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Wacken Open Air 2026: Powerwolf + Sabaton + Arch Enemy + Avatar...
  01/08/2026     
  José Ramón Adán     
  Jesús Ribera
  Recinto, Wacken, == Internacional ==
  
www.insonoro.com

Sábado 1 de agosto, nos despertamos un poco hechos polvo, por lo menos yo. Pronto empezaron a llegar emails de la organización, como cada día, anunciándonos el planning de cada jornada y con una sorpresa que ya prácticamente dábamos por abandonada, y es que días atrás nos habían comunicado que en el LGH Club se iban a producir dos sorpresas en forma de actuaciones, unas de esas citas especiales en las que solo acreditan a prensa, sponsors, gente de la industria, etc. Una era la de Heaven Shall Burn y otra la de Avatar.

 A la primera, el jueves, no pudimos asistir, pero a la segunda sí, dejándonos dos invitaciones para el evento único que, debíamos, recoger.

Así que, bueno, la misma rutina: abrir el ojo, desayuno fuerte, planificar el día y de nuevo vuelta al festival. Claro, nosotros teníamos unas instrucciones muy precisas, entre ellas recoger las invitaciones en un punto habilitado, instrucciones que a lo largo de la mañana cambiaron y que a nosotros no nos habían llegado, con lo que, hasta que nos indicaron las nuevas, nos dimos una elegante vuelta en la que nos pegamos una larga caminata.

Una vez conseguidas las acreditaciones pertinentes, pusimos rumbo al pueblo, otro bus desde el recinto hasta la otra parada de bus y de ahí al pueblo.

Llegamos al LGH Club, donde se estaba produciendo una actuación especial de la banda sueca Avatar, sin su maquillaje característico y en un ambiente más íntimo. La actuación era en acústico, con lo que chocaba un poco a priori, pero, sin embargo, hay que decir que les quedó muy bien y el sonido fue espectacular.

  
Avatar
 

El concierto se presentaba en un formato único y en un recinto especial como es la sala de conciertos del LGH, aparte de la gente de prensa, invitados, etc., también estaban presentes los ganadores de la ruleta de la fortuna en la carpa de Wacken Foundation, que durante las jornaas anteriores habían concursado, resultando agraciados para asistir a este evento único y privado.

Como ya decíamos, en esta ocasión tan especial, el grupo interpretó varios de sus hits más conocidos y otros que, llevados al terreno acústico, quedaron realmente bien. Temas como “Black Waters”, con el que iniciaron el show, se mezclaban con otros como “Smells Like a Freakshow”, “The Eagle Has Landed” o “King After King”, canción que también llevaba unos años sin ser interpretada en directo.

La verdad es que me gustó mucho esta propuesta, y es que su cantante, Johannes Eckerström, supo adaptar muy bien su clásico registro a lo que la ocasión exigía, sorprendiéndome gratamente y demostrando que su voz también encaja a la perfección en otras tesituras.

Con las primeras notas a la guitarra de Johannes Eckerström, los suecos nos presentaron “Tower”. El ambiente transcurría en un modo íntimo y cordial, con mucha interlocución entre la banda y el público, cuando “The Dirt I’m Buried In” puso a cantar a todo el personal, que ya había sucumbido a los encantos de los suecos.

“Bloody Angel” continuaba el repaso a la trayectoria de la banda.

  
Avatar
 

Otro momento muy especial llegó a continuación, cuando Jonas y Tim Öhrström, a la guitarra, se pusieron a tocar “Spårvagnschauffören”, esa joya que creo que nunca han tocado en directo, compuesta por Eddie Meduza, y que nos dejó, por parte de Avatar, uno de los momentos más épicos de este evento.

En ese momento, la app del festi me recordaba que Airbourne  estaban a punto de empezar. Mi Google Maps me decía que andando tardaba desde el club hasta el Infield 35 minutos; corriendo cuesta abajo lo podía hacer en 20, así que me daba tiempo. Intenté convencer a mi fotógrafo, que es como un calco de Bert, el personaje de The Big Bang Theory que encarna Brian Posehn, y que, de hecho, fueron varias las personas que durante la semana le paraban para hacerse fotos confundiéndolo creemos que con  él . Que naturalmente me dijo que no estaba dispuesto a morir en el intento, que bastante había tenido ya y que poco a poco cogería el camino de vuelta, lo que significaba ir hasta la parada del bus, coger el bus y luego el bus lanzadera.  Así que quedando un tema por finalizar Avatar.

Yo, que soy fiel a los hermanos O’Keeffe, cogí carrerilla como el Coyote y me fui corriendo hasta el recinto y, posteriormente, al Harder Stage, donde, justo cuando ya estaba echando la bilis, conseguí llegar al inicio de los australianos.

