¿No te parece que hay una contradicción en muchos artistas entre la necesidad de expresar y el miedo a exponerse? ¿Está presente en ti esa contradicción?
Sí que lo está, pero a día de hoy está gobernada. No es como un pánico escénico. La verdad es que la perspectiva de que te puedan juzgar sobre temas que para ti pueden ser íntimos da un poco de miedo. Y realmente los artistas abrimos una ventana a nuestro mundo interior, aunque no necesariamente todas las canciones que escribamos tienen que ir sobre nuestra vida. En mi caso hay una mezcla entre experiencias personales y cosas que veo en el mundo exterior que me hacen reflexionar; incluso hay veces que creo personajes con tal de transmitir un mensaje o contar una historia. Pero la forma en la que la estás contando pasa por tu lente, y el hecho de que alguien pueda acercarse tanto a ti -porque se lo estás permitiendo, evidentemente- y que te juzgue (mal) asusta.
Hay una dualidad entre el hecho de ser una persona tímida y decidir que lo que a ti te gusta es componer, cantar y subirte a un escenario. De pequeña me pasaba que era tímida, pero cuando cantaba me sentía segura.
Con los años, no es que te dé igual lo que piensen, porque estás haciendo un trabajo que depende de la opinión de los demás, pero sí que sabes discernir entre las opiniones que aportan, sean positivas o negativas, y las que no.
¿Qué porcentaje de autobiográfico y qué porcentaje de ficción podríamos decir que tienen tus canciones?
Hay canciones que son muy autobiográficas y otras más ficticias. Diría que la proporción sería de 70/30. Aunque incluso cuando te inventas un personaje, lo estás haciendo desde tu propia lente, hay una parte de cómo piensas y de cómo sientes.
¿Cómo se vive el salto al vacío de dejar todo lo demás para centrarse exclusivamente en la música?
Yo lo viví en dos fases. La primera fue de miedo. Estaba llorando en el sofá. Me provocaba ansiedad. No por la posibilidad de fracaso en sí misma, sino porque saliese mal algo con lo que has soñado tantos años. Pensaba que cuando tuviera 80 años y pensase qué había hecho con mi vida, un “y si” me iba a doler más que un fracaso.
Era una reflexión que venía arrastrando desde hacía muchos años y llegó el momento en el que tenía que tomar la decisión. En ese momento sentí un vértigo muy bestia, pero al día siguiente de tomar la decisión me desperté ligera. El primer día en el que, después de haber dejado la oficina, fui consciente de que mi trabajo era hacer música, me desperté feliz y liberada. Luego vienen altibajos, pero me he mantenido firme y siempre ha terminado yendo todo a mejor.
En ese proceso ¿has tenido apoyo por parte de tu entorno cercano o han pensado que estabas loca?
He tenido apoyo. He tenido mucha suerte. Mi pareja es músico, es director de orquesta. Me daba mucha tranquilidad tener al lado a una persona que se dedica a esto. Y tanto mi familia como la suya me han apoyado mucho de manera incondicional. Al final, si vuelas acompañada, vuelas más segura.
¿Hay alguna anécdota de la gestación del disco que nos puedas contar?
“Huracán” fue la primera canción completa que escribí en español y salió de un ejercicio que estaba haciendo en casa con Rubén. Me propuso escribir una canción en una hora, saliera lo que saliera. Y salió bien. Escribí “Huracán” en una hora.
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