Un día más y ya llevamos cuatro en Viveiro. Sábado sabadete, totalmente destrozado de la durísima jornada del día anterior. Os juro que no hacía tanto ejercicio desde hacía mucho tiempo, y es que, después de la jornada de bandas de aquí para allá y la caminata que nos pegamos a la vuelta, mi pequeño cuerpo estaba para el arrastre. Así que decidimos tomárnoslo con calma. Para cuando abrí el ojo me di cuenta de que ni por asomo llegaba a ver a mis queridos Krüdo, ese combo formado por Txaber y Jonan, guitarra voz y batería, que, por los comentarios de las personas que les vieron y me informé, tanto en la sala de prensa como con la gente que nos encontramos después, debieron de hacer el concierto de su vida, como así me lo dijo Jesús, de Logroño, quien flipó. Lógico, el hombre no los había visto nunca, y ver a la bestia de Txaber brincando y cantando mientras Jonan revienta la batería tiene que ser impactante. Y es que, para los que no los hayan visto todavía, Krüdo son unas auténticas bestias encima de un escenario. |
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Ya por fin, algo recuperados, que no del todo, decidimos bajar al festi. De nuevo la logística nos falló y tardamos casi dos horas en coger el autobús del infierno, como así lo llamamos. El caso es que, entre una cosa y otra, nos perdimos prácticamente todas las bandas de la tarde, llegando al final de P.O.D. Decidimos que o comíamos algo o íbamos a morir, así que nos decidimos por la galipizza, que, por cierto, estaba cojonuda. Ya repuestos, nos dirigimos a ver a Mastodon, a los que llevaba una porra de años sin ver, y la curiosidad por comprobar si seguían manteniendo ese stoner machacón seguía intacta o habían cambiado su sonido. Mientras nos íbamos acercando, "Crazy Train" sonaba por la P.A. Ozzy, pensamos, esto empieza bien. |
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Casi de seguido, "Tread Lightly" y "The Motherload" asaltaban el Main Stage con toda su furia. Troy Sanders y Brann Dailor, junto al resto de la banda, repasaban el disco Once More 'Round the Sun. Psicodelia y stoner se mezclaban en esa fórmula que los de Atlanta practican.“The Crux” y “Your Ghost Again” continuaron con la descarga de los americanos, donde la guitarra de quien lleva en la banda desde 2025 se hace más que notable. “Crystal Skull” y “Black Tongue” siguieron dando cera en un festival que los acogió con los brazos abiertos. Con “Megalodon” ya estábamos en el meridiano del bolo de los de Atlanta. “I Am Ahab”, “More Than I Could Chew” y “Crack the Skye” caían de seguido con ese sonido stoner americano, pero con esas pinceladas que la nueva incorporación de João Nogueira a los teclados le da, aportando un toque más musical, aunque, para mí, siguen sonando igual que siempre. Técnicamente esta gente es muy, muy buena, pero al final resultan algo cansinos. Sería por el cansancio acumulado o por lo que fuera, el bolo de Mastodon se me estaba haciendo un poco bola, la verdad. “Mother Puncher”, “Steambreather” y “Blood and Thunder” fueron las encargadas de cerrar la actuación de los americanos, que a mí, personalmente, me dejaron un poco frío. |
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Tras el stoner de los americanos nos fuimos a ver al Ritual Stage a las monjas lascivas de Dogma. Con todo el culebrón con el que nos habían mantenido comiendo palomitas durante este año, bien se merecían nuestra presencia. Vale, sí, otro aliciente era el morbo y la curiosidad. Pero la primera sorpresa llegó incluso antes de sonar la primera nota. En lugar de aparecer con sus típicos atuendos, las cinco salieron luciendo la camiseta de la selección española, un guiño que fue recibido entre aplausos, sonrisas y alguna que otra broma por parte del público del Ritual Stage. Tengo que reconocer que, más allá de cuatro temas y algún vídeo, poco conocía de esta banda. Lo que estaba claro era que nadie se acercó al Ritual Stage por casualidad. Había expectación. Mucha. Unos querían comprobar si todo el revuelo estaba justificado, otros simplemente buscaban un buen concierto y no faltaban los que esperaban