  
Avatar
 

Tras la clásica intro de Terminator, la nueva “Gutsy”, seguida de “Too Much, Too Young, Too Fast”, comenzaba la descarga de Airbourne. Salieron a tope desde el primer segundo, con una energía desbordante y dejando claro desde el inicio que aquello iba a ser una auténtica descarga de rock & roll.

Joel, totalmente descontrolado, no paraba de un lado para otro. “Hungry”, “Back in the Game” seguían cayendo. Como un torbellino se estaba produciendo la descarga de los australianos, fieles a sí mismos, rock & roll acelerado en estado puro, marca de la casa, encendiendo la ya de por sí la audiencia de los escenarios principales de Wacken.

Ahora sí, Joel nos saluda para interpretar posteriormente “Raise the Flag”, la misma fuerza bruta de siempre, descontrol por todos los lados, idas y vueltas, si es que esta banda no necesita más. “Cheap Wine & Cheaper Women” seguía con el repaso de su primer disco, Runnin’ Wild. Como una moto estábamos cuando “Diamond in the Rough” nos volvía a poner en órbita.

“Breakin’ Outta Hell” ponía patas arriba todo con este temazo que da título a uno de sus discos más recientes. Los hermanos, a tope, estaban demostrando que son ya una institución en este festival y que, sin duda, la fiesta está garantizada.

Pero para fiesta la que vino con el siguiente tema, “Live It Up”. Para no perder las buenas costumbres, el rincón del Lemmy’s Bar hizo acto de presencia y, tras un brindis, la lluvia de cervezas comenzó a volar por encima de más de 80.000 cabezas que poblaban el recinto. Hay que ver la destreza de Joel para lanzar los vasos mientras toca y que, para colmo, caigan en la posición correcta, siendo recogidos por más de un fan que, ya curtidos en mil bolos de los australianos, esperan ansiosos para cazar tan refrescante trofeo.

  
Ambiente
 

El bolo de los australianos estaba llegando al final. Normalmente nos solemos referir a esta parte del show como la traca final, pero es que lo de esta gente no es una traca, son las Fallas enteras. Aún no sé de dónde sacan la energía para aguantar a ese ritmo durante todo el concierto.

Con “Ready to Rock” continuaban arrasándolo todo, Joel totalmente empapado junto a su hermano, que, igualmente empapado, seguía machacando la batería, mientras Justin Street hacía sonar su bajo, dejándonos una sección rítmica que bien podía parecerse a la de una banda de power metal, añadiéndole una dosis triple de adrenalina.

“Alive After Death (Last Plane Out)” nos dejaba aún más pletóricos con ese guiño a las leyendas caídas y que algunos relacionamos inevitablemente con el tito Ozzy, aunque, por supuesto, la banda siempre estará ligada al nombre de Lemmy, quien colaboró y ayudó a la banda en sus inicios, como por ejemplo en el videoclip que se grabó como presentación del siguiente y último tema en caer en esta edición de Wacken. Sin duda estamos hablando de “Runnin’ Wild”, con toda la banda dándolo todo, Joel totalmente desfasado y, sí, hubo paseo a hombros, como viene siendo habitual. El caso es que el bueno de Joel se pegó una carrera hermosa para volver al escenario, donde su colega Brett Tyrrel le esperaba guitarra en mano para finalizar este gran tema de puro energy rock. Si hay algún nombre con el que se les pueda etiquetar a la banda, es ese: Energy rock

Y con esa energía desbordante que siempre aportan, se despidieron por todo lo alto los australianos, demostrando que pueden tocar una y mil veces en este festival, que siempre los recibirá con los brazos abiertos para disfrutar de la gran fiesta que son siempre sus conciertos.

  
Ambiente
 

Tras un cuarto de hora para hidratarnos, y es que el día fue muy duro. Hasta yo, en un momento de Airbourne, sufrí un pequeño bajón, pero bueno, es lo que tiene tanto ajetreo. Una vez recuperado y bien hidratado, nos fuimos a ver a Arch Enemy. El atractivo principal era, sin duda, comprobar cómo su actual cantante, Lauren Hart, desempeñaría las labores que hasta hace poco ocupaba Alissa White-Gluz, con gran expectación entre un público que abarrotaba el recinto del Harder Stage.

Tras la intro de “Khaos Overture”, con “Yesterday Is Dead and Gone” comenzó el bolo de la banda. La muchacha subió dispuesta a todo y, sin duda, aporta una gran personalidad, tiene mucha fuerza y su voz encaja perfectamente en los temas de la banda, como pudimos comprobar en los siguientes temas, “The World Is Yours” o “Ravenous”. Sin duda, la mejor manera de empezar el show y dejar bien claro que esta muchacha no está de paso. Tres temas que reflejan muy bien las distintas etapas de la banda y en las que Lauren se encontró muy cómoda, interpretándolas.

