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 Crónica
 
Wacken Open Air 2026: Lacuna Coil + Hämatom + Electric Bassboy + Lovebites....
  29/07/2026     
  José Ramón Adán     
  Jesús Ribera, J.R. Adán y J. J. Rubio
  Recinto, Wacken, == Internacional ==
  
www.insonoro.com

Lunes 27 de julio, 8 am, mi despertador suena a ritmo de Iron Maiden. No he dormido nada, apenas 3 horas, los nervios me comen de tal manera que ni siquiera noto el cansancio.

me preparo el desayuno y me siento a ojear el móvil. Quién me vuelve a recordar la cita de hoy: Viaje a Wacken, el telf suena, ya están aquí, cojo la bolsa y salimos rumbo al aeropuerto de Loiu.

Una vez allí facturamos las maletas, pasamos el control de seguridad, no sin antes dejar todo el metal en una caja, imagínense, y ya directos a la puerta de embarque, Hamburgo. Ya cerca de la puerta de embarque se podía respirar el ambiente de esos grandes eventos cuando te vas acercando al recinto, camisetas negras, chalecos, etc., ya en Bilbao alguno se veía.

Sin problemas embarcamos en el avión y en dos horas y media habíamos puesto los pies en Hamburgo. En estos casos se agradece el tener conexión directa con esa localidad y es que, como nos comentaron más tarde, la odisea para llegar para algunos fue una tarea propia de Willie Fog.

La odisea había comenzado, ya estábamos en Alemania. Nos dirigimos a coger el coche de alquiler y rumbo a nuestro alojamiento, que estaba a unos 70 km desde el aeropuerto, y es que desde el primer momento tuvimos claro que, aun sabiendo que la experiencia en Wacken dentro del camping es algo inolvidable, nuestros exigentes cuerpos no estaban por la labor. Comentar que los alojamientos en Holstein, la provincia donde se realiza el festival, y más concretamente en los pueblos cercanos, se reservan enseguida, algunos durante varios años seguidos. Con lo que la opción más viable es coger una casa en uno de los pueblos del perímetro del festival, en nuestro caso a unos 37 km.

Así que con paciencia cogimos el coche de alquiler y nos dirigimos a nuestro destino, Brokstedt. Un pueblito muy, muy tranquilo, si no sería porque la casa estaba pegada a la estación de tren, jajaj, pero eso es otra historia.

  
Ambientre
 

Una vez instalados y comprobado que todo estaba en orden, hicimos unas compras, creo que en el supermercado más caro de Alemania, y tras un corto cónclave decidimos irnos para el pueblo de Wacken. Para mí no era mi primera vez y ya sabía del ambiente que se respira en el pueblo los días previos, así que allá nos fuimos. Wacken es un pueblo tradicional de Hamburgo, con sus casitas estilo bávaro, de apenas 2.000 habitantes, pero que durante el festival se convierte en aproximadamente 100.000 personas entre asistentes y personal.

En cuanto pisas el pueblo te das cuenta de la magnitud y la influencia que el festival tiene en toda la zona. Todas las casas decoradas, banderas en las ventanas, las típicas canastas de lanzamiento de latas que los críos colocan en el jardín para sacarse unos euros con el reciclaje, etc.

Durante el recorrido cuesta abajo se puede ir contemplando toda clase de curiosidades, veteranos con cierta edad llenos de tachuelas, familias en bici con carritos llenos de latas de cerveza y un sinfín de personajes variopintos a los que después de unas horas te vas acostumbrando a ver.

Sin pensarlo, y una vez ya en la avenida principal, nos metimos en el LGH Club, un mítico del lugar donde reposan las cenizas de Lemmy y que sin duda es uno de los lugares más emblemáticos de Wacken, con una parte trasera donde se coloca una especie de feria, donde puestos de food trucks se mezclan con pantallas donde se proyectan conciertos y que, junto a la parte trasera del edificio, puedes descansar tranquilamente en una terraza junto a una estatua de Lemmy.

Mientras tanto, en el interior hay diversos salones donde lo mismo te puedes tomar unas cervezas que comprar merchan o ver algunos de los espectáculos que programan durante toda la semana y, en ocasiones, actuaciones sorpresa de grandes artistas en su sala de conciertos

  
Ambiente
 

Una vez hidratados, continuamos la marcha con parada en la Wacken Store, donde hicimos las primeras compras. Ya sabéis, los típicos encargos.

