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El Drogas
08/10/2019
Autor: Maire Morrigan
 
 
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El Drogas tiene nuevo trabajo y que trabajo, cinco álbumes bajo el nombre de “Solo quiero brujas en esta noche sin compañía”. Aprovechamos su visita promocional a Madrid para hablar con él, que nos contase detalles de este estupendo trabajo, de la música, de los directos, del videoclip “Pinturas de Guerra”…

La primera pregunta es demasiado obvia… Cuando empezaste a componer, ¿tenías ya en mente que iban a ser cinco álbumes y que los cinco timbres eran el “punto” que querías darle a las canciones? ¿O los temas te iban llevando hacia esa dirección a la hora de ir componiendo?

Estaba premeditado que fuese un trabajo amplio en cuanto a número de discos. Si no eran cinco, eran cuatro. Lo que pasa es que luego el último ha sido una especie de lo que yo llamo cajón desastre. Pero desastre, así, todo junto, porque las canciones, aunque están de manera cronológica, salían cuando a lo mejor estaba metido en un timbre concreto y estaba cansado, o cruzado, o bloqueado, y cogía, pillaba el piano o la acústica y con dos acordes o tres me hacía una especie de garabato.

Entonces esos garabatos han terminado siendo parte de lo que es el quinto disco. Ahí están las canciones que me han servido a mí de oxígeno en cada trabajo. Y los demás sí que estaba claro por qué quería ir haciendo este tipo de historias. Empiezo con el acústico, y el siguiente tenía que ser todo lo contrario en cuanto a ambientación musical. El tercero también diferente a los otros dos y el cuarto tenía que ser con un toque industrial que ya hacía tiempo que, bueno, desde La venganza de la abuela no había vuelto a hacer. Ahí estaban los cuatro discos concretos y luego ya el último que era eso, ¿no? Ese cajón de manzanas que son feas pero que cuando las muerden saben muy bien, y además todas tienen gusano. Una manzana sin gusano no es manzana ni es nada.

Ya hicisteis algo parecido en Demasiado tonto en la corteza (2013), donde experimentaste con diferentes ambientaciones. ¿Piensas que trabajar así es una buena forma de acercar a la gente a determinados estilos de música?

Es una buena forma de divertirse uno mismo y además de sentirse un intruso en todos los campos de ambientaciones musicales que a uno le dé por probar. También es sentirse un intruso en el propio manejo de los instrumentos. O sea, yo nunca he sido un instrumentista técnico en nada de lo que he utilizado y sin embargo no tengo ninguna vergüenza en coger y aporrear un piano, o rasgar una guitarra, sea acústica o sea eléctrica, o tocar el bajo y vivir de ello durante treinta años, ¿no? O cantar, que no tengo registros vocales que podamos decir “¡Hostia!” No soy unitónico.

Cuando me llaman para grabar con algún grupo me dicen: “¿En qué tono te viene bien la canción?” Es igual. Tú grábala y luego yo llego y echo ahí la voz porque va a quedar bien. Y no bien como perfecta, que parece que esta canción está hecha para ti. Hace que seas personal. Y eso es lo que les pasa a los cinco discos: la única historia que los une posiblemente sea el puñetero timbre de mi voz.

[Risas]

En la pre-escucha me llamó mucho la atención el Timbre Fundido, tanto a nivel temático como musicalmente hablando. Con respecto a lo primero, a la temática, lo has basado en el cuento “Fénix” de Julio Ramón Ribeyro, en sus personajes. ¿Qué fue lo que te atrajo del cuento para convertirlo en canción?

Primero me atrae él como escritor de cuentos. Me parece alucinante, es el que más me gusta. El descubrimiento ha sido hace poco, un par de años o así, y cuando doy con ese cuento había compuesto ya la canción de [canta] “El paraguas al revés cuando empieza a llover”, que es la canción del vendedor de crecepelo, del charlatán, y como idea siempre me ha gustado la historia circense. Entonces de repente doy con el cuento y, hostia, vi que me estaba dando una serie de claves de cómo tratar a los personajes y de cómo los podía interrelacionar.