“War Eternal” y “My Apocalypse”, dos de sus grandes temas, llenos de poderosos riffs en los que las composiciones de Michael Amott brillan con luz propia, con esa mezcla de fuerza y melodía característica de la banda que tanto nos hace disfrutar.

  
Arch Enemy
 

Sin duda, los suecos, bueno, sueco-americanos, desde el principio mostraron una actitud arrolladora. Su nuevo sencillo, “To the Last Breath”, sonó quizás más cañero de lo que nos tienen acostumbrados, con ese inicio de black metal puro que más adelante se va transformando en algo más característico de la banda, pero que, a medida que transcurren los minutos, sigue creciendo hacia unos ritmos frenéticos llenos de crudeza.

Temazo en el que se puede comprobar que la banda sigue muy fresca a la hora de componer grandes temas.

Continuaban con “Blood Dynasty”, tema que da título a su LP de 2024 y que es habitual en sus conciertos desde su publicación y que, en esta edición de Wacken, sonó aún más que espectacular. Y es que la sección rítmica, con Sharlee D’Angelo al bajo y Daniel Erlandsson a la batería, viejos camaradas que desde el 96 siguen dando cera en la banda, son un combo perfecto que, junto a la guitarra de Joey Concepcion, logran ese gran sonido que hace que las grandes composiciones de Amott se eleven aún más.

“Under Black Flags We March” y “The Eagle Flies Alone” mantenían el pulso acelerado que la banda seguía transmitiendo. En este punto, la comunión con el público era total. Su cantante ya no tenía que demostrar nada, se había ganado al público. Sin duda, Wacken es una gran plaza y Arch Enemy estaban saliendo victoriosos.

“No Gods, No Masters” seguía el repaso a Khaos Legions, mientras “Dead Bury Their Dead” hacía lo propio con Wages of Sin, una de las joyas de su catálogo que en Wacken encendió sobremanera los ánimos, produciéndose pogos diversos y, por supuesto, crowdsurfing. Y es que el constante goteo de cuerpos sobrevolando nuestras cabezas fue una constante.

  
Arch Enemy
 

Y si ya no teníamos bastante, “Blood on Your Hands” nos ponía la piel de gallina. Este gran tema, con el que abrían su legendario disco de 2007, Rise of the Tyrant, nos dejó totalmente desechos. Yo no me pude resistir y me metí de lleno en uno de los pogos. ¡Bufff! No tengo palabras, ¡qué bestialidad!.

El apocalipsis final llegó de la mano de tres brutales temas. “We Will Rise”, de su Anthems of Rebellion de 2003, fue un rompecuellos de manual en el que la muchacha estuvo colosal, no, lo siguiente. Y lo de la banda ya ni comentar, sublime. Y como no podía ser de otra manera, “Nemesis” terminó de alzar al infinito la espectacular actuación de unos inmensos Arch Enemy que, para terminar de rematarlo, contaron con “Fields of Desolation”, terminando en una gloriosa pieza instrumental. Y es que, si ya de por sí este tema es una obra maestra, con ese final terminaron de enloquecer a un público que ya de por sí estaba más que motivado.

Definitivamente, Arch Enemy están de vuelta y a qué nivel. Este concierto ha sido uno de los grandes de esta edición de Wacken, absolutamente todo excelente: sonido, una entrega brutal, una gran cantante que está a la altura y, sobre todo, la música de esta gente que durante 30 años aún sigue conservando esa intensidad, garra y una gran calidad que te sigue enganchando como el primer día.

  
Arch Enemy
 

Rápido nos adentramos en coger sitio puesto que lo que venía a continuación era digno de Coca-Cola y palomitas

Y es que si hay una banda que ha conseguido convertir un concierto de heavy metal en todo un espectáculo como de si de una  ceremonia religiosa se tratará  fueron los siguientes en salir a escena tras una pausa corta   sin duda hablamos de Powerwolf.

Los alemanes llegaban a esta edición de Wacken con su particular universo de hombres lobo, sotanas, maquillaje, órganos y litros de teatralidad a sus espaldas, pero lo que íbamos a presenciar iba mucho más allá de un simple concierto. Aquí todo está pensado al milímetro, desde la escenografía hasta la manera de interactuar con un público que, desde mucho antes de que aparecieran los músicos, ya esperaba ansioso la llegada de esta particular misa de heavy metal. Y es que Powerwolf no salen simplemente a tocar, salen a oficiar, y cuando tienes a Attila Dorn al frente, con su imponente presencia y esa voz de marcado carácter operístico, la ceremonia está asegurada.