Tras las compras estuvimos un rato charlando con los del puesto de información para ver si podíamos saber dónde estaba instalado el parking de día para la prensa, al que teníamos que acudir el día siguiente. Una vez nos informaron, nos dirigimos a cenar algo. Claro, nuestros horarios no son los mismos que los del norte de Europa, con lo que cenar a las 11 de la noche se nos complicaba un poco.
Pero cómo no, siempre hay un kebab dispuesto a saciar el hambre y allí que nos fuimos. Qué facilidad tiene esta gente para adaptarse a todas las culturas e idiomas y es que mientras los alemanes se empeñan en que o hablas su idioma o se hacen los tontos con el inglés, los pakistaníes se esfuerzan en hablar todos los idiomas posibles y muy amables nos atendieron en una mezcla de spanglish, y así fue como, a ritmo de The Trooper, nos zampamos nuestros kebabs.

Y ya totalmente repuestos, cogimos nuestro coche y nos dirigimos de vuelta a la casa. Exaustos llegamos rendidos, nos tomamos unas cervezas y caímos directos a la cama. A eso de las 5:30 la casa empezó a temblar, el susto que me llevé fue acojonante, no sabía que había terremotos en el norte de Alemania y, por supuesto, que no los había. Un tren de carga acababa de pasar, entonces nos dimos cuenta de que la casa no es que estaría pegada a la estación, es que era la antigua casa del jefe de estación y, si asomabas la cabeza por una de las ventanas, directamente daba al andén. Dios, qué susto. También decir que el resto de días no pasó a esa hora y prácticamente ni nos enteramos.

  
Ambiente
 

El martes 28  nos despertamos bien a pesar de todo. Bueno, nuestro fotógrafo Jesús no, pero bueno, el inconformismo de este hombre es ya un clásico que ninguna ciencia puede curar. El martes fue día de organización, compras en un Lidl cercano y organizarnos un poco para el día siguiente. Por supuesto que bajamos a Wacken de nuevo a la tarde, donde acabamos en el LGH, degustamos vino artesano y unas buenas cervezas. Después de ver un concierto en el LGH, nos dirigimos al recinto del festival a inspeccionar la zona, y es que es sabido que los días previos al inicio del festival hay preparadas multitud de actividades en las diferentes zonas del festival, menos en los escenarios principales, que esos se inauguran exclusivamente el miércoles.

Como siempre, tras una larga caminata, nos plantamos en Wasteland, una de las zonas del festival, de 5.000 metros cuadrados, toda ella personalizada como si de un mundo postapocalíptico se tratara, donde habitan los famosos Wasteland Warriors, un grupo de artistas mundialmente conocidos, transformando una sección del festival en un escenario interactivo que recrea un fin del mundo al estilo de películas como Mad Max o Waterworld.

También son conocidos por participar en diversas producciones cinematográficas de Warner Bros., como la última de Mad Max, además de colaborar con bandas como Doro, Electric Callboy o Powerwolf.

Mientras analizábamos con detalle la zona, nos encontramos con uno de los espectáculos de Megabosch, una banda alemana de Endzeit-Rock que, para los que no estén familiarizados, son una especie de banda de hard heavy en cuyas letras narran de forma satírica, irónica y exagerada la vida salvaje y desenfrenada tras el colapso global. Sus presentaciones en vivo recrean un escenario de fin del mundo mediante el uso de armaduras de chatarra, fuego, guerreros marciales y bailarinas con trajes escénicos. Estos locos se han hecho un hueco dentro del festival, siendo los representantes absolutos de la zona y realizando durante los días del festival varios pases diarios.

Sin duda, un gran aperitivo de cara a lo que nos acontecía en los días venideros. Tras la visita al Wasteland, decidimos que el agotamiento estaba haciendo mella y nos dirigimos de vuelta al pueblo, donde terminamos la velada en los jardines y terraza del LGH, en la que tuvimos la ocasión de charlar con personas llegadas de todo el mundo. Desde un australiano pasando por Mexicanos, Ya notando que cerraban el club, decidimos que era hora de acabar el día, pero no sin antes sacarnos una foto con una de las estatuas de nuestro querido Lemmy. Y, tras despedirnos del cantante de Motörhead, pusimos rumbo a casa, donde caímos rendidos y no hubo ni tren ni nada que nos perturbara hasta el día siguiente.

