él sabía aportar a los temas. En esta ocasión, la labor corrió a cargo de Simon Dawson, quien hizo una gran labor durante todo el show, pero al que muchos no terminan de ver con buenos ojos. No seré yo quien tire la primera piedra. Lo hizo francamente bien, aunque ni por asomo podrá suplir nunca la pegada, la ejecución y, sobre todo, ese carisma mágico que el grandullón de la nariz chata aportaba a los directos de la banda. Aun así, el tema sonó magistral en Viveiro, dejándome a mí, personalmente, uno de los mejores momentos de la noche. |
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Otro de esos momentos en los que todo dios está con el móvil en la mano llegó con “Powerslave”, con la portada de fondo, donde se mostraba la esfinge de Eddie Faraón, y en cuya interpretación Dickinson se coloca esa máscara egipcia mientras interpreta el tema con esos pebeteros en llamas y toda esa escenografía magistral que siempre acompaña a la banda. Ni que decir tiene la interpretación de un grandísimo Bruce, que nos dejó un final impresionante. Una de las quejas que siempre pondré a los directos de los británicos es la hora, y es que se pierde muchísimo encanto en estas producciones siendo de día. La verdad, tanta escenografía desperdiciada por las luces del día da mucha rabia, pero así son los ingleses y no hay ni habrá quien los baje de la burra. Grandísima interpretación por parte de la banda y, en concreto, la de un Bruce que estuvo grandioso. “2 Minutes to Midnight” ponía el acelerador a un show que funcionaba como un reloj suizo. Los grandes Smith y Murray, quien, aunque estuvo un poco anodino en algunos momentos, siempre mantuvo su sonrisa en la boca, interpretaba sus partes con gran carisma. Pero, para carisma, él: siempre saltimbanqui, Janick Gers, quien no paró de juguetear con los diversos Eddies que salieron al escenario. Aunque para muchos no fue una sorpresa, el siguiente tema que cayó, sin duda, es uno de los grandes alicientes de esta gira y por el que muchos nos plantamos en Viveiro. Sí, no estoy hablando de otro tema más que de “Rime of the Ancient Mariner”. Casi 14 minutos en los que la épica, una grandiosa interpretación y un sonido cristalino hicieron que, por un momento, Viveiro enmudeciera por completo y solo se oyera a la banda. Cada parte, cada riff, cada momento fue interpretado exquisitamente. Aquí no hubo interpretaciones libres; sonó con una precisión impecable cada uno de los solos, arreglos, melodías, partes vocales y ritmos. Todo sonó de 10. Sin duda, fue uno de los momentos más mágicos de la noche. |
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Otro grandísimo momento vino de la mano de “Seventh Son of a Seventh Son”. Aquí un servidor no puede ser objetivo, puesto que creo que estuve en una nube durante todo el tema, y quien no lo viviera igual miente como un bellaco o la alta ingesta le impidió disfrutar de ese maravilloso momento en el que la tarima se cubría de niebla, el escenario se pintaba de azul para trasladarnos a un lago helado donde un Eddie con su hijo en un puño presidía las pantallas, mientras Iron Maiden nos transportaba a 1988, año en que editaron esa obra maestra y que en Viveiro nos dejó a todos completamente helados. Sublime interpretación. A tope estábamos cuando “The Trooper” hizo saltar todo por los aires. Este tema, con ese ritmo frenético que algunos llaman la cabalgada metálica de Harris, con esa pose característica encañonándonos con su bajo. Janick jugando con el “Eddie Trooper”, la dupla Murray-Smith haciendo de las suyas y, cómo no, Bruce, con casaca roja, ondeando la Union Jack, que en esta ocasión compartió protagonismo con la enseña gallega, lo cual encendió aún más a un público que disfrutaba totalmente hipnotizado con cada uno de los guiños que el pequeño vocalista les hacía, encendiendo aún más a todos los presentes, que coreamos este tema como posesos. Tras los “ooooosss”, cánticos, silbidos y euforia total, comenzó “Hallowed Be Thy Name”, sin duda mi favorita de la banda, y que estuvo acompañada de una grandísima interpretación teatral por parte de un Dickinson encerrado en una jaula como un reo a punto de ser ejecutado, mientras se iba desarrollando el tema con unas imágenes de fondo de Bruce intentando escapar de las garras de una muerte que, soga en mano, corre detrás de él por unas escaleras de piedra, logrando alcanzar a un Bruce que finalmente cae al abismo, ejecutado en la horca. Sin duda, la mejor interpretación de Bruce durante todo el show. Y es que, si Smith y Murray estuvieron a un gran nivel, Gers, que también aportó lo suyo al tema, se salió. Lo de Bruce fue apoteósico, tanto en el principio, que estuvo inmenso, como en el final. De principio a fin, Mr. Dickinson demostró por qué es uno de los grandes cantantes de la historia. Y sí, será un bocazas, pero es que cuando abre esa bocaza que tiene, ¡madre mía! Gran trabajo tienen los niñatos venideros si quieren, al menos, llegar a las suelas de los zapatos de este hombre. |
