Casualidades de la vida, iba a empezar, en lo musical, el mes de julio en la misma localidad en la que acabé el mes de junio, en Vioño, lugar en el que resido desde hace 15 años y donde no son tan habituales los conciertos, siendo, en esta ocasión, en el Templete ubicado junto al campo del C.F. Vimenor. ¿Y a quien íbamos a tener en dicho recinto? Pues a Pablo Carbonell, cantante, humorista y actor, entre otras cosas, que a muchos nos viene acompañando desde su etapa en “La bola de cristal”, siendo luego conocido por formar parte de Los Toreros Muertos y del programa de televisión “Caiga Quien Caiga”, por citar solo algunos. En este evento, que forma partes del programa “Noches de conciertos”, que desde hace algunos años organizan Escena Esenciales y el Ayuntamiento de Piélagos, iba a presentarse en solitario, un concierto sentado, con mucho y muy variado público, de esos en que se mezclan seguidores del artista, curiosos y aquellos que acuden al reclamo de un personaje conocido. La discografía en solitario de este artista gaditano cuenta con los álbumes de estudio “Aceitunas y estrellas”, del 2000, y “Canciones de cerca”, del 2012, el directo “Rock and roll alimaña”, del 2004, y la banda sonora de “Atún y chocolate”, que él mismo dirigió en el 2004. No hubo que esperar mucho para que artista se subiera al mencionado templete, entre muchos aplausos de los presentes, solamente acompañado por su voz y su guitarra, comenzando su andadura con “Bicicleta estática”, un tema que Los Toreros Muertos dieron a conocer en el 2017 y que sirvió para criticar a los ciclistas de fin de semana, dejándonos un corte muy pegadizo y en el que, como durante toda la noche, fue improvisando. Después de agradecer al ayuntamiento el que hubiera contado con él y alabando las zonas verdes de la tierruca, era el momento de “El kalimotxo de mamá”, una pieza que grabó en el 2007, pero que recogió en su segundo disco en solitario, la cual fue muy vacilona y cantada, aportando esa ironía que lo caracteriza. |
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Nos preguntó si queríamos participar, antes de interpretar “Papá se ha ido de casa”, también de ese trabajo de hace 14 años, un tema muy movido y quedón, que resultó ser, además, un corte muy pegadizo. Tras advertir que había muchos niños, se lanzó a interpretar “Siete novias Elena”, de “100.000 copias vendidas en una semana”, el último disco de Los Toreros Muertos hasta el momento, y que fue publicado hace 2 años, usando una voz ronca, y buscando, y logrando, la participación de los presentes en esta pieza tan festiva. Turno para acordarse de Javier Krahe, del que interpretó “Mi mano en pena”, uno de los temas del artista madrileño, que Los Toreros Muertos recogieron en su disco “Colegio Público Javier Krahe”, del 2020, un corte muy gamberro y divertido, como era marca de la casa de su autor original. Nos preguntó si había alguien de Teruel, para lanzarse a tocar “Teruel mix”, que Los Toreros Muertos publicaron hace una década, una pieza muy movida y con ritmo, que fue reiniciada por un despiste y con esa voz de jota en mitad de esta, concluyendo la canción con un “Viva Teruel”. Volvió a su último disco en solitario con “Sevillanas globales”, antes del cual preguntó si había alguien de Sevilla, y en el que echó pestes de dicha música, deseando que fuera gente de las localidades y países que se mencionan en dicho corte a Sevilla y se pudiera escuchar otro tipo de estilos en esa ciudad. Recordó la figura de Jaques Brel, del que hizo una versión en castellano de su canción más conocida, que él ha rebautizado como “No me quite el pan”, la cual sonó muy quedona, dejándonos una pieza muy vacilona y que fue muy aplaudida. Y llegaba el momento de uno de los clásicos atemporales de Los Toreros Muertos, “Manolito”, de su segundo disco “Por Biafra”, de 1987, con ese ritmo animado y juguetón que tiene y que fue muy celebrado y cantado por todos los allí presentes, un tema que fue interpretado con toda la magia y locura del gaditano. Volvió a recordar la figura del gran Javier Krahe con “Don Andrés Octogenario”, la pieza con que Los Toreros Muertos cerraban su disco “Colegio Público Javier Krahe”, del 2020, y que fue presentada como otra canción religiosa, una pieza muy divertida y cachonda, como es la marca, tanto del autor, como del artista que hoy teníamos delante. |
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Regresábamos a su etapa en Los Toreros Muertos, todavía en activo, con el gran clásico con el que fueron conocidos, “Mi agüita amarilla”, recogido en “30 años de éxitos”, de 1986, un tema que fue tocado con mucho dinamismo y que, como era de esperar, fue muy celebrado, y en el que Pablo nos comentó de donde salió ese corte, provocando las risas de los presentes con sus ocurrencias, una composición atemporal, que es conocida por todo el que sepa un poco de la historia del pop estatal de los 80. A petición popular interpretó “En aquel amanecer”, de su primer disco en solitario, una pieza que empezó calmada, y que resultó muy divertida, con mucho cachondeo, tanto en su letra, como en su interpretación. Tras preguntarnos si habíamos ido al último concierto de Paul McCartney, se lanzó a interpretar “Letra B”, aquella revisión del popular tema de The Beatles que hicieron Los Berzas, un corte muy cantado y animado, que fue muy coreado por los allí congregados. Comenzó a despedirse, comentando que en España es donde más bares hay y vacilando con Escandinava, para tocar “Sácame del bar”, de su último disco en solitario, una pieza muy animada, además de ser juguetona y quedona. Haciendo amago de irse y asomándose a la barandilla del templete, recitó la clásica frase del alcalde de “Bienvenido, Míster Marshall”, y recordó su primer lanzamiento en solitario con “Corriente alterna”, también a petición popular, un tema que, como nos dijo, habla sobre conflictos en pareja, el cual fue cantado muy rápido. Aunque todos relacionamos “Ay que gustito pa mis orejas” con Raimundo Amador, los creadores de la letra fueron el propio Pablo Carbonell y Andrés Calamaro, siendo la siguiente pieza que interpretó y sobre la que nos comentó como fue su elaboración. |
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Y pese a que volvió a hacer amago de irse, aun conseguimos que interpretase “Nana”, el corte que cerraba su ópera prima en solitario, un tema relajado en su inicio, pero que luego se animó, concluyendo, ahora sí, su actuación, tras estar sobre las tablas casi una hora y media. Pablo Carbonell nos ofreció una velada muy animada y divertida, que se pasó en un suspiro, gracias al desparpajo y a la magia de este reconocido artista, del que da igual que conozcas más o menos temas, porque, a tenor de lo vivido esta noche, vas a disfrutar igual y no vas a parar de reírte con sus ocurrencias. Es de envidiar como artistas, como el que esta noche pudimos tener delante, siguen dando actuaciones frescas y espontaneas, haciendo que todos nos contagiásemos de su particular locura y notando como Pablo Carbonell se divierte con lo que hace. Nos dudes en ir a verlo, si tienes la ocasión, y es que con Pablo Carbonell vas a disfrutar de una velada más que amena y divertida; yo, en cuanto pueda, repito. www.facebook.com/profile.php?id=61574664272544 Y de esta manera, mientras muchos de los presentes se sacaban fotos con el protagonista de la noche, me fui para casa tras haber disfrutado con un Pablo Carbonell, que demostró que el que tuvo retuvo, como pudimos comprobar esta tarde-noche en el Templete del Vimenor, gracias al Ayuntamiento de Piélagos y a Escena Esenciales. |
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