  
Megabosch
 

El miércoles 29 nos levantamos con ganas, un desayuno fuerte, hicimos algo de comida y directos para Wacken O.A. Como es habitual en este festi, la organización es muy meticulosa y las oficinas de prensa donde teníamos que acreditarnos estaban a unos km del festival. En las oficinas de prensa nos acreditaron y nos explicaron dónde estaba el camping, a donde teníamos que dirigirnos y desde donde más tarde tendríamos que coger un bus lanzadera al recinto.

una vez realizados todos los trámites y conseguido llegar al parking, dejamos el coche y nos dirigimos a la parada del bus, desde donde los buses lanzadera salen hacia el recinto. Una vez dentro pasamos a la zona del Wacken United, que es donde se encuentra la otra parte del festival, una zona más exclusiva donde se reúnen tanto personal de agencias, patrocinadores, artistas, etc., y donde la gente, digamos, desconecta un poco del festival y se relaja tomándose algo, etc.

El miércoles coincidía con el cumpleaños de uno de los organizadores, con lo  que colocaron una parrilla con toda clase de carne de ternera desde solomillo hasta costilla. Aparte el rest buffet también servía tanto comida como bebida a todos los que quisieran. Nosotros no hicimos la del típico españolito en el buffet. No. En esta ocasión fuimos comedidos, nos cogimos un menú y unas cervezas y nos empapamos un poco de todo el sarao que tienen montado. Fichamos la carpa de prensa, las taquillas, etc.

Una vez ya inspeccionada toda la zona de prensa y el United nos dirigimos a la zona del festival, al Holy Ground, o la tierra santa como le llaman algunos. Al haber entrado por el Wacken United fuimos directos al Infield zona donde están los escenarios principales ahorrándonos toda la caminata de acceso al recinto donde se juntan los más madrugadores y aguardan expectantes el pistoletazo de salida que da inicio a la apertura de los escenarios principales y con ellos el inicio del festival.

Toda clase de ceremonias se viven en esa caminata, desde las ceremonias de bautizo a los novatos hasta gente besando la tierra y sobre todo mucha emoción.

Unas explosiones y una traca a ritmo de Motörhead daban inicio a la apertura de las puertas, de repente una marea de gente corría como locos gritando mientras se iban agolpando en los escenarios principales, Wacken 2026 había comenzado.

  
Ambiente
 

Nuestro fotógrafo Jesús no pudo evitar la emoción y se fue pitando para los escenarios principales para poder coger buen sitio de cara a la actuación de la banda encargada de inaugurar uno de los escenarios principales, el Faster, donde actuaban sus queridas japonesas Lovebites. Años llevaba dándonos la turra con esta banda y por fin iba a poder verlas en directo y no solo eso, ahí tenía la oportunidad de plasmar ese momento.

Yo y nuestro otro acompañante en esta aventura, Xuso, otro colaborador de la web, nos fuimos al puesto que tienen instalado los de Winston con tres plantas, terraza mirador, zona de estar y un stand donde te hacían con una troqueladora unos mecheros tipo zipo personalizados, y que yo, como me conozco la historia, le lié a Xuso para que llevara alguno de recuerdo a los colegas, antes de que las grandes colas lo hicieran imposible. Cogimos unas cervecitas y nos fuimos a ver a las niponas.

El tema “The Hammer of Wrath” dio el pistoletazo de salida con el que la banda abrió su show. Dios, qué tralla meten estas chicas que, con sus vestidos blancos, como si de un anime se tratara, a los 30 °C que caían a plomo desde el sol de Wacken, descargaban su potente Heavy power metal. “Rising” y “Judgement Day” continuaban la descarga de las de Tokio. La base rítmica, a cargo de Haruna a la batería, quien parecía poseída mientras golpeaba con furia los parches y que, junto a Fami al bajo, marcaban un ritmo que, junto al volumen brutal y exquisito que salía de la P.A., te reventaba el corazón.

  
Lovebites
 

Sin duda, lo mejor de todo el festival es su gran sonido, y es que todas las bandas sonaron espectaculares.“The Castaway” nos recordaba su LP “Outstanding Power”, editado este año y con el que tantas buenas críticas están consiguiendo. Las guitarras furiosas y afiladas de Midori y Miyako se hicieron poderosas en “Raise Some Hell”.Que Junto a su frotman Asami nos dejaron con la boca abierta .
“Soldier Stands Solitarily” y “When Destinies Align” terminaban de volvernos locos. Puro metal aderezado con la energía más desbocada que te puedas imaginar, solos imposibles a lo DragonForce, todo ello perfectamente ejecutado y sin dar un solo respiro, demostrando que estas chicas saben perfectamente cómo llevar al público a su terreno y mantener la intensidad por las nubes.