Con la intro de “Monumental Mass Theme” comenzó a prepararse el terreno para lo que se avecinaba. La producción, espectacular como acostumbra la banda, nos trasladaba directamente a una especie de catedral gótica, con elementos religiosos y una ambientación que hacía que aquello pareciera más una misa profana que un concierto al uso. Y entonces llegó el momento de “Bless ‘em With the Blade” y aquello explotó. Fuego, pirotecnia y una banda que aparecía dispuesta a no dejar títere con cabeza. Attila Dorn, vestido para la ocasión y con esa presencia que parece multiplicarse sobre las tablas, tomó el mando desde el primer instante, mientras Falk Maria Schlegel se convertía en otro de los grandes protagonistas, abandonando constantemente sus teclados para lanzarse hacia el público y ejercer de auténtico maestro de ceremonias.

  
Powerwolf
 

Armata Strigoi” mantuvo la intensidad por todo lo alto y rápidamente quedó claro que la conexión con Wacken iba a ser absoluta. Attila no tardó en hacer participar a las decenas de miles de personas que tenía delante, jugando con ellas, dividiendo sectores y provocando esos gritos que terminaron convirtiendo el recinto en un auténtico coro. Mientras tanto, Matthew Greywolf y Charles Greywolf se encargaban de poner la contundencia guitarrera, con Roel van Helden castigando la batería y Falk aportando ese componente de órgano y teclados que hace que las composiciones de Powerwolf tengan ese carácter tan reconocible.

“Sinners of the Seven Seas” siguió ampliando el espectáculo, con una ambientación más mística y una banda que parecía tener perfectamente controlado cada movimiento, cada gesto y cada efecto.

La ceremonia continuaba con “Amen & Attack”, otro de esos himnos que parecen haber sido concebidos para ser coreados por una multitud de semejante tamaño. Falk Maria Schlegel, siempre inquieto, no paraba de moverse y de buscar la complicidad de la gente, mientras Attila ejercía de predicador del metal. “Army of the Night” terminó de convertir aquello en una auténtica fiesta, con el público saltando y cantando mientras la banda demostraba por qué se ha convertido en uno de los nombres más importantes del power metal europeo. “Dancing With the Dead” e “Incense & Iron” mantuvieron el nivel, alternando la contundencia de las guitarras con esa faceta más teatral y festiva que tan bien manejan los alemanes.

Pero si hubo un momento que volvió a demostrar que los conciertos de Powerwolf son mucho más que música fue “1589”. La canción, inspirada en la historia de Peter Stump, el conocido como Hombre Lobo de Bedburg, sirvió para montar uno de esos números escénicos que dejan al personal con la boca abierta.
 Falk Maria Schlegel fue apartado de sus teclados y llevado hasta una estructura preparada para la ocasión, donde quedó atrapado en una auténtica escena de ejecución. Y entonces llegó el fuego. Las llamas rodearon la estructura mientras la banda continuaba interpretando el tema y Attila llevaba la narración a su terreno, convirtiendo aquello en un pequeño espectáculo de shock rock dentro del propio concierto. El bueno de Falk, eso sí, consiguió salir con vida de la experiencia para volver a ocupar su puesto, porque todavía quedaba mucha misa por delante.

  
Powerwolf
 

Después de semejante espectáculo, “Demons Are a Girl’s Best Friend” devolvió el carácter festivo al concierto, mientras “Stossgebet” aportaba ese punto más oscuro y ceremonial, demostrando que Powerwolf saben manejar perfectamente los diferentes ambientes dentro de un mismo espectáculo.

 “Fire and Forgive” volvió a poner el fuego como protagonista, con la pirotecnia acompañando los compases de la canción, y “Heretic Hunters” mantuvo el ritmo a base de guitarras y batería, con el público completamente entregado y el habitual desfile de crowdsurfers buscando alcanzar las primeras filas.

A estas alturas ya no había ninguna duda de que estábamos ante una de esas actuaciones que se recuerdan por mucho tiempo. “Joan of Arc” volvió a elevar la parte más épica del repertorio y entonces llegó “We Drink Your Blood”, uno de esos temas que parecen hechos expresamente para un festival como Wacken. Todo el recinto cantando al unísono, los brazos en alto, la banda disfrutando de lo que estaba ocurriendo y Attila manejando a la multitud a su antojo. Era difícil no dejarse llevar por semejante espectáculo.

