Viernes 31 de agosto. Me despierto más o menos bien; es más, creo que los tres nos despertamos bien. Se ve que ya nos habíamos hecho a la cama. Como de costumbre, nos hicimos unos desayunos fuertes y decidimos que, de nuevo, observando la agenda que se nos planteaba, lo mejor era tirar pronto para el festi, por lo menos para llegar a las 14:30, que tocaban Paradise Lost. Ya por las horas serían las 11:40, veíamos que a los dos primeros nos iba a ser imposible. Así que desayunamos tranquilos, preparamos los equipos, cargamos el coche y nos fuimos directos para el parking, caminata hacia la parada del bus, donde nos encontramos con varias personas con las que charlamos un rato llegando al recinto del festival, justo a tiempo para prepararnos y coger sitio para ver en el Faster a los ingleses. Para mí, Paradise Lost significaba mucho y es que es un grupo con el que he tenido mis más y mis menos desde que sacaron el lejano Draconian Times y que, desde entonces, me he llevado alegrías y también decepciones. Aun así, es un grupo que marcó una época y que tiene el privilegio de ser uno de los pioneros del Doom metal. Con puntualidad inglesa salió la banda. Los guitarristas Gregor Mackintosh y Aaron Aedy fueron los primeros en aparecer, seguidos de su bajista Steve Edmondson y, por supuesto, Jeff Singer, que ya estaba sentado en su puesto en la batería iniciando los primeros compases de "Serpent on the Cross". Bien, pensé para mí, y es que este tema del disco del año pasado, Ascension, sin duda sigue fiel a las raíces de la banda, de mis preferidos sin duda. Nick Holmes, estático como suele acostumbrar, se mostraba firme con esa voz tan personal que cambia de registros según la necesidad del tema y que a mí personalmente me chifla. "One Second", tema que da título a su disco del 97, cambiaba de tercio hacia esos sonidos que más tarde se afianzarían en la banda y que también goza de su parte de público. |
|
|
|
Pero para mí, sin duda, la siguiente, "The Last Time", de mi querido Draconian Times, fue el tema con mayúsculas. En un instante, todo saltó por los aires y es que lo mismo esta banda te lleva a la depresión sonora más absoluta que te arranca con temas como estos, que te levanta a lo más alto y, claro, sus seguidores en las primeras filas, en las que me encontraba yo, por cierto, junto a un colombiano y algunos más, nos lo pasamos en grande cantándola. ¡Qué sonido, qué perfección absoluta por parte de todos los músicos! En fin, sigo alucinando. "Faith Divides Us - Death Unites Us" bajó sobremanera el subidón que teníamos y es que este tema, para mí, totalmente prescindible del repertorio. No digo que sea malo, ni muchísimo menos, pero es que no puedes meterla con calzador después de semejante trallazo como el anterior. Por mucho que quieras repasar toda tu carrera, seguro que encuentras temas que encajen mejor. En fin, bajón total, exactamente igual que mi particular historia con la banda. "The Enemy" levantó un poco los ánimos. Sin duda, In Requiem es un gran disco, un poco alejado del sonido clásico, pero aun así, lejos de esos experimentos con los que nos atormentaron en algunos de sus discos “As I Die” repasaba su tercer disco, del 92, Shades of God. Aquí volvemos a lo mismo: aun siendo un muy buen tema, sin duda hay muchos mejores de esa etapa que encajarían mejor y darían más dinamismo al directo, pero bueno, estamos hablando de una banda de Doom metal, ¿verdad? Pues taza y media. |
|
|
|
Y, como si nos estuvieran leyendo el pensamiento, arrancaron con el siguiente tema, otro cañonazo de Draconian Times, como fue “Hallowed Land”, y vuelta al jolgorio y desenfreno. Aquí ya empezamos a tener problemas con esos cuerpos que, sin darte cuenta, te vuelan sobre la cabeza y que los encargados de seguridad, dignos de alabar, recogen como muñecos hinchables. Y ojo, que se veían auténticas gigantes pasando por encima de la multitud. En fin, Wacken en estado puro. También os digo: no hagáis esto en casa, amigos, nuestros seguratas no están preparados y las hostias que vimos en Megadeth y en Viveiro a alguno todavía le seguirán pasando factura. Pero estábamos en Wacken y aquí es el pan de cada día. “Tyrants Serenade” seguía con la actualidad, buen tema que en el Faster stage sonó muy contundente, con un Holmes que la defendió muy bien y que, junto al resto de la banda, consiguieron sacar un sonido fiel al del disco. “Smalltown Boy” puso la parte dance de la actuación, totalmente prescindible, y es que, aun siendo una de sus épocas más comentadas por el cambio de sonido, aun así tienen otros temas muchísimo mejores y exitosos que, por alguna extraña razón, borraron de su repertorio. Como, por ejemplo, “Say Just Words” o incluso “Mouth” encajaría mejor, pero bueno. Por lo menos nos desquitamos un poco con la siguiente, “Embers Fire”, de Icon, que todo hay que decirlo, sonó maravillosamente bien. Terminaron con “Ghosts” y “Silence Like the Grave”, que sonó brutalísima, y es que por fin en este último disco han vuelto a sus raíces más profundas. Y aún con todo no dejó de ser un muy buen concierto, aun prescindiendo de temas icónicos que, por alguna razón, prescindieron de ellos y que, aun con esas, podemos decir que fue un gran bolo por parte de los ingleses |