encontrarse con una provocación constante. La realidad es que Dogma ofreció bastante más que una puesta en escena llamativa. Con “Forbidden Zone” arrancó una ceremonia en la que la teatralidad estuvo presente desde el primer minuto. Las cinco integrantes ocuparon el escenario con seguridad, jugando continuamente con su personaje, pero sin descuidar en ningún momento el apartado musical. “My First Peak” y “Made Her Mine” sirvieron para romper definitivamente el hielo con un Ritual Stage que poco a poco iba llenándose de curiosos que terminaban quedándose hasta el final. “Fate Unblinds” y “Carnal Liberation” terminaron de demostrar que detrás de la imagen hay una banda que sabe defender sus canciones en directo. Las guitarras sonaron compactas, la sección rítmica mantuvo el pulso del concierto en todo momento y la vocalista manejó el escenario con una mezcla de sensualidad y autoridad que encajaba perfectamente con el concepto de Dogma. |
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Uno de los momentos más celebrados llegó con “Like a Prayer”. Convertir un clásico de Madonna en una pieza oscura y cargada de intención parecía una apuesta arriesgada, pero funcionó. El público del Ritual Stage respondió con entusiasmo a una versión que ya empieza a ser uno de los momentos imprescindibles de sus conciertos. La recta final no bajó el nivel. “My Matricidal”, “Father I Have Sinned” y “The Dark Messiah” terminaron de redondear una actuación que fue de menos a más y que dejó una sensación bastante distinta a la que muchos llevábamos al llegar. Porque sí, el hábito vende, la estética llama la atención y el morbo ayuda a atraer miradas, pero cuando se apagaron las luces quedó claro que Dogma tiene algo más que ofrecer. |
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Salimos del Ritual Stage con una extraña sensación de quiero y no puedo. La puesta en escena funciona, la imagen está muy trabajada y las canciones tienen mimbres, pero da la impresión de que todavía les falta dar ese último paso para que todo encaje y el impacto musical esté a la altura del visual. Potencial tienen de sobra; ahora les toca convertirlo en una personalidad propia que haga que se hable más de sus conciertos que de todo lo que los rodea Hay artistas que pasan por un festival y otros que consiguen que el festival gire a su alrededor. Con Marilyn Manson ocurrió lo segundo. Desde que llegamos al Resurrection Fest ya se intuía que aquello iba a ser uno de los platos fuertes de la jornada. Las inmediaciones del Main Stage se fueron poblando de camisetas negras, maquillaje corrido por el calor y rostros expectantes de varias generaciones que habían venido a reencontrarse con un personaje que lleva tres décadas dividiendo opiniones y marcando una época. A medida que pasaban los minutos apenas quedaba un hueco libre frente al escenario. Las conversaciones giraban alrededor del mismo tema: ¿qué versión de Marilyn Manson nos encontraríamos esta noche? Porque se podrá discutir todo lo que rodea a Brian Warner, pero cuando las luces se apagaron y comenzó a sonar "Nod If You Understand", todas esas conversaciones dejaron paso a una enorme expectación que explotó con la descarga inicial de "Disposable Teens". Sin apenas tiempo para tomar aire, "Angel With the Scabbed Wings" y "Great Big White World" terminaron de poner a Viveiro patas arriba, recuperando esa atmósfera oscura y decadente que convirtió sus discos de finales de los noventa en auténticos referentes. |
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Lejos de limitarse a cantar, Manson interpretó cada tema como si siguiera creyendo que el escenario es un teatro donde cada movimiento tiene un sentido. Caminó despacio, desafiante, jugueteando con el pie del micrófono mientras Tyler Bates sostenía el peso de las guitarras con una solvencia impecable. A su lado, Reba Meyers aportó contundencia y personalidad a cada riff sin buscar protagonismos innecesarios, mientras Piggy D. y Gil Sharone construían una base rítmica demoledora que hizo sonar el concierto con una contundencia difícil de igualar. No tardó en llegar uno de