Y cojo y me pongo manos a la obra, lo voy desarrollando a mi manera, pero me baso en ese cuento, y eso quería que quedase muy claro porque ahora me da la oportunidad de decir que si te ha gustado esa parte, te ha llamado la atención, te tienes que leer ese cuento para poder decir eso de: “Me gusta más el libro” [Risas] Y si además así alguien descubre a este escritor excelente por mi culpa, pues un placer.

La verdad es que el cuento tiene una arquitectura verbal muy concreta, ¿no? Aporta diferentes perspectivas que narran el espectáculo desde dentro con los monólogos de quienes trabajan en el circo y desde fuera con los de los militares que asisten al espectáculo. ¿Veremos reflejada esa complejidad también en el disco?

Bueno, él (Ribeyro) se expresa mucho mejor que yo y logra desarrollarlo de una manera más directa porque es bastante mejor escritor que yo. En tan corto espacio, porque un cuento es corto, hace un desarrollo y se ve reflejada la imagen de ese circo, de los que andaban de nómadas en los años 60: lugares escabrosos, sórdidos, la vivencia de ese tipo de artistas, de los que montan las ferias en los pueblos en este país. Y si ya te lo imaginas en Perú, pues la hostia. Además utiliza unas expresiones que… joder, yo lo leeré y releeré las veces que pueda porque tiene mucho de donde sacar.

Y no solo de ese cuento, hay un montón. Yo es que vi una antología por ocho euros y dices: ¿Cómo puede caber la vida, las historias de un autor en esto? Todo lo que ha hecho, y solo ocho euros. Y, buah, para mí es… Quiero ese libro un montón. Por cómo lo encontré y por lo que ha dado de sí para mí.

 
 

Y con respecto al rollo industrial que decidiste darle, ¿qué lo inspira?

¿La música?

Sí, el elegir ese sonido más oscuro, más transgresor, que tiene la música industrial.

Pues la vida en sí, las historias van pidiendo el sonido que tiene que surgir. Por ejemplo también utilizo un piano cuando habla la contorsionista, que además no lo toco yo, lo toca German San Martín, que es el pianista que venía con nosotros en la Rhythm & Blues Band. Él sí sabe tocar el piano. Y bueno, le da ese toque melancólico porque en la primera canción donde aparece la contorsionista termina como si fuese una caja de música.

No sé, ese punto sensual que se necesitaba se da con la ambientación musical al aparecer el piano y al sonar la voz de Selva (Barón), que la utiliza también de una manera determinada que no se parece en nada a la que usa en los coros en la última parte. He buscado también reflejar ese tipo de cosas. Cuando aparece el oso, el barro que meto parece que es un gruñido. La verdad que no sé cómo lo conseguí, porque a veces lo hago con la boca y otras veces con muchos efectos hasta que doy con lo que estoy buscando. A veces otras simplemente saco el móvil cuando vamos de viaje y el ruido del aire lo manipulo buscando mi propio barro para todas estas canciones, e intento que aparezca cuando aparece un personaje, y voy buscando dar forma con la música a la personalidad de dicho personaje.

Y bueno, unas veces se logra y otras no, a veces queda una chorrada  [Risas] Y aquí de nuevo lo he intentado. Por ejemplo con el forzudo el que comienza con el piano soy yo, con ese ruido tan naíf [canta] “Ahora me toca recibir”. Es un sonido naíf de alguien que ha sido boxeador, ha quedado tocado de todo eso y acaba trabajando de forzudo en un circo habiendo sido campeón de su comarca, un tío que usaba trajes caros, todos los puticlubs le abrían sus puertas para que se gastara ahí su dinero… Es muy simbólico de mucha gente, ¿no? Y voy mezclando. Cuando entra el ruido es cuando él piensa cómo trata a la contorsionista. Busco crear cierta… no sé tragedia, o sensualidad, depende.

