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 Crónica
 
Barcelona Rock Fest 2026: The Offspring + Bad Religion + Powerwolf + Evaristo + Breaking Benjamin
  05/07/2026     
  Maite Díaz y Rafa Pérez     
  Rafa Pérez
  Parc de Can Zam, Santa Coloma de Gramenet, Barcelona
  
www.insonoro.com

Los huesos se resienten del pasado e intenso sábado. La edad y los elementos pasan una factura, y la cobran al contado, pero nada nos va a impedir disfrutar del último asalto del Rock Fest. Nada parece haber cambiado, como si fuese una escena preparada con el mismo utillaje del día anterior. Un foco de una intensa luz majestuosa y rara, como si un dios nos mirara a la cara, dispuesta a calentar miles de almas vestidas mayoritariamente de negro.

Aquí encontrar a Wally sería algo así como ¿de verdad que no has visto a Wally?, como no ver a un obispo en una fiesta ibicenca. Nosotros somos parte de esa marea oscura, aunque no tuvimos los arrestos de llegar antes de las 19 horas. Admiramos la voluntad de quienes son capaces de llegar a la hora de la siesta, mérito no les falta, y quede claro nuestro reconocimiento.

  
Ambiente
 

Al llegar, quienes ocupaban las tablas eran Breaking Benjamin, que debutaban por fin en España tras una larga espera para muchos de sus seguidores. Mentiría cual bellaco si dijera que conocía a la banda, ni nombre ni referencia alguna sobre ellos. Lo suyo se mueve entre el rock y el metal alternativos, etiquetas que tampoco me atrevería a definir con justicia. Lo poco que pudimos ver sonó sólido, aunque por alguna razón se fue al cajón del olvido con la misma rapidez con la que entró. No oí nada que atrajese demasiado mi atención. Ya sabemos que, para gustos, colores. Como nota de color, un chavalín, guitarra en ristre, subió al escenario para tocar uno de los temas. Imagino que sería el retoño de Ben Burnley o de algún otro componente de la banda. El oficio, cuanto antes se empiece, mejor.

No sé si he dicho que el calor apretaba más que Hacienda, así que aprovechamos para hacer un alto en el camino y repasar la zona de los food trucks, es bueno adelantar trabajo. Tocaba, también, deambular un poco entre los puestos del mercadillo, donde es muy difícil no dejarse algún que otro billete de papel moneda. Resulta difícil dejar pasar la ocasión de comprar algo que hace años desapareció de las tiendas físicas y que, por mucho que internet facilite la vida, nunca podrás tocar antes de comprar.  No sé en qué nos estamos convirtiendo... (reflexión de viejuno).

  
Breaking Benjamin
 

Después de las citadas visitas, casi protocolarias, llegó el momento de ver al incombustible Evaristo. No descubro la pólvora al decir que es mucho más que La Polla Records. Evaristo es, sencillamente, Evaristo. Es el hilo conductor de todas aquellas bandas que ha girado alrededor de su irreverente actitud maravillosa y su forma de entender el punk. Un tipo con pantalones de trekking, con una camiseta negra donde rezaba “Futbol is Dead” y como única parafernalia el encendido de un mechero para prenderse un pitillo. Nada más.  Con todo el respeto a los lanzallamas de Powerwolf o al tanque de Sabaton,  no le hizo falta una sola llamarada para  elevar las pulsaciones de heavies y punkis al borde de un episodio cardiovascular. Y todo eso  ¡a las siete y media de la tarde! Ojo al dato, que diría aquel.

Con un público entregado, sin el intercambio de gargajos que habría tenido años atrás entre escenario, público y viceversa (que personalmente no echo de menos). Pudimos oír canciones como Ya no quiero ser yo o Delincuencia.  Eché en falta Carne para la picadora, pero disfrutamos como cerdos en un charco con Salve y para finalizar Ellos dicen mierda. El nombre del grupo puede mutar más que un virus en plena pandemia, pero la fórmula permanece inalterable. Evaristo sigue siendo, en esencia, el mismo irreverente que empezó a dar guerra allá por 1979. Eso está al alcance de muy pocos.

  
Evaristo
 

Como si de una carrera de relevos se tratase, el testigo llegó a manos de Bad Religion que, con su hardcore melódico de los noventa, tenían ya media carrera ganada gracias a como Evaristo había subido la temperatura del público. Para mí, uno de los triunfadores del festival. No deja de ser llamativo el contraste de su música con sus atuendos. Si les quitas los instrumentos y les plantas la correa de un perrito en la mano, pasarían perfectamente por contables de clase media disfrutando de una tranquila prejubilación.