En este punto del concierto la banda bajó ligeramente las revoluciones con “Where the Wild Wolves Have Gone”, aportando el necesario momento emotivo dentro de una actuación tan cargada de estímulos. La ambientación gótica, los elementos escénicos y la interpretación de Attila crearon uno de esos momentos en los que el espectáculo deja de ser simplemente contundencia para convertirse en algo más atmosférico. Pero aquello todavía no había terminado. Powerwolf se retiraron durante unos instantes, dejando al público reclamando su regreso, porque estaba claro que una misa de semejantes dimensiones no podía terminar así.

  
Powerwolf
 

Ya en el tramo final Los bises comenzaron con la intro de “Agnus Dei” y la banda regresó para continuar con “Sanctified With Dynamite”, volviendo a poner toda la maquinaria en funcionamiento. Pirotecnia, confeti y una audiencia completamente desatada acompañaron a la banda mientras se acercaban al desenlace. “Blood for Blood (Faoladh)” mantuvo la velocidad y volvió a encender los ánimos antes de que “Werewolves of Armenia” se convirtiera en otra auténtica fiesta colectiva. Attila volvió a jugar con el público, haciendo que las diferentes partes del recinto compitieran entre sí y consiguiendo una respuesta ensordecedora.

Y cuando parecía que ya lo habíamos visto todo, llegó el momento de despedirse. “Wolves Against the World” sirvió como outro mientras los músicos se acercaban a la pasarela para agradecer la entrega de un público que había participado activamente en cada uno de los momentos del espectáculo sin duda la banda salió más que satisfecha  después de haber ofrecido una auténtica exhibición de cómo convertir un concierto de power metal en una representación teatral de enormes dimensiones.

Powerwolf saben perfectamente lo que hacen. Puede gustarte más o menos su particular mezcla de religión, hombres lobo, humor y teatralidad, pero resulta imposible negar que tienen una identidad propia y que han conseguido llevar su propuesta hasta unas dimensiones espectaculares.

En Wacken no ofrecieron simplemente un concierto: oficiaron su particular misa de heavy metal, con fuego, pirotecnia, órganos, himnos, teatralidad y un público completamente entregado. Y cuando una banda consigue que decenas de miles de personas canten, salten y participen como si todos formasen parte del mismo ritual, queda bastante claro que la fórmula funciona.

  
Powerwolf
 

Con el final de Powerwolf llegó otro de esos momentos que siempre se recuerdan en Wacken: el anuncio de las bandas del próximo año. En esta edición apostaron por ir desvelándolas durante los  días del festival y, al haber programado no uno, sino dos cabezas de cartel para el sábado, como fueron Powerwolf y Sabaton, nos quedamos sin el típico espectáculo de drones. En su lugar ofrecieron el clásico  discurso de agradecimiento por parte de los organizadores, Thomas Jensen y Holger Hübner, quienes nos agradecieron que, un año más, todo hubiera salido genial, invitándonos a volver el año que viene.

Fue entonces cuando se anunció otra buena tanda de grupos y futuras sorpresas que se añadirán más adelante, dejando ya un total de 50 bandas confirmadas, entre ellas grandes nombres de la talla de Helloween, Electric Callboy, HammerFall y U.D.O., junto a otros como Five Finger Death Punch y Gaerea. Y, como es habitual en el festival, también habrá shows especiales, como el de Cavalera Conspiracy interpretando Chaos A.D. o la despedida de Edguy, junto a otros grandes nombres que harán que la próxima edición vuelva a ser, una vez más, una cita imprescindible.

  
Ambiente
 

Pero esto no había acabado ni mucho menos, aún nos quedaban platos fuertes en el menú. Sin duda, uno de ellos era la vuelta al festival de Sabaton. Aunque ya les habíamos visto en Viveiro apenas unos días antes, la expectación era máxima.

Al empezar ya nos dimos cuenta de que la producción era exactamente la misma, quizás las pantallas traseras más grandes, pero todo lo demás igual. Un tanque gigante presidía el escenario, donde un sinfín de elementos relacionados con la guerra se iban sucediendo.

Atacaron de inicio con "Ghost Division" y aquello ya empezaba fuerte: llamaradas, explosiones... Una vez más, la batalla de Sabaton había comenzado. Joakim, enchufadísimo, cantaba mientras se paseaba de un lado al otro. La nueva "Yamato" trasladaba la batalla al Pacífico, donde imágenes de batallas aéreas se iban sucediendo en las pantallas y, cómo no, más fuego y explosiones.

La batalla continuaba, pero en este caso fue con "The Red Baron", aunque aquí nos trasladamos a la Gran Guerra. Cómo no, en las pantallas una batalla aérea comandada por el Barón Rojo, pilotando su mítico biplano del color que dio nombre a su leyenda, hacía las delicias del público de Wacken que, cómo no, en su mayoría germana, gozaba sobremanera con su héroe patrio.