Y no solo con los sonidos, también con la voz. He ido contando con diferentes voces: del oso hace el Brigi [Risas] Es que claro, ¿quién va a hacer de oso? Pues el Brigi. Para el payaso he contado con la voz del Flako; de enano está Mai Medina, de los Ciclonautas, que me encanta su voz rota. Y no sé, esto es un poco el porqué de esta historia. Tiene muchas más cosas que las simples canciones, y bueno, que yo las cuento para explicar cómo he hecho esto, pero tampoco es importante llegar a estas conclusiones [Risas] Aunque todo tiene su porqué.

 
 

Con todo esto a mí me pica mucho la curiosidad el tipo de espectáculo que podéis ofrecer ahora cuando comencéis la gira.

Este no se va a presentar en esta gira. Ni este ni el último. Presentamos los tres primeros porque si no hubiese sido imposible: son veinticinco canciones más quince que son alguna de la época de Barricada, otras de la de Txarrena, del triple de Demasiado tonto y así hasta llegar a cuarenta. La idea es luego a final de año y principios del 2021 hacer la misma gira de salas con los otros dos discos. Y el disco este industrial me da pie a que la estética del escenario me la plantee de otra manera, y también de recuperar algunas canciones de La venganza de la abuela, que ahí sí van a tener cabida. E incluso alguna así lenta del quinto disco puede cambiar y acabar tranquilamente con una ambientación industrial. Esta es mi idea, más adelante veremos qué es lo que marca la vida.

Se ha estrenado el videoclip de “Pinturas de guerra”, del Timbre oxidado, la parte más contestataria hasta donde sabemos. Me gusta mucho cómo se suceden las imágenes, algunas actuales y otras no tanto, pero todas con total vigencia, y cómo vosotros aparecéis con la cara pintada cuando habláis de “autodefensa es latir con uñas y dientes por ti”. ¿Os sentís de alguna forma con la responsabilidad de dar voz a quien no la tiene en estos tiempos de atropellos a nivel social?

No sé si eso o por lo menos el sentir que a pesar de formar parte de esta canallada que se llama Europa no estamos de acuerdo con lo que se está haciendo. De alguna manera también es culpa nuestra lo que está sucediendo, y habrá que empezar a repartir o tortazos, o patadas o las dos cosas a la vez. Y por otro lado hay cantidad de héroes anónimos, tanto mujeres como hombres, que son necesarios para que aprendamos a cómo llevar o hacer las cosas de otra manera. Entonces de toda esa gente tenemos que aprender.

Por ejemplo del feminismo, que me parece un movimiento muy interesante como antes me pareció el tema de la insumisión o de la okupación. No este rollo de las mafias comprando pisos o tal, sino lo que de verdad supone el okupar locales municipales, provinciales o lo que sea, limpiarlos y hacer de ello un centro cultural o contracultural, me es igual, donde a la vez pueda vivir gente. Para mí ante la necesidad cualquier tipo de actuación es lícita. Entonces lo que hablo del feminismo, que me parece un movimiento interesantísimo, sobre todo si echa la vista atrás y empieza a recuperar figuras como las feministas de la Segunda República que se movieron por este país, no hay que irse muy lejos.

Ver cómo discutieron Victoria Kent y Clara Campoamor con respecto al voto femenino, porque las dos eran feministas, pero una defendía que era mejor que no votasen y otra que sí. Me parece interesantísimo porque llevó más tarde a cuestiones como la legalización del aborto, del divorcio; la pena por adulterio en la mujer deja de existir. Y todo eso que sucedió en España en época de entreguerras parece que no existió, que en realidad vinieron aquí los republicanos, los rojos con rabo de demonio y cuernos y lo que hicieron fue empezaron a matar españoles, ¿no? Y la hostia. Cuando fueron los nacionales, que se definen como tal, los que fueron los golpistas y los que destruyeron una historia que era ilusionante para mucha gente.

