El día que el Botánico olía a café de carreta en una “Filling Station” En Noches del Botánico, Billy Gibbons nos regaló un repertorio inmortal tratando de rellenar huecos imposibles de llenar y riffs de los de verdad ¿Celebración? ¿Nostalgia? Lentejuelas con oler a naftalina. Ver a ZZ Top en 2026 obliga al cerebro a hacer un tremendo trabajo de orden y reorganización de muebles, hay que separar por un lado toda la iconografía asociada a la marca y por el otro la versión sonora de la misma. El primero sigue intacto: las barbas, las siluetas, los trajes de lentejuelas, la tipografía de “Gas Station” de los 70 y neones averiados del desgaste. La segunda, esa ya es otra cosa porque en Noches del Botánico Billy Gibbons trato de no mostrar a la banda como una “asociación blindada” que ha perdido al resto de míticos socios sino como una reunión con nuevos miembros que trata de conservar una esencia y una propiedad intelectual imposible de remplazar, algo que solo consiguen esos clásicos y míticos riff afilados e imposibles de falsificar ni por el mercado chino, ZZ Top no demostrar la autoría de los mismos, se da por supuesto. |
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Resumiendo, es eso lo que fue el concierto, un pequeño pedazo del pasado en pleno 2026. “Got Me Under Pressure” abrió sin épica, como si fuera un tema más del concierto, eso sí, cuando llegaron a sus respectivas ubicaciones sobre el escenario ya que tanto Billy como Elwood salieron a paso lento agitando unas minibanderas de España, como si su sola presencia no les hubiera bastado ya para meterse al público en el bolsillo. Quizá fue mejor así porque uno de los puntos fuertes de ZZ Top siempre fue evitar de forma exagerada querer jodidamente perfectos en todo momento. Su leyenda se la han ganado con su forma sucia y desenfadada de ese sonido Blues Rock con identidad propia con olor a grasa de radiador. Cuando el grupo entró en “Waitin’ for the Bus” y “Jesus Just Left Chicago”, ya no hay duda de que lo que estás viendo es a la banda tras el logo, sonido reconocible sin aditivos ni conser…bueno si, con muchos conservantes de tiempo. |
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El superviviente Billy Gibbons a estas alturas de la película ya no necesita “actuar las canciones”, solo verle y escuchar su maltrecha y rota voz es suficiente, que, unido a su maltrecha guitarra, que luego dejaría protagonismo a su peluda amiga, hacen un todo demoledor, demasiado para poder asimilar sin que se te pele algún cable. El riff marca de la casa y esa forma de arrastrar las frases hacen que el ambiente sea irrespirable, bueno también porque era la noche de los que normalmente la mujer les tiene encerrados en casa y salen una vez al año a un concierto para desmelenarse, calva al viento y porros interminables. 0l lado del bueno de Gibbons, Elwood Francis, que haciendo gala de su edad, tuvo la inteligencia de no tratar de sustituir lo irremplazable, de llenar un hueco como un cráter inmenso, el dejado por el gran Dusty Hill, fue el mismo, con su propia personalidad, y eso fue de lo mejor de la noche, por que el hueco miraras donde miraras era visible. |
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Tuvimos algún problemilla de sonido, si, que sonaron como un caño, también, no es incompatible para nada, pero nada conseguía que se esfumara por completo la extrañeza de las ausencias, y es que cuando una marca esta tan asociada a una imagen es muy complicado que algo tan evidente no se note en exceso. Y no fue por la ejecución, ni tan siquiera por la cercanía que en todo momento trato de ofrecer Gibbons con sus constantes guiños a nuestra segunda estrella, es simplemente que cuando al cerebro le cambias las piezas de sitio después de muchos años, le cuesta reaccionar. Cuando te metes tú en el nuevo rol, la química no es la misma pero las canciones si, esas jamás morirán, afortunadamente, y si no que se lo digan por ejemplo a “Gimme All Your Lovin’”, “Sharp Dressed Man” y “Legs” que son auténticos cartuchos de dinamita en pleno monte. |
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Y claro, “La Grange” cerró la noche, como no podía ser de otra manera, después de algún vacile de “me voy por que no me he dejado nada ya ¿verdad?”, recordando algo crucial, que algunas composiciones siempre tendrán una musculatura independiente de quienes las interpretan. No creo que nadie saliera “engañado” ni muchísimo menos del recinto, juraría que nadie salió insatisfecho, todos escuchamos y vimos lo que habíamos ido a sentir, bueno, menos el puñado de estúpidos habituales que seguro que la hora y media de concierto se le hizo corta y no les dio tiempo a contarles a su colega su vida hasta ese mismo día tocando los cojones sobremanera a los raros que vamos a un concierto a verlo y sobre todo escucharlo. Podemos ponerle una muesca mas a nuestro rifle, la de haber visto a ZZ Top, aunque fuera a estos ZZ Top. |
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