El sábado amanecía con la sensación de que todo estaba llegando a su fin. Tras tres jornadas intensas, Mad Cool afrontaba su última noche con un cartel plagado de leyendas y con un ambiente algo más relajado que los días anteriores. Aun así, el recinto seguía respirando música en cada rincón y el cierre prometía estar a la altura de una edición que había reunido a más de 200.000 asistentes. Nuestra jornada comenzó con The Black Crowes. Los hermanos Robinson volvieron a demostrar por qué siguen siendo una referencia del rock sureño. Arrancaron sin contemplaciones con Remedy y fueron encadenando clásicos como Sting Me, Jealous Again, Hard to Handle, She Talks to Angels o Twice as Hard. Chris Robinson continúa siendo un frontman magnético, con esa mezcla de elegancia y descaro que convierte cualquier concierto de la banda en una auténtica lección de rock clásico. |
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Tras una breve parada para cambiar completamente de ambiente con la electrónica de Nina Kraviz, llegaba uno de los grandes dilemas del festival. Nick Cave actuaba prácticamente al mismo tiempo que Kasabian. Muchos optaron por dejarse envolver por el magnetismo casi espiritual del australiano, pero nosotros teníamos claro que aquella noche el cuerpo pedía festival. Y pocos grupos entienden mejor un festival que Kasabian. Desde los primeros compases el ambiente se transformó por completo. La banda británica convirtió el escenario en una auténtica celebración enlazando himnos como Club Foot, Underdog, Empire, Fire y la imprescindible L.S.F. (Lost Souls Forever). Uno de los momentos más potentes llegó cuando hicieron sonar el mítico Insomnia, de Faithless, provocando una explosión de saltos y cánticos que puso el recinto completamente patas arriba |
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Aun así, la curiosidad volvió a jugar su papel y nos escapamos unos minutos hasta Nick Cave & The Bad Seeds. Bastaron unas pocas canciones para comprender por qué sigue siendo una de las figuras más elegantes y magnéticas del rock. Su cercanía con las primeras filas, la intensidad interpretativa y una banda absolutamente impecable convertían cada tema en un pequeño ritual. Pero, igual que había ocurrido en jornadas anteriores, terminamos regresando a Kasabian para vivir el desenlace de un concierto absolutamente festivo. |
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Con la noche ya avanzada llegó el turno de David Byrne. El genio de Talking Heads volvió a demostrar que sigue varios pasos por delante de casi todo el mundo. Sin apenas escenografía tradicional, rodeado de músicos y bailarines en constante movimiento, repasó clásicos como And She Was, This Must Be the Place, Psycho Killer, Life During Wartime, Once in a Lifetime y Burning Down the House, construyendo uno de los espectáculos más originales del festival |
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El honor de cerrar Mad Cool 2026 correspondió a Pulp. Jarvis Cocker volvió a ejercer de maestro de ceremonias con ese carisma inconfundible mientras sonaban Disco 2000, Babies, This Is Hardcore, Do You Remember the First Time? y, cómo no, Common People. Un final perfecto para cuatro días de música que volvieron a confirmar a Mad Cool como una de las grandes citas del verano europeo. Cada jornada tuvo su propio carácter: el rock demoledor del miércoles, el giro hacia el pop del jueves, la explosión escénica del viernes y este sábado repleto de historia y grandes nombres. Cuatro días distintos, cuatro maneras de vivir un festival y la misma sensación al abandonar el recinto: ya había ganas de volver el año siguiente. |
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