"The Last Stand" continuaba la batalla de los suecos, con un coro que respaldaba a la banda y una puesta en escena espectacular. Sabaton seguía desgranando su particular batalla sonora, más fuego y artillería. Continuaban con "Great War". Aquí el tanque hacía de las suyas en un sinfín de momentos, acompañando un tema que da título al disco con el que en 2019 nos mostraban al mundo esta joya.

  
Sabaton
 

No cabe duda que presenciar un concierto de Sabaton es como ver un documental con una buena banda sonora detrás: buena producción, buenas historias y muy buena música.

"Stormtroopers" y "Christmas Truce" enlazaban de seguido con otra de las grandes, "Soldier of Heaven", impresionante cómo Pär Sundström sigue a tope con su bajo, junto a Hannes Van Dahl a la batería, dejándonos una base rítmica imponente ."Crossing the Rubicon" continuaba el repaso a su último disco, siempre fiel a la historia, en este caso a la Antigua Roma y a su celebre julio cesar.

“Night Witches” hacía lo propio con Héroes, otro gran disco de la banda en el que el artificio se hizo protagonista absoluto.

Una de las sorpresas vino con "Gott Mit Uns", una novedad hasta el momento que no se había tocado durante esta gira y que, como no podía ser de otra manera, la cantaron en la versión festiva alemana.

 Esta historia viene de antes y es que, durante los conciertos de Sabaton en Alemania, ¡entre tema y tema el público canta "Noch ein Bier!" ("¡Otra cerveza!"). Al final, la banda, que son unos cachondos, arropó la idea y, en tierras germanas, modifica la letra original del estribillo, donde normalmente cantan «As we all stand united / All together», para cantar al unísono con los fans: “As we all drink united, Noch ein Bier!”.

Sin duda, la comunión con el público alemán es total y en Wacken se demostró una vez más.

"I, Emperor" y "The Attack of the Dead Men" continuaban la descarga de los suecos: bombas, fuego y toda la parafernalia de la banda en estado puro.b "Bismarck" cayó demoledora sobre Wacken, sumergiéndonos en una gran historia que dejó huella en ese gran disco que fue Heroes.

  
Sabaton
 

"Hordes of Khan" puso la épica, con una grandísima interpretación en la que las guitarras de Chris Rörland y Thobbe Englund fueron las grandes protagonistas, sin contar con el fuego y la pirotecnia que, una vez más, hicieron de las suyas.

La Orden de Malta tuvo, por supuesto, su momento en "Templars", otro brutal repaso a la historia por parte de una banda que, junto a las pantallas y los efectos escénicos, nos dejó uno de los grandes momentos de la noche.

Pero, de repente, "Primo Victoria" desató la locura con ese ritmo brutal que todos coreamos y que nos dejó afónicos, y con toda esa pirotecnia, incluido su tanque, que no paró y con ese bombazo final que casi nos deja sordos.

Y llegó el momento final , sin duda, tenía que ser algo apoteósico como fue la interpretación de "Swedish Pagans". Impresionante ver cómo el recinto, abarrotado con más de 85.000 personas, cantaba ese himno, dejando una estampa, junto al fuego y a la producción de la banda, brutal.

Pero si hay una melodía reconocible de la banda y que hace vibrar al respetable, sin duda es ese silbido que da inicio a "Hell and Back". Aquí ya fueron con todo, haciendo que el escenario principal de Wacken pareciera que se podía venir abajo. Un gran tema que terminó de destruirnos por completo. Otra vez Sabaton cumplieron con creces en esta edición de Wacken y, como no podía ser de otra manera, el final apoteósico vino con una descarga de fuegos artificiales a modo de fiesta final que, junto a las celebraciones del festival, acabó en un derroche de artificio impresionante.

Sin duda, Sabaton son muy queridos en este festival y lo saben, la banda y el público se convierten en uno y, junto a esa inmensa producción, consiguen una perfecta armonía que da como resultado uno de esos conciertos que se quedan grabados en la memoria y que hacen de Wacken algo único.

  
Sabaton
 

Con un cuarto de hora en el que, a todo correr, nos dirigimos a coger provisiones y cambiarnos de ropa, puesto que ya a esas horas el frío empezaba a ser protagonista, nos dirigimos a ver el espectáculo de los escoceses Alestorm.

Para quien no los conozca, hay que resaltar que son una banda de folk metal o, como se definen ellos, “True Scottish Pirate Metal”. Centran su parafernalia, sus letras y estética visual enteramente en torno a los piratas, las batallas náuticas, los monstruos míticos y la cultura de la fiesta y, cómo no, esas tabernas donde se cuentan esas historias de piratas.

