Una tarde en el teatro podría capitular la aventura que vivimos el pasado jueves 8 de octubre. La cita, en esta ocasión, nos reunía con el guitarrista, exmiembro de Pata Negra y Veneno, Raimundo Amador, que se presentaba en Bilbao amparado por la gira denominada “De Pata Negra a Raimundo Amador”. Según nos acercamos al recinto, pudimos comprobar el ambiente convulso que se vive en el país y con el que, sin quererlo, nos encontramos de bruces. Y es que, mientras unos se agolpaban en la entrada del Teatro Arriaga para presenciar la actuación del guitarrista flamenco, a escasos metros se concentraban cientos de personas en una acampada que llevaba ya varios días bajo el lema “Etxebizitza ez da negozioa / La vivienda no es un negocio”. Tema con el que nos solidarizamos y desde aquí brindo todo mi apoyo a las personas que amablemente se pararon a charlar un rato conmigo acerca de sus reivindicaciones y del momento tan delicado que se vive. Pero lo nuestro es la música y a eso habíamos venido. Sin duda, el marco que Raimundo Amador eligió para presentarse en Bilbao fue espectacular: el Teatro Arriaga, un elegante teatro de estilo victoriano que pocas veces suele cederse para eventos musicales y que, en esta ocasión, tuvimos la suerte de poder disfrutar. Con una atención exquisita por parte de los organizadores, nos acomodamos en nuestras butacas cuando, aproximadamente a las 19:30, comenzó el espectáculo. |
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Enseguida nos dimos cuenta de la sobriedad con la que el músico se presentaba, con su hijo Mundi a la batería, arropado por la cantante Ana Fernández y acompañado por sus músicos, que se encargaban de la guitarra y el bajo. Temas como “Pasa la vida”, de Pata Negra, en el que tuvo unas palabras para recordar a su hermano Rafael, fallecido recientemente, protagonizaron un inicio que no comenzó de la mejor manera en cuanto al sonido. Aunque desde nuestro palco se oía con cierta dificultad, por momentos las voces no se escuchaban con claridad. La cosa no fue mejorando en cuanto al sonido y temas como “Lunático” se hacían ininteligibles, mientras su cantante, Ana, se alternaba en las voces con el guitarrista, quien argumentó que él no era cantante, que la cantante era ella y que él solo contaba historias. “Hoy no tengo nadie” sonó un poco mejor, aunque el sonido no terminaba de arrancar. En el espectáculo del sevillano, como no podía ser de otra manera, también sonó el blues, ese sonido que tanto nos gusta y que fusionó a la perfección en aquella gira denominada “Noches de flamenco y blues”, llegando a compartir escenario con el mismísimo B. B. King. Con ello, poco a poco fue calentando al público y, por qué no decirlo, también a la banda y, sobre todo, al jefe, que hasta el momento se veía un poco flojo. La cosa se iba poniendo interesante cuando se atrevieron con una versión de “Smoke on the Water”, de Deep Purple. |
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Hay que reconocer a este hombre y a sus compañeros y hermanos de batallas esa combinación de flamenco, blues y rock que en su momento sirvió de influencia a muchas otras bandas. Ese mestizaje característico que solo unos pocos son capaces de adquirir y, mucho menos, representar. Ejemplo de ello fue el célebre “Pata Palo”, de Pata Negra, en el que, volviendo a recordar a su hermano, el público se divirtió y vitoreó al artista, que en todo momento agradeció a su querido Bilbao el respeto y la gratitud con los que siempre es recibido en la capital vizcaína. También hubo momentos para el reggae, como “Down on My Knees”, cantada por la muchacha. Y es que este hombre se atreve con todo. Sin duda, el espectáculo había cogido color y se notaba que el sonido había mejorado sustancialmente. Fue entonces cuando se arrancaron con “Hay que gustito pa’ mis orejas”, que fue recibida con grandes aplausos, al ser uno de los temas más reconocidos del artista. Otro de los grandes momentos llegó con la interpretación de “En el lago”, de Triana, ocasión en la que tuvo tiempo para contar anécdotas sobre la banda de Jesús de la Rosa y aquellos momentos en los que compartían juntos “cigarritos de la risa”. “El blues de los niños”, de Pata Negra, sirvió de puente para deleitarnos con otro momento de improvisación: la descarga de “Purple Rain”, que nos dejó momentos maravillosos a cargo de la guitarra de Raimundo y no tanto de la muchacha, que no estuvo muy fina con la voz, todo hay que decirlo. |
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También hubo recuerdos para Hendrix y, cómo no, se acordó de su mujer, Antonia, en “Hay que gustito pa’ mis orejas”. Con un público entregado, finalizó las dos horas de actuación con uno de sus temas más célebres, como no podía ser otro que “Bolleré”, que cantamos y bailamos, olvidándonos por completo de las estrictas normas de protocolo que suelen vincularse a los teatros. Con ese desmadre controlado finalizó el bolo del guitarrista sevillano, que, aunque con sus claroscuros, brilló y dejó satisfechas a las casi novecientas personas que acudieron al Teatro Arriaga de Bilbao. Sin duda, una noche gratificante que nos sirvió para despejarnos un poco de esos sonidos duros a los que estamos acostumbrados y que, de vez en cuando, viene bien cambiar de registro. Con todas esas sensaciones abandonamos el recinto, topándonos de nuevo con la realidad al ver a los acampados, que continuaban afuera con su lucha, a la intemperie y soportando el frío que ya empieza a hacerse notar en estas fechas en la capital vizcaína.. |
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