|
|
|
Con apenas 15 min en el Harder Stage comenzaba el directo del canadiense Danko Jones con su hard garage rock. Para los que no estén familiarizados con este guitarrista, diremos que es un canadiense con ascendencia asiática que lleva dando caña desde 1998, cuando sacó su primer EP, publicando su primer disco, Born a Lion, en 2002, y que desde entonces no ha parado. "Guess Who's Back" y la cachonda "Get High?" pusieron patas arriba desde el minuto uno el escenario principal de Wacken. Sin duda, su propuesta canalla, pero con una buena dosis de rock 'n' roll, no deja indiferente a nadie y, si a eso le añades una actitud arrolladora por parte del guitarrista, junto a unos muy buenos músicos, la fiesta está asegurada. "I'm in a Band" continuaba la dinámica festiva del canadiense, con esa base rítmica potente de su batería Rich Knox y el otro miembro fundador y fiel escudero del guitarrista, el bajista J.C., que consiguen imprimir un ritmo frenético a los temas de la banda y que en directo suenan aún más cañeros. " I Gotita rock” Ponía sobre la mesa las intenciones: caña y pura adrenalina. |
|
|
|
“Everyday Is Saturday Night” dejaba caer esa vida desenfrenada del rock ‘n’ roll. Uno de sus hits más conocidos, “First Date”, puso a corear a todo el público de nuevo. Los cuerpos sobrevolaban nuestras cabezas al ritmo del estribillo pegadizo de la canción. “Good Time” y “You Are My Woman”, o lo que es lo mismo, la particular manera del canadiense de entender lo que es una canción de amor, aportando un poco de sentimiento a la actuación del artista. Con “I Love It Louder” dejaban claras las intenciones: más furia desatada por parte del artista, que no paraba de hacer muecas y moverse como culo inquieto para el disfrute de sus seguidores. “Full of Regret” y “Had Enough” regresaban a su gran disco Below the Belt, editado en 2010. Y así, como un suspiro, se nos pasó el bolo del de Toronto, que sin respiro nos dejaba con tres temazos: “Lovercall”, único repaso a su segundo disco, Born a Lion, y dos de sus más emblemáticos temas, “Code of the Road” y “My Little RnR” Terminando por todo lo alto la frenética actuación de un Danko Jones que lo dio absolutamente todo sobre la tarima de un Harder Stage que a primera hora de la tarde ya vibraba. ¡Menuda manera de comenzar el viernes! Primero con el doom de los británicos, para continuar con la explosiva actuación de los canadienses. Sin duda, esta jornada prometía. |
|
|
|
La cosa se empezaba a poner seria. No eran ni las 5 de la tarde y ya empezaba a sentir el cansancio, así que se me encendió un piloto. El día anterior, o el anterior, no lo recordaba bien, había un stand con una gente muy rara que parecía una secta de color fucsia. Repartían unos vasitos con un mejunje rojo que resultó ser algo parecido a unos chupitos, pero con bebida energética. Así que, echando hostias, me fui para allá, me tomé tres chupitos de trago y me largué de nuevo corriendo para llegar puntual al Faster, donde justo acababa la intro que daba lugar al comienzo de Black Label Society. Los americanos, con Zakk Wylde a la cabeza, empezaron fuerte con "Funeral Bell", seguida de "Name in Blood": furia, riffs potentes y ese tono de voz característico del barbudo, que a unos les encanta y otros lo aborrecen. Así es el bueno de Zakk. "Destroy & Conquer" fue toda una demostración de virtuosismo, y donde se dejan escapar unas más que claras influencias de su padrino, Ozzy, y sus Black Sabbath. ”A Love Unreal” y “Heart of Darkness” enloquecían aún más al público, que ya a esas horas se le veía muy descontrolado. Pero, sin duda, la locura total llegó con el siguiente tema. Desde el minuto uno que lo presentó, aquello se vino abajo: “No More Tears”, el tema que popularizó junto a su padrino Ozzy y que, cómo no, justo cuando acababa de cumplirse un año de su triste pérdida, su homenaje no podía faltar. He de reconocer que alguna lagrimilla cayó y es que, ver al gigantón subido al pedestal interpretando ese solo, no pude más que recordar los buenos momentazos vividos junto al loco de Ozzy en esos conciertos que quedarán siempre grabados a fuego en mi corazón y que tanto disfruté. |
|
|
|
Y es que tengo que decir que este rubio barbudo, junto a su padrino, es uno de esos personajes con los que crecí y que tanto me han influenciado. Y, al parecer, por las caras que vi a mi alrededor, creo que no fui el único que se emocionó. Sí, todos muy heavys con sus chalecos etc , pero todos llorando a moco tendido. “No more tears”, dice la canción jajaj que ironía. “The Blessed Hellride” puso la parte acústica al show, mientras que “Set You Free” repasaba de nuevo el disco Doom Crew Inc., con Zack y los suyos dejándose la piel en un alarde de virtuosismo a la altura de su leyenda. “Fire It Up” ponía en relieve otro de sus grandes discos, como fue Mafia, pero sin duda el tema que hizo famoso ese disco fue el siguiente en caer: “Suicide Messiah”, con el que el personal nos volvimos locos. Y no es para menos, ver a Zack moviendo sus melenas con su clásica guitarra de círculos infinitos, dándolo todo en el pedestal, se te queda grabado. Aquello estaba en el ocaso y, cómo no, no podían acabar de otra manera que con su popular “Stillborn”, con la que acabaron arrasando los cimientos del Faster Stage, convirtiéndolo todo en un desfase: cuerpos flotando por encima, el resto botando, el rubio con sus solos infinitos… una locura total, digna de los conciertos de esta banda, que sigue dando mucho que hablar y cuyos impactantes directos te dejan barrido. |