Sin duda, una gran apuesta por parte de la organización para cerrar una fiesta por todo lo alto. Si con Sabaton habíamos tenido guerra, con los escoceses llegó la alegría y la fiesta.

Como viene siendo habitual, los patitos de goma gigantes presidían el escenario Faster. Una pantalla gigante anunciaba, en una cuenta atrás, lo que a continuación se iba a producir. Con la cuenta a cero, apareció la banda. Comenzaron con “Keelhauled” y seguidamente interpretaron “Killed to Death by Piracy”. Christopher Bowes, con su teclado, ataviado con su falda, hacía de maestro de ceremonias para anunciarnos “The Sunk'n Norwegian”, del disco Back Through Time, con el que enloquecieron sus fans, que ya desde el primer minuto estaban haciendo de las suyas: cuerpos voladores, circle pits por todos lados. En fin, una vez más, Wacken en estado puro.

  
Alestorm
 

Yo, sinceramente, nunca he sido gran seguidor de ellos lo reconozco. También es cierto que uno acaba dejándose llevar y sucumbiendo a la fiesta, como pasó en “Zombies Ate My Pirate Ship”, en la que todo el mundo estaba descontrolado.

Yo me retiré hacia una esquina, puesto que mi agotamiento era ya más que notable, desde donde pude presenciar “Mexico”, otro gran tema en el que Elliot Vernon al teclado, junto a Máté Bodor a la guitarra, nos dejaron grandes momentos.

Con la bandera del pulpo pirata y esa intro seudotecno comenzaba “Under Blackened Banners”. De nuevo, el algarabío se hizo protagonista. La base rítmica frenética, a cargo de Gareth Murdock al bajo y Peter Alcorn a la batería, marcaban un ritmo atronador que, junto a los guturales de Elliot, dejaban al personal exhausto.

Con “Banana” llegó el cachondeo y con ellos la fiesta, pero es que esto era un no parar. “Nancy the Tavern Wench” ponía el lado más épico a la fiesta. Aquí se ponían un pelín serios e interpretaban este gran tema que te recuerda a una de esas tabernas de madera y pinta en mano, mientras el público canta las canciones que años atrás dejaron sus antepasados y que cuentan viejas historias.

La verdad que a mí me empezaba a cansar un poquito ya el tema y decidimos Xuxo y yo que habíamos tenido ya bastantes abordajes y optamos por  dar por finiquitado el bolo de los escoceses e ir a por algo de comida y bebida al Wackinger, mientras me daba un garbeo  me encontré de nuevo en el W.E.T stage  creo, con el show de despedida de Megabosch que realizan todos los años para despedirse. Impresionante la fiesta que se montan con el fuego y toda su parafernalia.

  
Alestorm
 

Tras un rato deambulando, acabé en el Headbangers Stage cuando, de repente, me acordé de que una de las leyendas más virales de los últimos tiempos estaba tocando en ese momento. Sí, viral digo, y es que el mismísimo Bobby Liebling, de Pentagram, estaba ofreciendo un concierto con su otra banda, The Limit, que, junto a otros nombres de la escena neoyorquina como Sonny Vincent, de The Testors, y otros como el guitarrista Dee Dammers, junto a la sección rítmica de Alex Farrar al bajo y Alex Schwers, miembro de los alemanes Slime, repasaban temas de sus discos como Caveman Logic. Haciendo especial hincapié en su última trabajo, Another Drop, editado un día antes y del que interpretaron temas como "Don't Say Try" o "Another Drop of Blood".

Con un sonido alejado de lo que nos tiene acostumbrados en Pentagram, el bueno de Bobby Liebling deja su impronta más hippy y psicodélica, sin olvidar la esencia de un buen rock y, sobre todo, con ese estilo a la hora de cantar que tanto le caracteriza.

Gran acierto lo de acercarnos a ver a esta banda, que nos dejó una grata sorpresa: buen hard rock sucio, rozando el garage, con esas pinceladas de psicodelia que, en algunos momentos, rozaban lo progresivo, dejándonos en una nube sonora y totalmente hipnotizados a los que, a última hora, presenciábamos tal suceso.

Sicodélic progressive rock podríamos definir el sonido de esta banda, que, sin duda, nos dejó el mejor final para una gran jornada como fue la del sábado.

Hay que ver cómo son las cosas. Empezábamos nuestro periplo con Megabosch y con ellos dábamos por terminada la fiesta, pero, de repente, el bueno de Bobby nos volvía a meter en la magia de Wacken. Y es que, sin duda, uno de los grandes atractivos de este festival son esas bandas y esos rincones que se encuentran alejados de los escenarios principales y en los que descubres auténticas joyas.