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Todo estaba vendido, no había nadie que no estuviera metido en el show de los ingleses. Cuando los primeros sonidos característicos de la guitarra de Murray no dejaban indiferente a nadie, era esa melodía inicial de “Iron Maiden” la que cantamos una vez más como si fuera a ser la última. Y que siga así durante muchos años más . No hay palabras para describir las caras de emoción y alegría de los presentes, y sobre todo de los primerizos o de esos niños acompañados por sus padres, que, totalmente alucinados, se quedan anonadados mirando las pantallas, esperando la aparición de Eddie con unos ojos como redondos como su de un manga japonés se tratara Ese Eddie que para ellos por primera vez, y que a otros nos ha acompañado durante toda nuestra vida. Y aun así, seguimos viviéndolo como el primer momento en el que vimos aparecer ese monstruo gigante por primera vez que tanto espacio ha ocupado en nuestros armarios en forma de camisetas tazas y toda ese imperio de merchang que la banda tiene montada . Y por fin apareció lo que todos estábamos esperando: Eddie apareció esta vez en las pantallas, pero aun así, con gran dinamismo. Un gigantesco Eddie con camisa de fuerza. Irrumpió como un torbellino, desatándose de sus correas irrumpiendo en el escenario . Es increíble ver esas caras de alegría y satisfacción de cada uno de los presentes en esos precisos momentos del concierto. La alegría y la emoción absolutas habían tomado Viveiro. Esta banda sabe muy bien cómo hacer vibrar a su público, y él mismo se lo devuelve con absoluta devoción. La banda, exhausta, se retiró del escenario, pero no había sorpresa alguna; la inmensa mayoría sabíamos que aquello no era el final. Y no, señor@s, por supuesto que no. De repente, una alarma antiaérea, precedida del discurso de Churchill a su nación, vaticinaba una batalla final. “Aces High”. Si habíamos tenido espíritus, el Seventh Son, la ejecución de Bruce en “Hallowed Be Thy Name”, no nos podíamos quedar sin una batalla aérea en la que Eddie surcaba las nubes mientras, en una encarnizada persecución, abatía las aeronaves de la Luftwaffe alemana a los mandos de su Spitfire, proyectadas de manera magistral en la pantalla gigante. Solo diré: ¡A CO JO NAN TE! |
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Bueno, bueno. Sí, avisados estábamos y lo habíamos visto en los vídeos; algunos repetían, pero es que fue increíble, os lo juro. Mira que los he visto veces, pero es que esa sintonía entre la producción clásica y esa escenografía, con las pantallas modernas, te deja totalmente pasmado. Así estábamos, abobados y hechos polvo cuando “Fear of the Dark” terminó de volarnos la cabeza, claro que sí. Los malagüeros ya se frotaban las manos, pero ahí estaba, como no podía faltar en los repertorios de la Doncella. I am a man who walks alone Fear of the Dark, cantábamos todos como locos, jajajaja. Mira que la hemos llegado casi a odiar y ahí estábamos todos. Los haters, los incondicionales, todos cantándola, jajajaj. Si es que contra esta gente no se puede; siempre ganan, jaja. Y para el final, como no podía ser de otra manera, dejaron “Wasted Years”, donde absolutamente todo el mundo la celebró cantándola hasta quedarse sin voz, lo que dejó un gran broche de oro para el final de una gran actuación de los británicos, que una vez más triunfaban a lo grande y que dudo mucho que dejara insatisfecho a alguien. Podemos decir mil cosas; incluso podemos afirmar que han bajado un 0,0000001 % del nivel al que siempre nos han tenido acostumbrados, pero no se puede negar que una banda con 50 años de trayectoria y con una media de edad de casi 70 años entre sus miembros siga dando conciertos de este nivel. No se les puede reprochar absolutamente nada. Iron Maiden son una leyenda viva del heavy metal; son una institución que, con los años, ha sabido mantenerse y, no solo eso, ha crecido exponencialmente y sigue creciendo. Lejos de ir cuesta abajo, parece todo lo contrario: siguen subiendo sin saber dónde está el techo. Por desgracia, el tiempo apremia y estamos cerca de presenciar el ocaso, pero creedme que, por lo vivido en Viveiro, será más por decisión propia que por no poder seguir a gran nivel. Sin duda, son un ejemplo de trabajo duro y dedicación, y eso el público soberano, fiel a la banda, se lo devuelve con esas muestras de gratitud y entrega siempre que puede. Iron Maiden, sin duda, fueron los indiscutibles triunfadores de este Resurrection Fest, que una vez más pusieron en el podio al heavy metal más clásico y que, en este festival, con tantas bandas modernas y sonidos duros, hizo que todos tuvieran que rendir pleitesía a los reyes indiscutibles del metal. Con permiso de Manowar, por supuesto, jaja, faltaría más. Bromas aparte, sin duda, los triunfadores hasta el momento tenían un nombre: IRON MAIDEN. |