|
|
|
Tras la descarga de los americanos, de nuevo cambio de escenario. En esta ocasión venía otra banda mítica, una de esas leyendas muy querida en el festival. No hablamos de otros más que de los pioneros de la NWOBHM, Saxon, toda una institución en este festival, que cuenta con estatus de banda “Golden” dentro del mismo, y es que son incontables las veces que han tocado en el festival. A continuación, nuestro colaborador Jesús Jorge Vivanco nos lo describe. Estábamos en la penúltima jornada de este Wacken Open Air 2026 y, desde mi punto de vista, la más interesante de todas. Era ya media tarde, dándonos bien el sol, aunque con menor temperatura que el día anterior. La actividad más atractiva se realizaba en los dos escenarios principales, llamados “Harder” (más duro) y “Faster” (más rápido). Acabábamos de disfrutar de Paradise Lost y de Black Label Society, y ahora era el turno de los británicos Saxon. La formación actual de Saxon combina experiencia, técnica y una energía sorprendentemente vigente. Biff Byford, su vocalista, mantiene un carisma incuestionable; Doug Scarratt y Brian Tatler, guitarrista de Diamond Head, forman un tándem de guitarras tan sólido como elegante; Nibbs Carter, al bajo, aporta un dinamismo incansable, y Nigel Glockler, a la batería, imprime la potencia rítmica que caracteriza al grupo. |
|
|
|
La banda, hablamos de un clásico, sacó su primer disco en 1979 y tiene un bagaje de 25 discos de estudio, además de directos, recopilaciones y, últimamente, han editado dos discos de versiones, a los que se ha referido como inspiraciones. En 2024 lanzaron su último LP, titulado Hell, Fire and Damnation, del que todavía están de gira de promoción. Pero este grupo no sabe estar ocioso, y su cantante anunció, durante su concierto, que ya están preparando el próximo largo. A la hora prevista, las 18:30, comienza el bolo. La banda británica salió al escenario “Harder” con total confianza y sabiéndose muy querida por este festival, no en vano, estábamos cerca de la antigua Sajonia. El primer tema fue el que da título a su último lanzamiento, “Hell, Fire and Damnation”, ya que siguen haciendo promoción de su más reciente trabajo, siendo también la única canción de todo el repertorio compuesta en el siglo XXI. La banda siguió con “Power and the Glory”, tema homónimo a su disco de 1983. Continuando con “Solid Ball of Rock”, otro tema que también es el nombre de un disco, en este caso del lanzado en 1990. Y tras él sonó “Motorcycle Man”, la primera canción del LP titulado Wheels of Steel. En ese momento, el cantante, Biff Byford, pidió al público que lanzasen sus chalecos con parches. La respuesta no se hizo esperar: una buena cantidad de prendas fueron arrojadas y estas, con la colaboración de los trabajadores, terminaron en el centro del escenario. Tras observar varios chalecos, Biff se decantó por uno cuyo parche más grande era la portada de su disco Strong Arm of the Law. |
|
|
|
El concierto debía continuar, y lo hizo, tocando “Heavy Metal Thunder”, “Dallas 1 PM” y “Strong Arm of the Law”. Durante estos temas, Biff Byford nos dio la espalda y señaló el gran parche de su chaleco prestado. El motivo es sencillo: todos pertenecen al LP Strong Arm of the Law; más concretamente, la primera canción lo comienza, la segunda lo finaliza y la tercera le pone su título. Después de un cambio estratégico de chaleco por parte de Biff, comenzaron a tocar “And the Bands Played On”, seguida de “Denim and Leather”, ambas pertenecientes al cuarto disco, Denim and Leather, de 1981. En ese momento, el gran parche del actual chaleco de Biff portaba la portada exactamente del disco del que os estoy hablando. Durante todo este concierto, y en casi todos los que se hicieron en los escenarios principales, me daban toques en el hombro. El motivo: se necesitaba mi ayuda para que algunos asistentes fuesen hasta el frontal del escenario. Aquellos con cierta estatura sujetábamos y desplazábamos, con mucho respeto, a quienes quisieron viajar por encima de nosotros. Biff volvió a cambiarse de chaleco un par de veces más, aunque en esa pila de chalecos no encontró otro que se acoplase tan bien al repertorio como los dos primeros. El concierto no paraba y el ánimo del público no decaía, y menos al escuchar “747 (Strangers in the Night)”, seguida por “Wheels of Steel”, tema que da título al tercer LP de 1980 y en el que también se incluye “747”, temas que rara vez faltan en los bolos de la banda. A continuación, interpretaron “Crusader”, homónimo de su sexto largo de 1984, tema cargado de mucha épica y que no debería faltar en un lugar considerado suelo sagrado. El tema elegido para poner punto y final a esta magnífica actuación fue “Princess of the Night”, perteneciente al disco Denim and Leather, un tema clásico que no suele faltar en sus actuaciones. Una hora y media intensa, que me supo a poco. Sin embargo, estaba en Wacken, lo que significa que hay varios conciertos en ese momento y que otra gran banda comenzará en breve. |