Ya se sabe que en estos festis el tiempo es oro y, sin perder ni un segundo, atacaron el tramo final con “M.D.O.” y “Holy War”, esta última con claras referencias a bandas como Sonata Arctica, pero pasada por la batidora de las niponas, que llevan ya diez años de trayectoria y cuentan con cinco discos de estudio, varios EPs y discos en directo a sus espaldas. Sin duda alguna, una muy buena forma de inaugurar el Infield.

Apenas estaban acabando las niponas, nos fuimos a todo correr hasta la zona del Wackinger, que es un espacio como si de un campamento vikingo gigante se tratase, donde aparte de poder degustar las innumerables opciones gastronómicas, tanto de comida como de bebida, se encuentra uno de los escenarios más emblemáticos, donde el folk metal y otros sonidos menos contundentes son los protagonistas.

  
Lovebites
 

Y allí actuaba uno de los artistas que más ganas tenía de ver de este festival, que no era otro que el gran Ricky Warwick. El irlandés, junto a su banda The Fighting Hearts, con músicos de bandas como Rust D.C., como el caso del guitarrista Leigh Heggarty, o de otras como The Mission, en el caso del bajista Richard Vernon, que junto a la batería de Jack Taylor, encargado de la batería, acompañan al ex Almighty, Thin lizzy y Black Star Riders en esta nueva etapa.

El irlandés, fiel a sus principios, combina un hard rock con pinceladas de folk y punk rock, toda una amalgama de sonidos que, en las manos de Ricky a la guitarra, se convierten en un sonido propio y muy característico como los temas presentados hace unos meses y que darán forma a su nuevo trabajo, que saldrá a la luz a principios de septiembre.

Temas de Black Star Riders se mezclaban con los de The Almighty, junto a otros propios como “Rise and Grind”, “Angels of Desolation” o la nueva “Fire and Vengeance”, que a mí particularmente me encanta y deseando estoy que salga el álbum. De nuevo hubo tiempo para recordar a su banda madre, como fue el caso de “Jonestown Mind”, donde tanto Ricky como su otra hacha, Leigh Heggarty, nos dejaban un dúo de guitarras excepcional. Quienes hayan podido ver a Ricky en directo sabrán que la energía y la actitud de este hombre están fuera de toda duda.

“Kingdom of the Lost” y “Finest Hour” ponían aún más en lo alto la actuación de esta banda, que estaba sonando a las mil maravillas. Con el tiempo ya agotado, el bueno del irlandés nos dejó “Free 'n' Easy”, otro gran tema de The Almighty con el que puso fin a su presentación en esta edición del festival, que una vez más sucumbió a la excelencia de este grandísimo músico.

  
Ricky Warwick & The Fighting Hearts
 

Tras el concierto del irlandés nos informaron de que nuestro fotógrafo estaba sufriendo un amago de insolación, con lo que nos comunicó que se iba a descansar un rato a la zona del United, que es una parte bastante tranquila, con lo que decidimos Xuxo y yo visitar un poco la zona de Wackinger. Por supuesto, cayó una de las clásicas brochetas del festival en el Barbarenspieß, míticas brochetas de carne que las sirven enrolladas con una masa parecida a la de pretzel, un clásico del festival que sin duda hay que probar entre otras muchas delicias que hay en este festival.

Tras visitar el mercado tuvimos la ocasión de ver la actuación de Troble Notes, un trío de folk rock progresivo. Estos bardos modernos se han recorrido medio mundo con su mezcla de folk tradicional, música clásica, rock progresivo y elementos celtas o paganos. Sin duda, un atractivo reclamo mientras reposábamos la comida regándola con buen hidromiel. Temas como "The Banjolorian" o "Grand Masquerade". Fueron algunas de las canciones con las  que la banda  entretenía al personal.