  
The Limit
 

Ya plenamente conscientes de que Wacken 2026 estaba llegando a su final, decidimos ir a tumbarnos, tomar algo y asimilar todo lo que habíamos vivido.

Tras un rato sentados y observando cómo, ante nosotros, la edición del Wacken 2026 se iba apagando poco a poco, decidimos abandonar definitivamente el recinto, con gran pesar por mi parte, que no quería que aquello acabara. Y es que esa sensación de que lo bueno se acaba y de que, en poco tiempo, estaríamos de vuelta en nuestra rutina diaria me embajonaba sobremanera.

Pero, una vez más, la sensatez de nuestro fiel amigo Xuxo nos puso de nuevo en la tierra y decidimos abandonar para siempre esta edición del Wacken. Atrás dejábamos las luces, la torre y ese logo gigante que indica que has llegado a la tierra sagrada; atrás quedaban también tantos y tantos buenos momentos, vivencias que ya formaban parte de nosotros y que, de una manera u otra, nos acompañarían de vuelta a casa..

Pero todo tiene que acabar y así, con esa sensación agridulce, pusimos fin al festival y emprendimos de nuevo el rumbo hacia nuestra casa-estación. Al llegar, nos tomamos unas cervezas, charlamos un rato y, sin apenas darnos cuenta, caímos sumidos en un sueño profundo.

El domingo fue un día raro. No había planning, no había nada que hacer, así que dormimos lo que no está escrito. Justo empezamos a levantarnos prácticamente a la hora de la comida, con lo que decidimos que, a esas horas, viajar a Hamburgo no iba a ser buena idea. Bueno, más bien lo decidió la mayoría. Yo, cabezón de mí, hubiera seguido la fiesta en Hamburgo, pero ya se sabe cómo es la democracia. A regañadientes tuve que aceptar la resolución, pensando en que algún día me alzaré y tomaré el poder, pero mientras tanto toca acatar.

Así que comimos hasta reventar y, por la tarde, bajamos a conocer el pueblo que, hasta ese momento, salvo el supermercado y la estación, no habíamos tenido la oportunidad de visitar.

  
Ambiente
 

Brokstedt es un municipio situado en el distrito de Steinburg, en el este de la provincia de Schleswig-Holstein. Cerca de la desembocadura del río Elba en el mar del Norte y al noroeste de la ciudad de Hamburgo, con una población de apenas 2.000 personas. Un pueblito pequeño que, al ser domingo, estaba prácticamente todo cerrado.

Nos dimos una vuelta y decidimos tomarnos unas cervezas en una cafetería-restaurante famosa del pueblo, Bürgerstuben, creo que se llamaba. Allí, sin darnos cuenta, se nos hizo la hora de cenar. Poco antes había vuelto de la tumba nuestro fotógrafo Jesús, que no perdonó su clásica siesta, uniéndose a Xuxo y a mí para la hora de la cena.

Nos metimos entre pecho y espalda algunos platos típicos de la zona, como la Krabbensuppe, una especie de consomé de marisco, y un Schnitzel,  filete de carne empanado típico ,de allí, acompañado de patatas ,ensalada y por supuesto, más cerveza, que para eso estábamos en Alemania.

Cuando decidimos ir dentro del local a pagar, sin darnos cuenta y tras liarnos con el gerente, acabamos tomándonos unos chupitos de un licor de la zona que todavía no sé qué ostias era aquello, pero que sabía como el aguardiente.

Tras unas rondas de chupitos, decidimos que al día siguiente había que madrugar y que tocaba recoger todo el chiringuito, hacer las maletas y dejarlo todo listo para el día siguiente. Ni que decir tiene que, cuando llegamos, menos mal que la mayoría del trabajo ya estaba hecho, alcanzamos la cama en tiempo récord, una cama que a mí, particularmente, me supo a gloria. Y es que ni el domingo perdonamos, jajajaja.

El lunes, más o menos a las cinco de la mañana, nos despertamos, desayunamos y pusimos rumbo a Hamburgo, donde Xuxo, ya liberado de presión y familiarizado con el coche, se soltó y experimentó esa sensación de conducir sin límite de velocidad por esas autovías alemanas, las famosas Autobahn. Vamos, que llegamos más rápido que un rayo.

Una vez en la delegación de Rent A Car, nos trasladaron al aeropuerto, donde, tras una espera y algún pequeño incidente con la maleta de Bert, perdón, Jesús, jiji, pusimos rumbo a Bilbao.

Y así, casi sin querer, terminaba nuestra aventura en Wacken 2026. Unos días de música, calor, cansancio, risas, carreras, sorpresas y, sobre todo, de vivir una vez más esa magia que solo se entiende cuando has pisado la tierra sagrada de Wacken

Volveremos

  
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