|
|
|
Tras Saxon, de nuevo una pausa de hidratación antes de colocarnos para presenciar otra de esas bandas especiales, y es que este viernes estaba cargado de grandísimas bandas en los escenarios principales. Yo, que hacía años que no los veía, tenía cierta expectación. ¿Seguirán a ese nivel? Algunos comentarios de los haters de turno me tenían desconcertado, pero yo, hasta que no lo vea y lo oiga con mis propios ojos y oídos, no suelo hacer caso. Así que, al lío: nos pusimos en las primeras filas y con los cinco sentidos puestos, porque aquí la invasión viene por tierra, mar y aire, y es que nunca sabes cuándo un gigante germano te puede pasar por encima. Con el escenario preparado y una auténtica marea humana frente a nosotros, aparecían Anders Fridén, Björn Gelotte, Chris Broderick, Liam Wilson y Jon Rice, dispuestos a poner patas arriba el Faster. Y vaya si lo consiguieron. La banda saltaba al escenario con “Colony”, todo un clásico de su discografía que desde los primeros compases dejaba claro que aquello iba a ser una auténtica descarga de melodic death metal. Fridén se hacía rápidamente con el control de la situación mientras las guitarras de Gelotte y Broderick se encargaban de levantar una auténtica tormenta sonora, perfectamente respaldados por Liam Wilson al bajo y Jon Rice a la batería. Sin apenas darnos tiempo para respirar llegaba “Deliver Us”, perteneciente a Sounds of a Playground Fading, demostrando que In Flames no viven únicamente de sus primeros trabajos. El público respondía con entusiasmo mientras la banda continuaba avanzando a toda velocidad y el Faster empezaba a convertirse en un auténtico hervidero. |
|
|
|
“In the Dark” nos llevaba hasta Foregone, su trabajo de 2023, demostrando que la banda sigue teniendo argumentos más que suficientes en su etapa actual. Anders Fridén, siempre muy activo sobre las tablas, recorría el escenario mientras las guitarras de Björn Gelotte y Chris Broderick se complementaban a la perfección, ofreciendo ese sonido pesado y melódico que se ha convertido en una de las señas de identidad de los suecos. “Voices” mantenía la intensidad y volvía a demostrar que los temas más recientes encajan perfectamente junto a los clásicos, con miles de gargantas acompañando a Fridén mientras la banda seguía descargando sin conceder un solo respiro. “Paralyzed”, de Siren Charms, nos llevaba nuevamente a otra de las etapas de la formación, antes de que “The Quiet Place” hiciera que muchos de los que llevábamos años siguiendo a In Flames sacáramos automáticamente nuestro lado más nostálgico. Y es que si algo estaba consiguiendo el repertorio era recorrer buena parte de la historia de la banda, alternando diferentes épocas sin que el concierto perdiera cohesión. “Meet Your Maker” volvía a poner sobre la mesa Foregone, mientras “The Chosen Pessimist” nos introducía en A Sense of Purpose, con ese comienzo más contenido que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en uno de los momentos más especiales de la actuación. Anders se mostraba especialmente cómodo durante el tema, jugando con las diferentes intensidades y dejando nuevamente constancia de su personalidad como vocalista, mientras el resto de la formación construía una atmósfera mucho más envolvente antes de volver a pisar el acelerador. Pero si había un tema que no podía faltar era “Cloud Connected”. Los primeros acordes fueron suficientes para que el público se viniera arriba y comenzaran a sucederse los saltos, los coros y los puños al aire. Aquí Gelotte y Broderick estuvieron enormes, mientras Wilson y Rice mantenían una base rítmica demoledora, consiguiendo que el tema sonara con una contundencia espectacular. Era uno de esos momentos en los que un festival como Wacken demuestra por qué sigue siendo uno de los grandes templos del metal, con un público completamente entregado y una banda que parecía disfrutar tanto como quienes estábamos delante del escenario. |
|
|
|
“Artifacts of the Black Rain” suponía entonces un auténtico viaje al pasado, recuperando The Jester Race y recordándonos a los In Flames de aquellos primeros años. Un servidor agradeció especialmente este detalle, porque escuchar este tema en un escenario como el Faster, rodeado de semejante cantidad de gente, tenía un sabor muy especial. La banda continuaba alternando pasado y presente con “Trigger”, otro de esos clásicos que provocaron una respuesta inmediata entre el público y que volvía a poner a prueba las cervicales de más de uno. Y todavía quedaba uno de esos momentos que ya sabíamos que iban a provocar una auténtica locura. Y entonces llegaba “Only for the Weak”, probablemente uno de los momentos más celebrados de toda la actuación. El Faster se convertía en una auténtica locura, con el público cantando, saltando y siguiendo cada movimiento de Anders Fridén, que dejaba por momentos que fueran las miles de voces que tenía delante las que llevaran el peso del tema. Björn Gelotte volvía a demostrar por qué es una pieza fundamental dentro de la historia de In Flames, mientras Chris Broderick aportaba su particular manera de entender las guitarras, perfectamente integrada en el sonido actual de la banda. Liam Wilson y Jon Rice, por su parte, seguían sin levantar el pie del acelerador, convirtiendo cada golpe en una nueva invitación a seguir saltando. |