Los californianos, maestros en un punk técnico y preciso, hicieron un concierto con una precisión casi quirúrgica manteniendo el tono de alto estándar mostrado por otras bandas el día anterior. La voz de Greg Graffin sigue manteniendo una identidad inconfundible ya desde la primera canción Recipe for Hate hasta la última, American Jesus.

Por el camino pasaron con la misma energía Fuck You, Punk Rock Song o Los Angeles Is Burning, entre una veintena de canciones que se encargaron de rascar en la nostalgia de muchos. Un concierto sin necesidad de grandes artificios donde veteranía y actitud se conjuraron para desafiar al tiempo

  
Bad Religion
 

Nuevo cambio de guion al entrar en escena Powerwolf. La imagen anterior de prejubilados en Benidorm (dicho desde el cariño y el respeto) de Bad Religion saltaba por los aires con la estética neogótica y una parafernalia que es imposible de no comparar con la de Sabaton del sábado. No se puede negar que la formación liderada por Attila Dorn es visualmente impactante. La teatralidad forma parte inseparable de su ADN y, desde luego, saben cómo sacarle partido a cada minuto sobre el escenario.

Nunca he sido especialmente devoto del power metal épico, pero confieso que me resultó complicado apartar la mirada del escenario. Esa mezcla de inspiración religiosa exagerada te somete a una liturgia metalera de alto octanaje, donde potencia, melodía y puesta en escena se combinan en dosis industriales. A lo largo de la quincena de canciones con las que hicieron temblar los muros virtuales de los restos catedralicios de atrezo, disfruté mucho Demons Are a Girl´s Best Friend y We Drink Your Blood, 1589 o el tema final Werewolves of Armenia.

 Tampoco pasó desapercibido que Attila se dirigió al público en múltiples ocasiones en catalán. Un detalle que da carácter al espectáculo, que transmite cercanía y deja la sensación de que la banda se preocupa por conectar con el lugar que visita, aunque el show sea el mismo que podría ofrecer en Berlín o en cualquier otro rincón del mundo. Si alguien albergaba dudas sobre su capacidad para dominar grandes escenarios, este día quedaron completamente despejadas. Todos salimos bendecidos tras esta particular homilía in nomine Sacri Metalli.

  
Powerwolf
 

No es una ley de la termodinámica, pero sí una verdad como un templo, todo lo que empieza tiene un final y el nuestro en este Rock Fest estaba llegando. Esa avenida llevaba aparejado otro cambio de estilo para volver a un punk rock enérgico y tremendamente pegadizo como es el de Offspring. El Fest muestra cintura y como un junco se dobla, pero no se rompe, como diría aquel: “Be music my friend”. ¿Por qué elegir un solo estilo si se pueden tener varios? Y está claro que el punk y heavy pueden convivir sin problemas. Eso o hemos estado saltando entre dimensiones paralelas sin saberlo. Las dos opciones me gustan.

Los californianos salieron con un ligero retraso en la hora marcada, pero entraron en tromba con Come Out and Play. Cualquiera con una cierta edad te diría que no hay mejor manera de empezar ya que esta canción aspira, por derecho propio, a ser un himno generacional con un estribillo inmortal. Ese sonido acelerado, desenfadado y cargado de personalidad te catapulta de golpe a edades pretéritas donde la juventud aún manejaba la batuta. Con ese ritmo frenético, ausencia de pausas y más y más intensidad disfrutamos desde clásicos a alguna versión un tanto sorprendente. Dexter Holland aprovechó para rendir homenaje a otros nombres imprescindibles del rock:  Paranoid (Black Sabbath), Crazy Train (Ozzy Osbourne), In the Hall of the Mountain King (Edvard Grieg) y la inesperada Love Story de Taylor Swift. Con esta última, que yo sepa, no hubo intercambio de pulseritas de la amistad .... aunque alguna con púas sí que habría encajado perfectamente.  He de reconocer que, hasta pasado el concierto, no sabía a quién pertenecía esa canción... cosas de la edad.

  
The Offspring
 

Un concierto para enmarcar en la memoria durante muchos años, enlazado, casi cuánticamente, a una gran sonrisa. Un viaje directo a esa maravillosa edad de oro del punk rock nacido en California, ese que cruza inmisericorde los años y las generaciones, desde los años ochenta.

Hablando de viaje, el nuestro en este Rock Fest terminó aquí. Nos marchamos cansados, con los huesos protestando y los oídos aún zumbando, pero satisfechos. Ahora solo queda esperar que el sol del próximo año vuelva a castigar la explanada de Can Zam y el rock reclame de nuevo su sitio. Mientras tanto, ya hemos puesto en hora nuestro reloj de arena. Nadie puede parar esta cuenta atrás.

  
The Offspring
  
 
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