Que no quiere decir que fuese el paraíso, pero para mucha gente era ilusionante. Lo mismo podría hablar del ecologismo: me parece interesante todo lo que se va planteando y además cuanto más radical sea el planteamiento, mejor. Y digo radical entendiéndolo como el término raíz. Tenemos que escuchar a la gente de culturas milenarias que aún vive como son las tribus del Amazonas, o tribus que viven en Sudamérica o tal, que cada día aparecen unos cuantos asesinados en diferentes países y son luchadores ecológicos que además defienden su forma de vida. O sea, nuestra forma de vida es la autodestrucción, está claro, y si queremos cambiar eso tenemos que escuchar a quienes llevan cientos de años viviendo de lo que nosotros ahora nos presentamos como salvadores.

 
 

A parte de esta parte contestataria dentro de tu música, de tus escritos, muchos de ellos y muchas de tus canciones narran historias. ¿Cuánto hay de ti en estos relatos?

De uno siempre hay mucho porque aunque no sea lo que a ti te ha pasado te lo han contado y lo has hecho tuyo. Un autor nunca tiene que decir cuáles son sus fuentes [Risas] A mí me gusta decir cuáles son mis fuentes cuando leo y tal, sobre todo por empujar un poco a la gente a que sienta el placer de leer y de escribir. No sé, me parece una acción auténticamente placentera y a la vez puede ser algo que anime a alguna persona.

Por ejemplo ahora mismo hay mucha poesía por las redes y tal, la peña se anima a escribir, a editar libros. También dentro de los que nos dedicamos a esto del rock, con Desacorde Ediciones. Y con otras editoriales, pero hablo de lo que conozco. En fin, que parece que lo lees y un poco te va entrando la envidia, te vas dando la chispa con otro, la necesidad. Está bien ese tipo de actitudes. Entonces si hay una historia que me gusta y tal, la hago mía. Unas veces aunque sea muy triste y otras por alegre, no me importa. Forma parte de mí porque he estado haciendo caso a lo que me han estado contando y a mi manera intento explicarlo. Cuando quiero que quede claro que estoy hablando de otra persona siempre habrá alguna frase que haga que el personal me pregunte.

Hay una canción, la última del Timbre Oxidado, de Europa, en la que hay un nombre. Al principio me lo inventé, pero cuando vi la historia de Samar Badawi, la mujer de Arabia Saudí a la que decapitaron por defender los derechos de las mujeres, puse ese nombre a la cría protagonista de la canción para que quien mire ese nombre, le salga por internet quién es. La canción no tiene mucho que ver con lo que ha sucedido, o sí, porque es algo que forma parte de la cobardía de Occidente por no terminar con este tipo de regímenes.

Por último, con los cinco discos de Solo quiero brujas en esta noche sin compañía, ¿dirías que has alcanzado todas tus metas musicalmente hablando, o crees el techo es todavía más alto?

No, no. Buah, musicalmente soy un desastre, me apetecería ahora seguir aprendiendo nociones sencillas para seguir tocando el piano. Ahí soy muy limitado, pero con la guitarra me pasa igual, me gustaría continuar de manera personal. A la hora de escribir, todavía me quedan muchos libros por leer, ya solo en mi casa. Me jode cuando hay más libros sin leer que leídos, me jode el copón [Risas] Y en esas estoy. Y a partir de ahí las historias que van a ir pasando a mi alrededor espero que me sigan levantando la antena, me hagan seguir aprendiendo en este camino que es la vida, e intentar reflejarlo bien escribiendo canciones o bien en otro tipo de escritos. Espero poder tener cuerda para estar siempre ojo avizor.

Me alegra oír eso. Es lo que esperaba que me respondieras.

[Risas]

Muchísimas gracias, Enrique.

Un placer. A gusto. A gusto, a gusto.

 
 
 
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