|
|
|
La parte final comenzaba con “Foregone Pt. 2”, seguida de “State of Slow Decay”, “Alias” y “The Mirror’s Truth”, una sucesión de auténticos trallazos que mantuvieron la intensidad hasta el último momento. Especialmente contundente fue esta recta final, con un Anders Fridén que no paraba de azuzar al público y una banda completamente entregada. “I Am Above” preparaba el terreno para el inevitable desenlace y, aunque ya teníamos claro que aquello estaba llegando a su fin, todavía quedaba una bala en la recámara. Y menuda bala: “Take This Life”. Los suecos se despedían por todo lo alto con uno de sus temas más celebrados, poniendo al Faster patas arriba y dejando a miles de personas completamente entregadas hasta el último acorde. Así terminaba la descarga de In Flames en Wacken 2026, una actuación en la que la banda consiguió recorrer diferentes etapas de su extensa trayectoria sin perder en ningún momento la contundencia. Anders Fridén, Björn Gelotte, Chris Broderick, Liam Wilson y Jon Rice demostraron que, pese a los cambios y a la evolución de su sonido, In Flames siguen teniendo capacidad de sobra para conquistar un escenario de las dimensiones del Faster. Un concierto que nos dejó clásicos, temas más recientes, nostalgia y, sobre todo, mucho metal. Porque al final, cuando suenan “Cloud Connected”, “Only for the Weak”, “The Quiet Place” o “Take This Life” delante de semejante cantidad de gente, poco más se puede pedir. In Flames habían cumplido con creces y nosotros nos marchábamos con el cuello ya bastante tocado, pero con la sensación de haber presenciado otra gran descarga en este interminable Wacken Open Air 2026. |
|
|
|
Sin duda, la descarga de los de Gotemburgo fue todo un shock, pero es que la que venía a continuación, otra de las grandes leyendas, representaba la existencia del género al que da vida este festival, y es que la historia del Heavy Metal en mayúsculas no puede concebirse sin nombrarlos. Sí, estamos hablando de los grandísimos Judas Priest. Los británicos se presentaban una vez más en el festival, en el marco de su gira Faithkeepers Tour. Desde luego, expectante estaba el personal, y es que tras la gira anterior, en la que representaron el Painkiller entero junto a otras joyas de su dilatada discografía dejaron el pabellón muy alto y, sin duda, en esta edición tan especial de este festival tendrían algo preparado. “You’ve Got Another Thing Comin’” dio el pistoletazo de salida. Andy Sneap y Richie Faulkner, cada uno en su posición, junto al gigante de las baquetas, Scott Travis, irrumpían con fuerza con este tema legendario de la banda. Halford, instantes después, hacía acto de presencia con esa fuerza escénica que con su sola presencia desprende. “Metal Gods”, rescatada de nuevo en esta gira y que muchos ya echábamos en falta, sonó para alegría del personal, que junto al gran Halford cantaba como loco. ¿Con Halford animando a un público entregado llegó un grito de “Breaking the what?”, con lo que el público respondió con entusiasmo: “Breaking the Law”. Ni que decir tiene cuál fue la respuesta, pues, como no podía ser de otra manera, aquello se convirtió en una auténtica fiesta. Innumerables son las veces que la banda ha tocado en el festival y nunca, nunca, el público ha fallado. |
|
|
|
Momento en que “Desert Plains” sonaba, único tema que interpretaron de Point of Entry que nos trasladó a la primera época de la banda y que sus nuevos miembros interpretan de forma sublime, y es que la magia de Richie es incuestionable. La actualidad llegó de la mano de “Lightning Strike”. Como un rayo cayó el poder absoluto que salía de las guitarras de Faulkner y Andy, que pusieron su estampa en esa joya de disco como es Firepower. De repente, un estruendo precedía a unos sintetizadores dando comienzo al siguiente tema, que sin duda, no dejaba lugar a duda alguna: “Turbo Lover”. Sí, ese tema tan polémico que en su día trajo ríos y ríos de tinta y que, sin embargo, en la actualidad es un clásico indiscutible en los repertorios de la banda.“The Ripper” repasaba Sad Wings of Destiny para la alegría de todos los presentes. “The Sentinel” continuaba con el repaso a su gloriosa historia. Yo ya no podía más y me salí de las primeras filas a un lateral, y es que la constante lluvia de gigantes sobre mi cabeza ya era imposible de soportar. Momento en que “Desert Plains” sonaba, único tema de Point of Entry que nos trasladó a la primera época de la banda y que sus nuevos miembros interpretan de forma sublime, y es que la magia de Richie es incuestionable. El repaso a su etapa más moderna llegó de la mano de “Lightning Strike”. Que cayó como un rayo , poder absoluto que salía de las guitarras de Faulkner y Andy, cuando pusieron su estampa en esa joya de disco como es Firepower. De repente, un estruendo precedía a unos sintetizadores dando comienzo al siguiente tema, no dejando lugar a duda alguna: “Turbo Lover”. Sí, ese tema tan polémico que en su día trajo ríos y ríos de tinta y que, sin embargo, en la actualidad es un clásico indiscutible en los repertorios de la banda. La actualidad musical de la banda llegó con "Panic Attack", sin duda este último disco, invicible shield ha resultado ser el fruto de un resurgir de la banda que ya en su anterior trabajo, Firepower, daban buenas muestras de ello, pero que, sin embargo, en este último disco proporcionaron aún más elementos a su sonido, aportando muchísimos más matices y dejando un disco digno de sus más grandes creaciones, siendo este tema fiel reflejo de semejante obra maestra. |