Sin duda su violinista y cantante Bennet Cerven estadounidense  que dejó sus estudios en new York para recorrer europa y que junto a su compinche alemán a la guitarra Florian junto al inglés George Bingham a la percusión  son uno de esos casos que un día te los encuentras en la plaza de una gran ciudad como de repente te los encuentras actuando en un gran festival como este . sin duda un gran descubrimiento que desde el primer minuto me convirtieron en fan absoluto.

Con una buena dosis de folk nos dirigimos de nuevo a la zona de los escenarios principales, donde en el Faster se iba a producir una catarsis moral y musical. Sin duda, estamos hablando de Electric Bassboy, lo que viene siendo la versión tecno y de desfase de Electric Callboy.

Cuando Electric Callboy deja brevemente su metalcore en el guardaropa, Electric Bassboy toma el control de la mesa de mezclas. Este proyecto de DJ se basa en el caos electrónico, los potentes drops y el humor de una banda que desde hace tiempo ha elevado el mal gusto a la categoría de arte. Con esta alocada propuesta salían a escena este combo de auténticos sinvergüenzas, y es que hay que tenerlos bien puestos para meterte en el escenario principal de Wacken para interpretar temas de su banda y de otras, llevándolos a su peculiar mundo de techno y hardstyle, pero ojo, sin olvidar las guitarras y, por supuesto, el bass. Todo un delirio que se convirtió en una gran fiesta.

  
Electric Bassboy
 

Los alemanes pronto empezaron con el descontrol. Kevin y Nico saltaron al escenario con su habitual humor y energía, ataviados como dos integrantes de una boy band y con todo su equipo detrás apoyándolos, con mesas de DJs y un sinfín de aparatos.

Temas de Electric Callboy se mezclaban con covers de otras bandas. Temas como "Pump It", "TANZNEID", la cachonda "Elevator Operator" o "Tekkno Train" se mezclaban a ritmo de electrónica core con otros tan variopintos como "The Emptiness Machine" de Linkin Park, "Rollin' (Air Raid Vehicle)" de Limp Bizkit o "Mr. Brightside" de los británicos The Killers.

Y así, con esa mezcla de techno, electrónica, rave, mezclada con una buena dosis de guitarras, que también las hubo, por parte de Danskimo, "Haniß Dani" para los amigos, quien también hizo de las suyas junto a su inseparable Pascal, quienes interactuaban con el público, que, enloquecido con la fiesta que habían montado los alemanes, se mezclaba en bailes y algún que otro crowdsurfing. Sin duda, la locura total había tomado el Faster stage.

Más temas de su banda madre caían, como “Hypercharged”, modificada para la ocasión, en la que el bajista Daniel Klossek, sin su habitual bajo, se encargó de manejar partes del equipo electrónico y desatar la fiesta junto al resto.

Yo ya no entendía nada, mi cuadriculada cabeza de true metal había estallado. Las reglas no existían cuando el loco de Niko se subió a un unicornio hinchable para interpretar  “Everytime We Touch”, la versión de Maggie Reilly que Electric Callboy convirtió en todo un himno de metalcore discotequero.

  
Electric Bassboy
 

Más y más descontrol de la mano de más temas como “Toxicity”, de System of a Down, se sucedían “Raining Blood”, de Slayer, que a mí me dejó totalmente loco, o “Rata ta ta ta ”, Baybt  Metal hasta un total de 27 temas finalizando su frenopático show, como no podía ser de otra manera, con “We Got the Moves”, de su banda principal.

La propuesta de los alemanes no deja indiferente a nadie y es incuestionable que la gente no lo ve como un simple entretenimiento entre concierto y concierto en un festival, sino como una auténtica fiesta en la que todo el mundo se une al descontrol absoluto. Podemos decir que las típicas interpretaciones de temas de metal, pop, dance, etc., que mucha gente ha hecho en diferentes versiones por pura diversión, estos sinvergüenzas las han llevado un paso más allá y, no contentos con eso, las han elevado aún más hasta el límite.

Electric Bassboy se marchaba del escenario Faster por todo lo alto, entre vítores y con una audiencia totalmente entregada. Habían sido, sin lugar a duda, unos de los grandes triunfadores de la jornada, demostrando que su particular propuesta es mucho más que un simple entretenimiento: es una auténtica fiesta capaz de hacer saltar por los aires cualquier escenario.