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Tras el conciertazo de los británicos, nos fuimos a reponer fuerzas a los puestos de comida y bebida, no sin antes pasar por la carpa de prensa para pequeñas labores de mantenimiento técnico, cosas de fotógrafos. De camino a los puestos, nos encontramos con conocidos como Gorka Mena, de Manifa y Euskal Metalheads; los chicos de Krüdo; Jon Kortana, de Orion Child; Larry, de Diario de un Metalhead, y muchísimos conocidos más. Daba la impresión de que todas las comunidades del Cantábrico se habían desplazado a Viveiro; vamos, como en casa. Mientras degustábamos una rica pizza, estuvimos escuchando en el Chaos a The Callous Daoboys, quienes parecían estar dando mucha caña, a juzgar por lo que estábamos oyendo y la polvareda que se estaba levantando en lo que parecía un gran pogo. Tras reponer fuerzas y reunir al equipo, nos dirigimos de nuevo al Main Stage para coger sitio de cara a la actuación de los neoyorquinos Anthrax, a los que tenía muchas ganas de ver. De camino al Main bordeamos el escenario Ritual, donde estaban tocando Caliban. Pero las ansias por conseguir un buen sitio en la primera fila para ver a Anthrax fueron superiores al metalcore de los alemanes; perdón, hardcore, como se definen ellos. Y allí nos plantamos en el Main Stage para ver a los neoyorquinos que, si no me falla la memoria, desde su visita a Bilbao con, precisamente, Iron Maiden, no los había vuelto a ver, y ya hacía unos cuantos años. La actuación de Anthrax no podía haber empezado mejor, con un sonido cristalino. “Among the Living” reventaba en el escenario principal con un Scott Ian enfurecido, Joey Belladonna con su pie de micro sin soporte, todo un clásico en la escena thrash metal. Un Frank Bello totalmente espídico, que vive cada tema, cada nota que sale de su bajo como si fuera su último concierto. Y, cómo no, el último fichaje, Jonathon Thomas, quien lleva el peso de los solos de guitarra desde 2013 y que, junto a Scott, forman una dupla a las seis cuerdas impresionante. El último en incorporarse tras la baja de Charlie Benante fue Darby Todd, quien había suplido a Charlie en otras ocasiones y que en Viveiro demostró una gran solvencia a la hora de interpretar los temas de la banda. “Got the Time” encendía aún más a un público que ya, a esas horas, estaba totalmente descontrolado; la versión de Joe Jackson que la banda hizo suya en aquel mítico Persistence of Time sonó como una bomba. “Madhouse” y “Caught in a Mosh”, como no podía ser de otra manera, originaban un mosh pit gigante al que un servidor sucumbió como un fanático más. Tremendo estaba sonando Anthrax, cuando Belladonna, a grito de “¡Buenas noches, Resurrection Fest!”, anunciaba el siguiente tema, “Metal Thrashing Mad”, otro clásico de su primera etapa, perteneciente al disco Fistful of Metal, con el que los más veteranos disfrutamos como cerditos en el barro. |
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Otra joya rescatada en esta gira fue “Keep It in the Family”. En las nubes estaba; y es que, sin duda, para mí, Persistence of Time es una de las joyas de la banda, y este tema en concreto no lo había vuelto a oír en directo precisamente desde la presentación del álbum, allá por 1990, curiosamente de nuevo teloneando a Iron Maiden. “Breathing Lightning” nos transportaba a la última etapa discográfica de la banda, For All Kings, un tema directo, fuerte y con ese sonido clásico de los de Nueva York que encaja perfectamente con los clásicos de la banda, como pudimos observar en Viveiro, donde sonó espectacular. “It’s for the Kids” nos puso en la órbita de la actualidad musical de la banda. Este tema, que estrenaron hace unos meses, formará parte del nuevo álbum de la banda, Cursum Perficio, que se espera salga publicado a finales de verano u otoño. La portada del álbum fue el elemento escénico que utilizaron durante el show, presentada en la gran pantalla que presidía el escenario y que, como su antecesor, cumple