|
|
|
"Victim of Changes" nos mostraba a ún Halford, que, aunque llevando ya el cansancio de varios años seguidos de giras, que aún con descansos, se le empieza a notar. Halls of Valhalla bajaba un poco las pulsaciones, aunque sin duda es uno de los mejores temas de Redeemer of Souls. Volvemos al tema de siempre con la elección de los setlist; para mi gusto, personalmente, creo que tienen canciones infinitamente mejores que esta, que bien podrían entrar en el bombo sustituyéndola. Aunque hay que decir que les quedó bordado, con un gran Halford y el resto de la banda en perfecta armonía. El siguiente tema ya lo creo que levantó los ánimos al personal. Si hay un tema que no puede faltar en los directos de la banda desde el año 1991, año en que se publicó, sin duda estamos hablando de "Painkiller". Ese momento en que Scott Travis se hace protagonista absoluto con esa intro a la batería, seguida de esas guitarras que suenan como cuchillos, provoca la histeria colectiva. Sin duda, este tema pasará a la historia como la definición perfecta de lo que es Heavy Metal. La intro de "The Hellion" precedía a otra de las joyas de la banda, "Electric Eye", con ese ojo cibernético que todo lo vigila y con Halford paseándose de lado a lado mientras interpretaba este grandioso tema. Mientras, Richie, con sus poses características, alternaba con el productor y guitarrista Andy Sneap el protagonismo, al que se le ve ya totalmente integrado en la banda. |
|
|
|
Tras un tiempo con las luces apagadas, el rugir de un motor nos anunciaba lo que muchos estaban esperando, que no era otra cosa que la aparición del Metal God a lomos de su Harley-Davidson para interpretar, como es sabido por todos, "Hell Bent for Leather". Nunca dejaré de emocionarme cuando llega este momento. Décadas llevo viéndolo, ni sé ya cuántas veces, y que, por Dio, siga así por muchos años más. Y es que, en tiempos en los que vamos viendo caer a nuestros ídolos, poder seguir disfrutando de momentos como este es algo grande y digno de agradecimiento. Y si ya de por sí lo interpretan tan magistralmente, pues aún mejor. El tiempo se había agotado, nos habíamos comido el bolo de Judas sin darnos cuenta. Ya estábamos en el final y esa sección rítmica, a cargo de Travis y el siempre discreto Ian Hill, nos anunciaba el tema final con el que los británicos cerraron su vuelta a los escenarios del W.O.A., como fue "Living After Midnight", con la que todos bailamos, cantamos, botamos y, sí, los hispanoamericanos que llevaban desde primera hora de la mañana y que muchos habían tenido que empeñar sus riñones para estar allí, lloraban, nos abrazaban, todos en una gran fiesta de la que fuimos partícipes. Así, por todo lo alto, terminó otro triunfal show de Judas Priest. Sin duda, hay Priest para rato. Si, a Halford se le empieza a notar el cansancio de las largas giras, pero es que es tremendo lo de este hombre, y si no, echad una ojeada a sus fechas. Sólo podemos decir una cosa: PRIEST, PRIEST, PRIEST Y, por siempre, PRIEST. |
|
|
|
Con todo el mundo on fire, pudimos comprobar que nadie se movía, pero más bien porque no había muchos huecos libres, y es que la siguiente actuación prometía ser un evento único y especial, puesto que, como anunciaron, este iba a ser su último show. Pero mejor que nos lo cuente nuestro compañero Jesús Jorge Vivanco, gran admirador de la banda y que ha querido ser él quien nos comente cómo vivió la experiencia de la última actuación de Running Wild. En el penúltimo día del festival de metal más grande de Europa, este Wacken Open Air 2026, y ya en noche cerrada, poco después del concierto de los mismísimos Judas Priest, llegó el momento más piratesco de todo el festival. Ya habréis adivinado que había llegado el turno de los germanos Running Wild. La banda, con origen en la cercana ciudad de Hamburgo, estaba compuesta por Rolf Kasparek (también conocido como Rock ‘n’ Rolf) como vocalista y guitarra, Peter Jordan también como guitarra, Ole Hempelmann al bajo y Michael Wolpers en la batería. En el párrafo anterior he hablado de la formación en pasado, ya que en el cartel de este año se anunciaba este concierto como ‘final show’ (concierto final). En este momento retrocedo al pasado hasta el año 2009, cuando estuve por primera vez en Wacken y pude presenciar mi primer ‘final show’ de Running Wild. De hecho, el grupo editó un doble directo titulado The Final Jolly Roger como punto y final de su carrera. Hablo de un concierto final a finales de julio de 2009 y, en abril de 2012, pusieron a la venta Shadowmaker; no pudieron estar ociosos ni tres años. Por eso, este concierto final viene acompañado con un “esta vez de verdad”. |
|
|
|