esos momentos que todo el mundo esperaba. Bastaron los primeros acordes de "This Is the New Shit" para que el público del Main Stage se uniera en un mismo grito. El ambiente era el de las grandes ocasiones y la intensidad apenas dio un respiro con la recuperación de "Dried Up, Tied and Dead to the World", enlazada con "The Love Song" de una forma completamente natural. Manson no necesitó hablar demasiado, aunque sí se dirigió al público en varios momentos para agradecer el recibimiento y mantener esa conexión que fue creciendo con el paso de los minutos, dejando que fueran las propias canciones las que llevaran el peso de la actuación. También hubo espacio para demostrar que no todo vive del pasado. "Exit Wound" encajó perfectamente en un repertorio donde "The Nobodies" volvió a convertirse en uno de los momentos más coreados de la noche. Después llegó la inquietante "Diary of a Dope Fiend", oscureciendo todavía más el ambiente antes de que un breve guiño a "I Don't Like the Drugs (But the Drugs Like Me)" desembocara en una explosiva "The Dope Show", recibida con una ovación de las que retumban en Viveiro durante varios minutos. |
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La recta final fue sencillamente demoledora. "As Sick as the Secrets Within" confirmó el buen momento creativo de Manson antes de que la ya imprescindible "Sweet Dreams (Are Made of This)", de Eurythmics, convirtiera al público del Main Stage en un inmenso coro. Sin bajar el pie del acelerador llegaron "(s)AINT", "mOBSCENE" y una monumental "The Beautiful People", con el público del Main Stage completamente entregado y el polvo levantándose bajo miles de botas que golpeaban el suelo al ritmo de uno de los himnos imprescindibles del rock industrial. Parecía el final, pero nadie se movió. Viveiro sabía que todavía quedaba algo más y los bises terminaron de redondear una actuación sobresaliente. "Tourniquet" aportó el lado más oscuro y emotivo del repertorio antes de que "Personal Jesus", la inmortal composición de Depeche Mode que Manson ha hecho completamente suya, pusiera el broche definitivo entre palmas, coros y una última explosión de energía. Hay conciertos que sirven para recordar viejos tiempos y otros que demuestran que un artista sigue teniendo mucho que decir encima de un escenario. Lo de Marilyn Manson fue más bien lo segundo. Hubo tiempo para algún mensaje de agradecimiento y para estrechar la complicidad con un Main Stage completamente entregado, pero sobre todo para demostrar que sigue sabiendo cómo convertir un concierto en una experiencia. Con una banda funcionando como un reloj y un repertorio tan sólido como el de esta gira, ofreció una de las actuaciones más comentadas de esta edición del Resurrection Fest. |
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Tras la descarga de Marilyn Manson decidimos que ya teníamos suficiente y fuimos a descansar a la zona de restauración mientras atravesábamos el Ritual, donde estaban comenzando Blood Incantation, con muy buen sonido, por cierto. Una vez en la zona de restauración y aprovisionados, nos colocamos cerca del Ritual, donde sonaba Elwood Stray, demasiado para nuestro magullado cuerpo, pensamos. Y es que lo de ese escenario fue un constante destroyer durante todos los días, de primera a última hora, sin descanso. Ahí estaban los fanáticos con sus pogos y su joven adrenalina corriendo por sus venas. Me duele todo solo de pensarlo. Quién tuviera diez añitos menos… Se iban a enterar, pensaba para mis adentros, pero no, no era el caso. Así que, sabio por mi parte y teniendo en mente el viaje que me esperaba al día siguiente, tomé la dura decisión de que este Resurrection Fest había acabado para mí y así, poquito a poco, pensando en lo bien que lo habíamos pasado, en lo maravilloso que es ese pueblo tan bonito y, todo hay que decirlo, en lo bien que se lo montan en este festival, abandonamos el recinto con ganas de volver otro año más. Hay cosas buenas y otras malas, pero, sin duda, este festival le gana por goleada a muchos otros. Ahí lo dejo. |
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