perfectamente dentro del setlist de la banda, lleno de grandes clásicos y en el que este tema en concreto no desentona para nada dentro de esa gran lista. Otra golosina rescatada fue “Medusa”; más pogos, un Joey Belladonna acalorando aún más a un público totalmente entregado a la locura desenfrenada de Frankie y Scott. En fin, Anthrax había tomado el control; sabían que este festival era para ellos y no iban a perder la oportunidad de demostrar por qué están dentro del Big Four. Una vez más, unos veteranos del thrash metal puro y duro estaban dando toda una lección en este festival lleno de sonidos modernos. Sin apenas darnos cuenta, nos habíamos comido prácticamente el tiempo que la banda tenía establecido en este festival. Si es que cuando uno disfruta, el tiempo se pasa volando. Pero antes, la banda tenía guardado un trío de ases de esos que te dejan totalmente roto. |
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Los primeros acordes de “Indians”, como no podría ser de otra manera, con el cantante ataviado con su clásico penacho de jefe indio, dieron lugar una vez más a numerosos mosh pits y circles por todo el recinto del main stage, sucumbiendo aún más cuando el cantante se bajó del escenario para saludar a las primeras filas; solo le faltó unirse a la algarabía reinante. ¡Qué energía la de este hombre! Si bien resaltamos la de Bruce Dickinson, lo de Joey Belladonna sin duda es un auténtico ejemplo de cómo mantenerse en grandísima forma a los 65 años. Y como guiño a Bruce, se marcó al final del tema un “Run to the Hills” espectacular, y es que es sabido por todos el buen rollo que los americanos se traen con los británicos. Así, hasta con guiño a los Maiden, se despedían Anthrax. Bueno, más bien hacían el amago para a continuación comenzar con esos acordes mientras Joe empieza con el “¡oe, oe, oe!” y, seguidamente, lás guitarras continúan coreando para luego interpretar “Anti-Social”. Ese clásico de la banda francesa Trust, que los americanos popularizaron, y que desde entonces no ha faltado en los repertorios de la banda. Pero, sin duda, el gran final como es costumbre, vino de otro de sus grandes clásicos: “I Am the Law”. En ambos, absolutamente todo estalló por los aires y acabó con un Frank Bello por los suelos, mientras Scott Ian acababa totalmente descontrolado, a la vez que sus compañeros. Sin palabras para describir la magistral actuación de uno colosales Anthrax, que una noche más demostraron quiénes mandaban en este festival. Si la noche anterior fueron Testament, la siguiente, sin duda, fue la de Anthrax. Y es que, sí, el relevo está difícil, pero igualar a estos titanes no está al alcance. Creo que el debate está en este punto: ¿hay actualmente alguna banda que iguale a los clásicos? Creo que no. Y creo que el tema no esni la industria, los sonidos actuales, etc. El tema es muy simple: después de ver bandas de jovencitos con super equipos, material, etc. Muchos de ellos súper entregados con grandes instrumentos bajos de 8 cuerdas. Super técnicos, etc al final llegas a una conclusión. No es el equipo, ni el sonido, y juraría que ni la entrega que de eso muchos andan sobrados; es simplemente haber nacido en esa época en la que se estaba creando todo eso y en la que esas bandas forman parte de esa creación. Ese espíritu no se puede calcar, copiar o interpretar de ninguna manera, y por eso estos grupos tienen ese aura, ese magnetismo, todo ello acompañado, por supuesto, de muchísimas tablas que hacen que los grupos de ahora parezcan simples imitadores, por muy buenos que sean, y ojo que los hay. |
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Sin duda, los auténticos vencedores habían sido, una vez más, las bandas veteranas, que demostraron, sin duda alguna, que la veteranía y las tablas son más poderosas que la juventud y la técnica. Tras la arrolladora actuación de Anthrax, nos dirigimos a descansar un poco a la zona de restauración, donde estuvimos escuchando a Authority Zero. Yo, que no soy un gran seguidor de esos estilos, quitando Offspring, Green Day, Pennywise y Sum 41, tengo que reconocer que lo que se oía en el Chaos tenía buena pinta. Una vez más, la polvareda que se levantaba indicaba que los allí presentes se lo estaban pasando pipa, pero mi triste cuerpo, después de la dura batalla en Anthrax, ya no daba para más. Con esas, decidimos por unanimidad —no creáis que soy el “cacique” del grupo, como algunos me pintan— que ya teníamos bastante por ese día y abandonamos el recinto del festival con la sensación de haber vivido una jornada histórica. |
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