Cuando faltaban unos diez minutos para la medianoche, las pantallas de los dos escenarios principales nos volvieron a mostrar la tragaperras con forma de guitarra y con un cráneo vacuno en su vibrato a modo de palanca y, como fue habitual, al tercer movimiento las tres ventanas nos mostraron nuestro premio: Running Wild. Mientras las luces del escenario “FASTER” comenzaban a encenderse, pudimos escuchar primero una “Intro”, seguida del tema instrumental “Chamber Of Lies”, pero nadie estaba tocando en el escenario. Los componentes de la banda iban saliendo al escenario con calma, ocupaban su lugar, conectaban sus instrumentos y se preparaban para su posible última actuación. En ese momento, ahora en directo y con una gigantesca calavera de ojos rojos a su espalda, la banda comenzó potente, con “Bad to the Bone”, del disco Death or Glory de 1989, seguida por “Genghis Khan”, de su primer lanzamiento, Gates to Purgatory, allá por 1984, y que no tocaban en directo desde 2015. Para continuar, tocaron por primera vez, y puede que por última, “Men In Black”, del LP Masquerade de 1995, seguida de la genial “Riding the Storm”, canción que da inicio a su disco Death or Glory. A pesar de que la noche comenzaba a refrescar, el escenario y sus alrededores seguían con altas temperaturas, lo suficientemente altas para apenas notar las llamaradas del escenario. Y así sonó “Dead Man’s Road”, penúltimo tema del largo Rogues en Vogue del año 2005, otro tema que la banda estrenaba esa noche y, posiblemente, no habrá una próxima vez. De seguido pudimos disfrutar de “Sinister Eyes”, segunda canción del disco Pile of Skulls de 1992, y que no sonaba en uno de sus conciertos desde 1996. |
|
|
|
En ese momento, Michael Wolpers nos mostró sus habilidades en forma de solo de batería. Este solo se me hizo largo, pero al resto de componentes de Running Wild, que aprovechaban para relajarse un poco, se les haría corto. Tras el solo, la banda se lanzó a tocar “Little Big Horn”, del LP Blazon Stone, editado allá por 1991, y seguidamente tocaron la genial “Branded and Exiled”, tema que inicia y titula a su segundo LP, editado en 1985. El bolo no podía detenerse y, tras muchos clásicos, pudimos escuchar un tema sin la mayoría de edad, en este caso fue “Rapid Foray”, tema homónimo a su penúltimo lanzamiento de 2016, y seguidamente escuchamos “Soulless”, retrocediendo otra vez en el tiempo hasta el disco Black Hand Inn de 1994. En ese momento, y con el inevitable final acercándose, llegó un momento apoteósico: llegó el momento de “Under Jolly Roger”, temazo clásico que da comienzo y título a la vez a ese gran trabajo realizado en el año 1987. La banda se retiró del escenario, el público no nos movimos, todavía quedaba tiempo y faltaban temas importantes. Aun así, mostramos un gran júbilo ante el regreso de la banda, y ellos nos obsequiaron con “Stick to Your Guns”, perteneciente al LP Rapid Foray y que no tocaban desde hacía ocho años. Al terminar este tema, el grupo volvió a retirarse. |
|
|
|
El grupo se había retirado y el público no nos habíamos movido ni un milímetro. Sabíamos que todavía quedaba concierto, “Stick to Your Guns” no es el tema para finalizar un concierto, y mucho menos para cerrar, presuntamente, la andadura de Running Wild. Con la misma efusividad que unos pocos minutos antes, recibimos de nuevo a la banda, y esta vez su regalo fue la magnífica canción “Raise Your Fist”, perteneciente al disco Under Jolly Roger. Por tercera vez, el grupo se retiró, de nuevo el público los esperamos y, de nuevo, recibimos a Running Wild como se merecen en este posible último concierto. Por parte del grupo nos lanzaron uno de sus mejores temas, “Conquistadores”, de ese gran disco que es Port Royal, sacado en el año 1988. Tras “Conquistadores”, la banda se retiró una vez más. Los esperamos con ilusión, pero eso había sido todo. En teoría, ya no habrá otro bolo de RUNNING WILD; el tiempo lo dirá. Costaba creer que no hubiese sonado “Port Royal”, es uno de esos temas que no pueden faltar. Esto fue el último concierto de los piratas Running Wild; quizá sí o quizá no. |
|
|
|
Había algo especial en este concierto de Sepultura en Wacken. No era una actuación más dentro de un festival que ya de por sí está acostumbrado a recibir a algunas de las bandas más importantes de la historia del metal, sino la última oportunidad de ver a la formación en Alemania dentro de esta gira de despedida. Y eso, inevitablemente, hacía que cada nota, cada riff y cada golpe de batería tuviera un significado diferente. Derrick Green al frente, con esa presencia escénica que lleva tantos años defendiendo el legado de la banda, se hacía acompañar por Andreas Kisser a la guitarra, Paulo Xisto Pinto Jr. al bajo y Greyson Nekrutman tras la batería, una formación que salía al escenario sabiendo que tenía ante sí una noche para la historia. "Inner Self" era la encargada de abrir semejante descarga y desde el primer instante quedó claro que aquello no iba a ser un simple repaso nostálgico. El sonido golpeaba con fuerza y Andreas Kisser comenzaba a escupir esos riffs que forman parte de la historia del metal brasileño, mientras Paulo Xisto Pinto Jr. mantenía desde las cuatro cuerdas la contundencia necesaria para que todo aquello avanzara como una auténtica apisonadora. Derrick Green