  
Electric Bassboy
 

Cómo alma que lleva al diablo, nos dirigimos a toda prisa al escenario Louder, justo al inicio de la descarga de los italianos Lacuna Coil, con Cristina Scabbia a la cabeza junto a su “inseparable” Andrea Ferro. La banda italiana comenzaba su actuación con “Layers of Time” y “Reckless”, de su álbum Black Anima, encargadas de abrir el show y poner desde el primer momento toda la maquinaria en marcha.

Esta banda es ya una institución en el festival. Creo que son siete las ocasiones en las que han actuado y, sin duda, se les nota a la hora de salir ante un público tan entregado como el de Wacken. La experiencia de tantos años y escenarios se hace evidente desde los primeros compases, moviéndose con absoluta naturalidad ante una audiencia que ya conoce perfectamente a los italianos y que responde a cada uno de sus movimientos.

“Hosting the Shadow” nos llevaba hasta la presentación de Sleepless Empire, editado en febrero de 2025 y del que interpretaron siete temas, ocupando gran parte del set list de la banda. Un trabajo que tubo bastante peso dentro de esta actuación y que demuestra que Lacuna Coil no vive únicamente de sus clásicos, sino que sigue apostando por sus composiciones más recientes sin perder esa identidad que les ha acompañado durante tantos años.

“Kill the Light” y “Trip the Darkness” sacaban a relucir el fabuloso Dark Adrenaline, sin duda uno de los grandes discos de la banda, mientras que “Spellbound”, la única que rescataron de Shallow Life, sonó sencillamente brutal, con una poderosa base rítmica a cargo de Marco Coti Zelati al bajo y un magistral Richard Meiz.

  
Lacuna Coil
 

Más temas como “Gravity” o “Blood, Tears, Dust” dejaban claro por qué son un referente en su estilo. La fuerza de sus dos cantantes, junto a las guitarras de Daniele Salomone y esa base rítmica contundente, nos dejaban exhaustos. Sin duda, los italianos estaban dando muy buena muestra de lo que son capaces cuando todo está a su favor y es que, de nuevo, el gran sonido fue el gran protagonista. Ya lo habíamos experimentado en los otros escenarios y en este Louder no iba a ser la excepción. “Scarecrow”, “Heaven’s a Lie XX” y la versión de Depeche Mode, “Enjoy the Silence”, mantuvieron el pulso, mientras que “Our Truth”, “Die & Rise” o la potentísima “I Wish You Were Dead”, sin duda de las mejores del disco, subían las pulsaciones a mil.

“Oxygen” terminaba de reventar todo por los aires, fuerza gutural descontrolada junto a una Cristina Scabbia en estado de gracia, unido a esa sensacional banda que la arropó en todo momento dejándonos una de las mejores interpretaciones de la noche.

En “Nothing Stands in Our Way” se pusieron un poco más melódicos, y es que no solo de caña vive el hombre. La traca final llegó con tres de sus grandes éxitos. “The Siege” de su ultimo disco , con esos sonidos arabescos y ese comienzo brutal que tanto gusta a los seguidores de la banda, y es que esa combinación que consiguen estos dos cantantes es impresionante y, en este tema, esa compenetración es perfecta, como su interpretación en directo, que nos dejó a todos en una nube.

"Swamped XX", que continúa un poco en esa línea melódica, editada en su disco de 2022, Comalies XX, y "Never Dawn", que desde que la editaron un año después ha sido una de las más fijas desde entonces. Una vez más, Lacuna Coil había vuelto a hacer historia en el festival con una gran actuación.

Sin duda, las tablas que poseen son una garantía a la hora de pisar un escenario como el de este festival, pero es que cuando les ves en directo sientes que la maquinaria perfectamente engrasada, junto a la interpretación magistral por parte de todos los miembros de la banda, hace que todo cobre sentido y, desde el primer instante, te sumerges en su burbuja musical. Grandes Lacuna Coil, a su paso por este Wacken 2026.

  
Lacuna Coil
 

Tras la descarga de los italianos, cogimos aire y corriendo de nuevo al Faster, listos para el inicio de Hämaton. Los alemanes se presentaban con su gira Gammania, en una vuelta de tuerca aún más a su esquizofrénica propuesta.

Tras una introducción en la que se nos presentaba, o más bien nos preparaban ante lo que íbamos a presenciar, y con un telón de fondo a modo de edificio antiguo, como si de un psiquiátrico tétrico se tratara, con una valla en la entrada con el nombre de Gammania, hacían acto de presencia los alemanes.
Tengo que reconocer que no estoy muy puesto en esta banda y es que, menos su pasada actuación en la edición del 2024, en la que tampoco tuve la ocasión de poder prestarles mucha atención, poco había escuchado de la banda.

