Uno de los eventos que con más impaciencia veníamos esperando desde que se anunció la fecha era la visita a Madrid de Pennywise, formación originaria de Hermosa Beach (California) que tomó su nombre del terrorífico personaje de Stephen King. Finalmente, la tarde del 1 de julio las puertas de La Riviera se abrieron, dando acceso a un incesante goteo de espectadores, muchos de los cuales llevaban un rato haciendo cola al sol. Los encargados de calentar el ambiente fueron los madrileños Bladders, banda de hardcore punk formada en la Costa Marrón (Móstoles, Fuenlabrada y Alcorcón) que parecen tener una altísima capacidad de gestión del tiempo, pues en los poco más de treinta minutos de que disponían para tocar se marcaron un repertorio de quince temas poniendo patas arriba la sala. |
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No contentos con esto, tuvieron tiempo además para regalar camisetas y discos a algunos de los que llegaron a colocarse en primera fila, tal y como habían anunciado en sus redes sociales. En definitiva, esta joven banda, que ya giró recientemente con GBH, ofreció un frenético espectáculo a sus fans y, de paso, aprovechó para captar nuevos adeptos entre quienes quedaron atrapados por sus ritmos contundentes -marcados por un baterista que llevaba literalmente tres días en la banda- sus incisivas melodías y unas letras que invitan a cantar desde el primer verso hasta el último. |
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El semifondo corrió a cargo de End It, banda de hardcore procedente de Baltimore que, a pesar de contar sólo con un trabajo de estudio de larga duración (por el momento), se han convertido en muy poco tiempo en una apuesta segura en directo, gracias -sobre todo- a la visceralidad de sus actuaciones. La formación, que tampoco disponía de demasiado tiempo para tocar, pegó un intenso repaso de su álbum con la ferocidad de quien defiende su tesis ante un tribunal, permitiéndose también el lujo de incluir alguna versión de clásicos del género. Finalmente, terminaron su show en alto, arrancándonos un interminable aplauso y dejándonos con el corazón dividido entre el deseo de seguir escuchándoles y el anhelo de recibir el plato fuerte de la noche. |
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Finalmente, Pennywise salió al escenario con la seguridad de quien siente -y razón no les falta- que le pertenece por derecho propio; y lo hicieron con los primeros acordes de “Paceful Day”, para seguir con “My Own Country” y “Straight Ahead”. Apenas llevábamos once minutos de concierto y se había desatado ya algo a caballo entre la euforia y la locura colectiva: saltos, pogos y gente transportada de un lado a otro de la sala sobre las manos de los más de dos mil fans que se dieron cita aquella noche, haciendo a su vez que el personal de seguridad tuviera que esforzarse al máximo. Entre alusiones a Trump y pequeñas reivindicaciones, seguimos con temas como “Violence Never Ending” y “Same Old Story”, que hicieron las delicias de los más antiguos seguidores… y de los más recientes. |
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Desconocemos si como parte del show o como mero entretenimiento, en algunos momentos los músicos se iban fijando en las camisetas de grupos de quienes ocupaban la primera fila, haciendo referencia a ellas y tocando incluso pequeños fragmentos de algunos de sus temas, como ocurrió con NOFX o con Bad Religion. “As Long as We Can” fue la campana que anunciaba la última vuelta, y aquí todo se desquició un poco más (si cabe) subiendo dos puntos más la intensidad hasta que la versión del clásico de Ben E. King “Stand by Me” y el imprescindible “Bro Hymn” de 1991 pusieron fin a una noche que, al menos durante un rato, nos quitó varias décadas de encima y nos recordó por qué elegimos esta música. |
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