no tardaba en hacerse con el público y Greyson Nekrutman demostraba detrás de los tambores que la formación actual podía afrontar semejante repertorio con una pegada brutal. "All Souls Rising" nos llevaba directamente hacia el universo de Cavalera, recuperando uno de esos temas que siguen conservando toda su mala leche, antes de que "Desperate Cry" terminara de poner patas arriba el recinto. Aquí Andreas Kisser volvía a demostrar por qué su forma de entender la guitarra ha sido fundamental para construir el sonido de Sepultura, mientras Derrick Green se dejaba la garganta y Paulo Xisto seguía haciendo de perfecto sostén para una maquinaria que no daba tregua. Y es que si algo quedó claro desde el principio es que aquella despedida no iba a ser una ceremonia triste, sino una auténtica celebración de toda una trayectoria. |
|
|
|
"Kairos" introducía la primera mirada hacia una etapa más reciente y "Means to an End", perteneciente a "Quadra", confirmaba que la banda no tenía intención de convertir el concierto exclusivamente en un viaje hacia el pasado. Greyson Nekrutman se mostraba especialmente poderoso tras la batería, encajando sus golpes con el bajo de Paulo Xisto mientras Kisser volvía a tomar el protagonismo con sus guitarras. Derrick, por su parte, seguía manejando al público a su antojo, demostrando que pese al paso de los años continúa siendo una pieza fundamental de la identidad de esta formación. Con "Attitude" llegaba el momento de recuperar "Roots" y aquello ya era otra historia. El público reconocía inmediatamente el riff y la respuesta desde abajo del escenario era sencillamente espectacular. Derrick Green azuzaba a las masas mientras Andreas Kisser y Paulo Xisto Pinto Jr. levantaban esa muralla sonora tan característica del tema, y Greyson Nekrutman golpeaba su batería con una contundencia que hacía que el clásico sonara más vivo que nunca. "The Place" mantenía la mirada puesta en "Kairos", antes de que "Kaiowas" nos regalara uno de esos momentos especiales que hacen que un concierto de Sepultura sea mucho más que una sucesión de canciones. Y llegó "Dead Embryonic Cells", otro de esos temas que parecían escritos para provocar el caos en Wacken. Derrick Green se situaba al frente de la tormenta mientras Andreas Kisser exprimía cada riff y Paulo Xisto mantenía la base perfectamente compactada. A esas alturas ya era imposible no pensar en todo lo que había recorrido esta banda y en la cantidad de generaciones que han crecido escuchando estos temas. "Beyond the Dream" daba continuidad al repertorio antes de que "Territory" volviera a incendiar el recinto. El público respondía con una intensidad espectacular y sobre el escenario los cuatro músicos parecían conscientes de que cada uno de aquellos clásicos era también una despedida. |
|
|
|
"Refuse/Resist" terminaba de elevar la temperatura y aquí ya no había tregua posible. Andreas Kisser se mostraba enorme a la guitarra, Paulo Xisto seguía clavando cada entrada desde el bajo y Greyson Nekrutman convertía su batería en una auténtica trituradora, mientras Derrick Green, incansable, seguía recorriendo el escenario y arengando a un público que conocía cada palabra. Pero todavía quedaba lo mejor, porque si había una canción que tenía que aparecer en esta despedida alemana era "Arise", recibida como un auténtico himno y ejecutada con una contundencia que nos hizo olvidar por un momento que estábamos asistiendo a una despedida. "Ratamahatta" nos llevó de nuevo hasta "Roots", con su ritmo tribal y esa personalidad que convirtió a Sepultura en una banda completamente diferente a cualquier otra, mientras el público de Wacken respondía como si estuviera viviendo uno de esos conciertos que quedan grabados para siempre. Y entonces llegó "Roots Bloody Roots", el golpe definitivo, el himno que puso a todo el recinto a saltar y que terminó convirtiendo la última actuación de Sepultura en Alemania dentro de su gira de despedida en una auténtica fiesta. |
|
|
|
Con Andreas Kisser, Paulo Xisto Pinto Jr., Derrick Green y Greyson Nekrutman dejándose la piel sobre las tablas, Sepultura cerraba así una noche que tenía mucho de celebración, mucho de nostalgia y, sobre todo, muchísimo de historia. Puede que este fuera el último concierto de la banda en Alemania dentro de esta gira, pero durante unos minutos Wacken volvió a sentirse como aquel lugar en el que el metal parecía no tener límites. Sepultura se despedía, sí, pero lo hacía a su manera: con riffs afilados, toneladas de potencia y un público entregado hasta el último segundo. Y cuando sonaron los últimos acordes de "Roots Bloody Roots", quedó una sensación difícil de explicar: la de haber asistido no solamente a un concierto, sino a uno de esos capítulos que forman parte para siempre de la historia del metal. Y así, tras la experiencia traumática de haber experimentado la última actuación de Sepultura, siendo conscientes de que nuestros cuerpos ya estaban dando señales de agotamiento extremo y puesto que nuestro héroe Xuxo sigue siendo humano y tenía que llevarnos de nuevo a nuestra morada, abandonamos el recinto y, por ello, dimos por finalizada la tercera jornada de este Wacken 2026. |
|
|




















































