Deep Purple siguen la brecha salpicando con temas nuevos himnos inmortales. La banda británica liderada por el incombustible Ian Gillan volvió una vez a Madrid, una plaza que es casa para ellos y así se lo hicieron sentir a sus fieles. Y no vinieron solos, de la mano traían a unos chavales, Jayler, que bien podrían ser sus nietos y que están más que dispuestos para recoger el relevo generacional sin perder la esencia de los clásicos, un equilibrio entre etapas que tuvo respuesta sostenida del público. Son innumerables las veces que hemos podido disfrutar de los británicos Deep Puple en nuestro país y está claro, por la respuesta del público, que nunca es demasiado, y es que gira tras gira estos autentico colosos nos regalan su presencia como si no fuera algo realmente excepcional. Era el turno de cambiar de recinto, El movistar arena presentaba una grandísima entrada en su modalidad de The Ring, lo que viene siendo pista sin gradas. Todo el mundo vestido para la ocasión, camisetas clásicas desempolvadas y permiso de la parienta concedido para acudir de nuevo a la reunión de amigos de los de toda la vida. |
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La noche comenzó con Jayler, unos chavalitos de poco más de 21 años a los que un servidor tuvo ocasión de descubrir hace unos meses en Londres abriendo para Sammy Hagar. El grupo, aun con un corto recorrido, asumió la apertura del concierto con un repertorio propio, pero claramente apoyado en referencias del rock más clásico y sin perder en ningún momento la cara al show tirando de un descaro impropio de sus poco más de veinte años. Su propuesta, basada en guitarras setenteras, dejó una muy grata impresión en una audiencia de edad considerable que estaba viendo sobre el escenario una banda nueva que parecía traída directamente del pasado en un Delorian, algo que por otra parte también les puede jugar muy en su contra ya que, una cosa es tirar de reminiscencias pasadas y otra, querer parecerse en exceso a los padres de esto perdiendo en cierto modo identidad propia. Pero descaro desde luego que no les falta para nada, incluso se permitieron el lujo de lanzar un guiño a Black Sabbath. Por el momento, vamos a ver cómo evoluciona su propuesta y estaremos muy atentos a su evolución, está claro que tienen todo el tiempo del mundo por delante. |
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Deep Purple apareció en escena tras una breve introducción audiovisual muy ochentera, como lo fue todo su show, y apostando claramente por un legado sonoro que es absolutamente reconocible. La primera parte del concierto combino grandes clásicos del grupo con algunas composiciones más recientes mezclándolo todo en una fórmula que permitió comprobar que la banda no plantea su actual gira como un ejercicio exclusivamente retrospectivo si no que su set list avanza con fluidez y con una ejecución precisa y sostenida en una base rítmica magistral de enorme experiencia que hoy en día sirve de inspiración y espejo para muchísimas bandas actuales. Ya lo hemos comentado anteriormente, toda tenía ese sabor añejo a los años ochenta para muy bien…y para menos bien, y en esas están los, afortunadamente en desuso ya, solos por parte de todos los integrantes. Una práctica que es entendible tratándose de un grupo como Deep Purple en los que los descansos, sobre todo para la voz de Ian Gillan, son más que necesarios. Simon McBride asumió con naturalidad el protagonismo en la guitarra y confirmó, una vez más, su integración en el grupo con intervenciones solventes y bien medidas, aportando sangre nueva al sonido, pero a su vez respetando pulcramente cuando debía esos riffs míticos que sería un sacrilegio tan siquiera cambiarles una sola nota, eso es saber perfectamente estar. También el genio de Don Airey tuvo un enorme protagonismo y destaco muy relevantemente en varios momentos del concierto, tanto por su papel en los temas más conocidos como por sus pinceladas sonoras con huella propia. sin excesos visuales ni necesidad de apoyarse en artificios, para eso ya estaba la copa de vino de la que dio buena cuenta. |
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Aunque las canciones más nuevas encajaron sin fricción junto a títulos de amplio recorrido dentro del catálogo del grupo como no podía ser de otra forma, y más tratándose de una banda mítica, recibieron una muy distinta reacción sin ser para nada mala, y eso es algo que debe llenar de satisfacción a unos tipos que ya no tienen que demostrar absolutamente nada y que están haciendo discos nuevos únicamente por placer y propio y para regocijo de sus seguidores más fieles. Cuando encaramos la recta final del concierto, se concentraron con mayor claridad las piezas más esperadas por el respetable que respondió con especial intensidad en los momentos de mayor identificación colectiva, creo que no hace falta ni deciros que temas se llevaron la palma verdad, no son unos perfectos extraños ni tiene que arder el cielo a estas alturas. |
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Sin gestos grandilocuentes ni dependencia exclusiva de la nostalgia, Deep Purple ofreció en Madrid un concierto sólido, bien estructurado y suficiente para reafirmar su continuidad sobre los escenarios sin tener que dar ninguna explicación a nadie, aunque el bueno de Gillan, que, dicho sea de paso, me sorprendió muy gratamente en su estado vocal, nos lo quisiera confirmar, “tengo mas de ochenta años y esto ya no es por dinero”, algo más que evidente. No necesitan para nada estar metidos en carretera a estas alturas y alejados de sus familias un largo periodo de tiempo así que, mil gracias, señor Gillan y compañía por seguir teniendo esta tremenda deferencia hacia todos nosotros dejándonos disfrutar de su tremendo legado un tiempo más. |
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Setlist: 1.Highway Star |
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