Banda de culto en su país natal, donde atraen un gran público y que, sin duda, en Wacken congregaron una gran afluencia de público.

"Gaga" dio el pistoletazo de salida al show. "Kids (2 Finger an den Kopf)" continuaba la locura, con enanos detonando cohetes de confeti en la cara de su cantante Nord, quien no paró de azuzar al público durante toda la actuación. "Bleibst du heute mit mir wach?" y "Alte Liebe rostet nicht" daban más aún rienda suelta a la esquizofrenia más absoluta, con sus dos guitarristas, Ost y Rose, ambos con sus caretas características , el primero con una cresta a lo Limp Bizkit y la segunda como una maniática muñeca de trapo, desmelenaban las notas diabólicas que salían de sus instrumentos.

Siempre polémicos, los alemanes continuaron con "Erzähl es meinem Mittelfinger", momento en el que se unió Jörg Roth, cantante de Saltatio Mortis, terminando de volver loco al personal que, aunque avisados de la presencia de algunos artistas de acompañamiento, no se lo esperaban.”Ich hasse dich zu lieben”, “Eva” y “Ihr wisst gar nichts über mich” continuaban la satírica actuación de Hämaton. Otro de los momentos especiales ocurrió con “Wir haben Dorf”, de nuevo con los enanos con porras eléctricas azuzando al cantante, cuando saltaron a la tarima los miembros de Truglauer Bam para tocarse el tema junto a la banda, con Rose tocando la trompeta, convirtiéndolo en una gran fiesta en la que tanto circle pits como crowdsurfings varios se sucedían entre el público enloquecido.

  
Hämaton
 

“Lichterloh” bajaba un poco las pulsaciones. Guitarra acústica en mano, el grupo interpretó esta sentida balada con la que el público, unido al grupo, coreaba su estribillo, dejando al final una marea de gente cantando y dando paso al final de la primera parte del espectáculo.

Con un telón de fondo en el que se podía ver una esvástica rota por un puñetazo, dieron comienzo a la segunda parte del espectáculo, con una gran valla a modo de vallas de contención que cubría todo el escenario. La banda salió a escena para interpretar “Wir sind Gott” y “Wir sind Gott II”, con llamaradas y explosiones en las que el cantante trataba de exponer su ya conocido discurso. “Scheiße kommt – Scheiße geht”, “Ficken unsren Kopf” y “Ficken unsren Kopf” daban rienda suelta a la orgía de locura que los alemanes nos presentan en esta gira.

La versión de Queen, “I Want It All”, sirvió para presentar a una nueva invitada que, en esta ocasión, fue la cantante de la banda ucraniana The Hardkiss, Julija Sanina, quien se marcó una poderosa interpretación que volvió a levantar todavía más al público.

“Wir sind keine Band” animaba aún más el cotarro, con los celadores enanos de nuevo haciendo de las suyas y todo el mundo bailando y botando sin parar. La escenografía, las luces y la constante interacción sobre el escenario hacían que aquello se convirtiera cada vez más en una auténtica locura colectiva.

“Remmidemmi (Yippie Yippie Yeah)” desató de nuevo la locura en forma de fiesta total, con los enanos otra vez haciendo de las suyas. De nuevo, el cantante de Troglauer sobre el escenario, un Deadpool que se unió a la fiesta cantando junto al vocalista y más gente encima del escenario que, aún a día de hoy, no sabemos quiénes son. Todos ellos, junto a los enanos, iban llevando el caos hasta el límite y tirando abajo las vallas, mientras el público se entregaba por completo a la fiesta.

  
Hämaton
 

"Bleib in der Schule" no bajó para nada las ganas de fiesta. Si ya había enanos, Deadpool y los de TroglauerBuam, ahora se les sumaba una especie de unicornio arcoíris junto a la cantante Chiara Tahnee, haciendo pompas junto a Alea, de Saltatio Mortis, desembocando todo ello en una auténtica orgía músico-festiva.

Ya en la recta final de la fiesta pusieron toda la carne en el asador. "Gott muss ein Arschloch sein" y la combativa "Ein' auf den Tod – Zwei auf das Leben" dejaron para el final "Es regnet Bier", con llamaradas y con toda la banda totalmente descontrolada, poniendo el broche perfecto a una actuación que había sido una auténtica locura de principio a fin.

Sin duda, Hämatom jugaban en casa y el público fiel respondió con gran entusiasmo a la propuesta más que convincente de esta banda que, aunque no se prodiga mucho fuera de sus fronteras, tiene una gran legión de seguidores y que en su país son toda una institucion. Una vez más demostraron que saben perfectamente cómo convertir un concierto en una auténtica fiesta, mezclando su música con una puesta en escena totalmente desatada y llena de sorpresas.

  
Hämaton
 

Sin más miramientos, abandonamos el Harder para acudir a ver a Sacred Steel. Así es Wacken: mi reloj marcaba más de 159 pulsaciones, los kilómetros recorridos pasaban de 20 y todavía no habíamos acabado la jornada. Y es que en este festival no hay tregua posible, un escenario te lleva al siguiente y, cuando crees que ya no puedes más, todavía queda otro concierto por delante.

Ya instalados en el escenario principal del Wasteland, cogimos posiciones para ver la actuación de Sacred Steel. Los alemanes se presentaban por tercera vez en este festival, siendo conscientes de la exigencia que ello conlleva, y saltaron a lo bestia con ese heavy power característico que la banda lleva interpretando desde 1996.

Tras una breve intro, “Metal Is War” sonaba con fuerza. Gerrit P. al mando, con esa imponente puesta en escena, nos daba la bienvenida, cuando la guitarra de Jonas Khalil anunciaba las primeras notas de una brutal “The Sign of the Skull”, de esa maravilla de disco como es Heavy Metal Sacrifice, que acaba de cumplir 10 añitos.

“Open Wide the Gate” hacía de interludio a lo que vino después, que no fue más que otra de sus joyas, “Battle Angel”. Debilidad tengo por este tema de los inicios de la banda, que me enganchó sobremanera, y es que los dos primeros discos de esta banda son heavy power puro y duro. Otro de los clásicos de la banda llegó con “Wargods of Metal”, que da título al disco con el mismo nombre y que encendía aún más el público entregado, que animaba y cantaba sin parar y que respondía a cada uno de los guiños que Gerrit les hacía.

  
Sacred Steel
 

La guitarra de Jörn Langenfeld nos transportaba a la actualidad musical de la banda de la mano de “Ritual Supremacy”, que da título al disco, y “The Watcher Infernal”, ambas del mismo LP editado en 2025 y con el que tantas buenas críticas han recibido.

A continuación, “Sacred Bloody Steel” y “Slaughter Prophecy”, que da título al disco, repasaban la trayectoria de la banda a principios del nuevo milenio, donde su sonido se reforzó y que, en este caso, la base rítmica a cargo del legendario Mathias Straub a la batería y Toni Ieva al bajo se convirtieron en los protagonistas absolutos. Con el reloj de arena apurando sus últimos granos, la banda apostó por apretar el acelerador aún más: una magistral “Carnage Victory” irrumpio como un torbellino Haciendo temblar las tablas del Wasteland Stage. “Heavy Metal to the End” nos anunciaba que aquello se estaba acabando, con toda la banda a tope y un público totalmente entregado. Finalizaban su set los alemanes, pero claro, siempre hay un bis y, como no podía ser de otra manera, “Faces of the Antichrist” puso fin a la actuación de la banda, que bolo tras bolo siguen creciendo y que, naturalmente, jugando en casa, como fue este caso, no iban a fallar. Gran concierto en el que sus fans salieron más que satisfechos.

Con Sacred Steel decidimos que nuestros cuerpos ya no eran tales y que parecíamos uno más de los zombis de esta ciudad postapocalíptica, con lo que decidimos retirarnos al Wackinger, cogernos una costilla de vaca, que allí te la sirven con una mini hogaza de pan, un hidromiel, y nos tiramos en un campamento a descansar mientras de fondo se oía una banda de folk. Momento en el que decidí echarme un rato en una hamaca colgante mientras los compis terminaban de hincarle el diente al pedazo trozo de baca que les habían puesto. Acabado el festín pusimos fin a la primera jornada del festival y pusimos rumbo al parking para coger el coche con el que nuestro héroe Xuxo  nos llevaría de vuelta al alojamiento donde no hay ni que decir que caímos muertos  y que nada ni nadie nos perturbó el descanso

  
Sacred Steel
  
 
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